VIANEY ESQUINCA

04 de diciembre de 2016

ESTÁN VIENDO Y NO VEN…

El presidente Enrique Peña Nieto entra a su quinto año de gobierno flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones. Los escándalos en los que ha estado envuelta su administración han mermado su entusiasmo inicial y parece que anda arrastrando la cobija.

Y ¿cómo no? Si algo malo puede pasar, le pasa a su gobierno. No se preparó para afrontar a los huracanes Manuel e Ingrid y estos castigaron con rigor a Oaxaca y Guerrero, pero cuando se preparó para recibir al huracán más grande de la historia llamado Patricia, éste se desvaneció antes de tocar tierra. Invitó a los dos candidatos presidenciales de Estados Unidos, pero el único que aceptó, para su desgracia, fue Donald Trump. Organizó un encuentro con jóvenes a manera de informe de gobierno. Formato innovador, distinto. Lo único malo que podría haber ocurrido es que invitaran a jóvenes paleros y ¡fue exactamente lo que sucedió! Habla de renovación del PRI y da como ejemplos a tres exgobernadores ¡los cuales hoy están cuestionados y/o perseguidos por la justicia! Por fin tiene un encuentro internacional en donde puede codearse con los presidentes de Estados Unidos y Canadá y resulta que graban y difunden la parte en el que sus homólogos lo ignoran.

No da una, parece que, efectivamente, él no se levanta pensando cómo joder a México, sino que se levanta (junto con su gabinete) pensando cómo joderse a sí mismo.

¿Qué va a pasar con Enrique Peña Nieto cuando termine su sexenio? Es altamente probable que ni Yale o Harvard lo inviten a dirigir una de sus centros de estudios, como sí pasó con Ernesto Zedillo. Tampoco es probable que Angélica Rivera quiera ser Presidenta de México y él se convierta en su jefe de campaña, como sucede con Margarita Zavala y Felipe Calderón. Tal vez quiera emular a Vicente Fox y pretenda crear su Centro Peña en el Estado de México. El destino del actual Presidente no es claro.

¿Cuál será su legado? Hasta el momento lo único que puede presumir son las reformas. Éstas no deben minimizarse, no son poca cosa, pero tampoco le van a dar para pasar a la historia como él quisiera. No puede resignarse a ser recordado como el Presidente más “memerable” o el que inspiró más chistes, incluso por encima de Fox. Tampoco como el Ejecutivo que perdió en su mandato los estados bastiones del PRI o peor aún, el que le regresó a la oposición la Presidencia después de un sexenio.

Le quedan dos años. Seguramente habrá quien le diga que George Bush o François Hollande tenían una popularidad muy disminuida cuando ocurrieron el atentado del 11 de septiembre o los ataques yihadistas. El problema es que como están las cosas, si algo malo le pasara al país (y se toca madera) la culpa —con o sin responsabilidad— recaería sobre él.

Pero no es el único cuya administración cumple años. Miguel Ángel Mancera arranca este lunes su quinto año de gobierno. La aprobación de su gobierno también está por los suelos. Mancera es como ajonjolí de todos los moles, está en los mejores acontecimientos sociales, pero se ha alejado de las calles, no hace eventos masivos, no se codea con la gente, prefiere circunstancias controladas, no quiere despeinarse ni correr riesgos.

La inseguridad en la Ciudad de México es su talón de Aquiles. Según el funcionario capitalino, la percepción es la culpable de lo que siente la ciudadanía, pero esa percepción anda desatada asaltando el transporte público, los restaurantes y las vías rápidas.

Seguramente ambos gobernantes piensan que no hay quinto malo y tendrán la esperanza de que se enderece el barco. Un primer paso para lograr cambios estructurales y tratar de recuperar el rumbo, es hacer los cambios necesarios, iniciando por sus gabinetes.

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