Vivir en el Golfo

Por Rodolfo Herrera

Porque no representan ningún aporte a la transparencia ni a la democracia, los informes de gobierno deben desaparecer, porque ese gasto millonario en nada beneficia a los ciudadanos.

Mire usted, llegó diciembre y los gobernantes disponen de este mes para hacer un recuento de sus obras y dar a conocer cifras de cuánto y cómo se gastaron el millonario presupuesto, que se supone administran para el bien de sus gobernados.

La realidad es que ni una cosa ni otra se cumple, porque en cada municipio y en cada estado, los gobernantes ocupan ese millonario recurso para vanagloriarse a sí mismos anunciando obras y servicios que no hicieron.

¿Cómo puede usted  explicar que una ciudad que está llena de baches haya destinado tanto dinero para eso? ¿Por qué los gobernantes se adjudican impunemente programas y obras de participaciones federales que anuncian como suyas?

La realidad de las cosas es que los gobernantes ocupan ese espacio para informar lo que no hicieron y anunciar obras que no van a realizar, en cambio la mayor parte del dinero que ocupan en operaciones secretas no son de conocimiento público.

El día del informe los que menos se enteran de lo que realizó su gobierno son los ciudadanos, porque se trata de una fiesta fastuosa donde la austeridad no existe y el dispendio es rey.

Gobernantes, funcionarios y acompañantes disponen de ese día para lucir sus mejores galas, el recinto declarado para el informe dispone de decenas y cientos de personal operativo para atender invitados especiales y dar logística al evento.

Empresas destinadas al diseño e imagen reciben cantidades millonarias para adornar los recintos y dejar el lugar de primer nivel.

Cientos y miles de acarreados son llevados en transporte al través de movilizadores para llenar los recintos, porque de otra forma, solo irían ellos, sus amigos y las protestas que siempre se quedan fuera.

En el evento mismo, el gobernante aparece en un escenario digno de un rey, con cientos de lacayos a su servicio, miles de asistentes, una pequeña parte de invitados especiales y demasiados acarreados, dan la apariencia de que todo marcha bien en el gobierno.

Y por supuesto, todo ese enorme dispendio pagado con dinero de ustedes, de los obreros, de los trabajadores mexicanos al través de sus impuestos, para escuchar mentiras, mentiras y más mentiras.

Al final siempre hay un festejo tan especial como privado, donde los acarreados no son recibidos, donde el pueblo no llega, pero circulan los festines y las bebidas para los amigos del régimen, los allegados, los aduladores profesionales, los que hacen negocios con el gobernante.

El informe de labores es un oneroso gasto millonario del que disponen a placer y al final de cuentas ¿Qué le queda a los ciudadanos? ¿En qué se benefician de ese trato de rey que el propio gobernante se da con dinero ajeno?

Tanto vituperio, tanto derroche ante un pueblo empobrecido, tanta egolatría, para un funcionario incapaz, deshonesto, que llega al podio a mentir deliberadamente y a recibir el aplauso sin dar un solo resultado.

Si esos informes no tienen una auditoría seria, responsable, que certifique que lo que se está informando vaya acorde con la realidad, entonces no hay motivo para escuchar mentiras.

Por ello, lo mejor para los ciudadanos golpeados por la corrupción y el engaño, es que esas prácticas dolosas y amañadas deban desaparecer.

EL INFORME DEL SEÑOR DIPUTADO.

Este año, el 2016, los diputados federales de todos los partidos, del PRI, del PAN, del PRD y también de Morena, fueron tratados económicamente muy bien, recibieron todo lo que quisieron tan solo por levantar la mano contra los mexicanos, ellos, sin ningún remordimiento de conciencia, también participan de los informes de labores que por supuesto, tampoco pagan de su bolsa y el pueblo les pregunta ¿No pueden hacer nada por impedir el incremento de las gasolinas? ¿Por qué no regresan el dinero mal habido? De regresarlo, la ciudadanía les estaría agradecida.

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