Salvador García Soto

Serpientes y escaleras

Salvador García Soto / Serpientes y escaleras

17 de diciembre de 2016

 

A dos semanas de despedir un año más, en el balance obligado del periodo que termina, hay dos palabras que definirían muy bien este 2016: peligro y corrupción. Peligro, porque los mexicanos vivimos este año en la doble angustia: primero la de sentirnos cada vez más inseguros en nuestro propio territorio, ante la fallida estrategia de seguridad del gobierno federal que fue rebasada por una ola delincuencial y de violencia que azota a buena parte del país; y segundo porque también vivimos la amenaza externa que vino del norte, en la persona de un agresivo y racista Donald Trump que, aún hoy al cierre de este año y en vísperas del que viene, nos mantiene en la angustia y la incertidumbre por sus afectaciones y amenazas a la economía del país.

También este 2016 la angustia se volvió indignación, rabia y hartazgo ante los escándalos de corrupción que ensuciaron el ambiente político y social del país. Los saqueos presupuestales y el grotesco enriquecimiento ilegal de varios gobernadores estatales —lo mismo del PRI, que del PAN o el PRD— no sólo aumentaron el rechazo de la sociedad a una clase política descompuesta y corrupta, sino que además confirmaron que uno de los signos que marcarán este año, y todo el sexenio, es la corrupción normalizada, institucionalizada y generalizada. Corrupción que va desde el ejemplo puesto por el presidente Enrique Peña Nieto, con su ostentosa casa blanca de las Lomas y su inocultable conflicto de interés, hasta el atraco monumental cometido por Javier Duarte al pueblo de Veracruz, reproducido en diferentes escalas, pero con el mismo nivel de cinismo, por el panista Guillermo Padres en Sonora, el perredista Angel Aguirre en Guerrero o los también priístas bajo investigación César Duarte, de Chihuahua, y Roberto Borge de Quintana Roo.

72% de los mexicanos se sienten inseguros. La máxima que reza que percepción es realidad, se confirmó con los datos de la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, que arrojó que en el mes de septiembre pasado, un 71.9% de los mexicanos —7 de cada 10 habitantes— se sienten inseguros en las ciudades en las que viven. Fue el segundo porcentaje más alto registrado en esa medición oficial en lo que va del sexenio peñista, la primera fue de 72.4% y se registró en el mes de marzo de 2014.

El porcentaje ilustra muy bien la sensación que priva en la mayoría de los mexicanos: que el sexenio de Peña Nieto se volvió tanto o más inseguro y violento que el de Felipe Calderón, que era considerado el más violento y sanguinario de la historia, por sus más de 70 mil muertos reconocidos oficialmente. El número de homicidios violentos en lo que va del gobierno actual, alcanza ya 60 mil 538 asesinatos, según las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública hasta julio de 2016. Es decir, que en tan sólo 4 años, la administración de Peña alcanzó el 90% del total de homicidios que hubo en el gobierno calderonista, lo que hace totalmente previsible que para 2018, la violencia medida en asesinatos —en su mayoría impunes— superará con mucho la macabra cifra del calderonismo y colocará al actual sexenio como el más sanguinario y violento en la historia reciente del país.

La estrategia de seguridad de Peña no sólo ha fracasado en contener la violencia y frenar el avance del narcotráfico; también ha esparcido esa violencia a algunos estados del país que no la padecían en el gobierno de Calderón. Michoacán y su fallido operativo que sólo sirvió para cambiar de manos y fragmentar el millonario negocio de las drogas sintéticas, o Guerrero, con sus 43 normalistas desaparecidos en Iguala y la violencia y el caos que privan en ese estado, considerado el principal productor —junto con Sinaloa— de la amapola y la goma de opio que abastece el creciente consumo de la heroína en Estados Unidos, son los dos ejemplos más claros del rotundo fracaso del peñismo en uno de los rubros por los que muchos mexicanos lo votaron en las urnas: “devolver la paz y la tranquilidad a varias regiones del país”, tal y como el mismo Presidente lo prometió en su campaña. Pero no son los únicos. Tamaulipas, Colima, Chihuahua, Baja California, Baja California Sur, Tabasco, Guanajuato, Zacatecas, Veracruz, Durango, Jalisco, Sinaloa, Sonora… no hay estado que se salve de la violencia y el terror del narcotráfico que sigue asolando a la mayor parte de la República.

Así cerramos pues este 2016, el cuarto año del gobierno de Peña Nieto: entre el miedo, la indignación y la incertidumbre. Miedo por la inseguridad que no ha cesado en medio de una guerra al narco que ya suma mas de 10 años y casi 150 mil muertos en el país; indignación porque la corrupción, que nunca se fue del todo, volvió recargada y retorcida con el regreso del PRI a la Presidencia; e incertidumbre porque estamos en la víspera de un cambio radical en nuestra relación con Estados Unidos que amenaza no sólo a la economía, sino a la estabilidad misma del país ante el riesgo de agravamiento de la situación de pobreza, desempleo y escaso crecimiento económico que han marcado este sexenio.

El hijastro incómodo. En la historia del país y de los estados ha habido muchos “hijos incómodos”. Desde el poder de José Ramón López Portillo “el orgullo de mi nepotismo”, los escándalos de un hijo de Miguel de la Madrid, los excesos de Ernesto Zedillo junior, el enriquecimiento sorprendente por los negocios de los hijos de Martha Sahagún o la vida de lujos que se dan las hijas del actual Presidente, hay cientos de anécdotas e historias que documentan cómo los “hijos del poder” incurren en toda clase de conductas reprobables, desfiguros y hasta actos de corrupción.

Pero ese nepotismo no sólo se da en la Presidencia; también en los estados del país, los gobernadores suelen hacer gala de un poder tan desbordado que alcanza incluso a sus vástagos, que se convierten en muchos casos en los pequeños virreyes que hacen y deshacen a placer en las entidades.

Un caso actual y vigente es el de Rodrigo Gayosso, el hijastro del Gobernador Graco Ramírez y presidente del PRD en Morelos, de quien en el estado se dice que es el verdadero poder tras el trono en el gobierno morelense.

Empresario metido a la política por decisión de su padrastro, Gayosso no deja los negocios, al contrario, aprovecha su posición de cercanía e influencia con el gobernador para hacer ganar mucho más dinero a sus empresas. Se tiene información que tan sólo de ISR paga más de 800 mil pesos, a pesar de que muchas de sus inversiones y negocios recientes no resisten el mínimo análisis de legalidad por los conflictos de interés en que caen, a pesar de que esa es una de las principales banderas y exigencias del PRD en el combate a la corrupción.

Rodrigo no sólo se confronta abiertamente con el alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco, sino con muchos otros presidentes municipales morelenses a los que les ha exigido “negocios” y “cuotas” de obra pública para sus amigos constructores y sus empresas.

Por si esos señalamientos que hacen en los corrillos políticos del estado no bastaran, el hijo político del gobernador de Morelos se ha vuelto también un personaje intimidante y prepotente. Recientemente el periodista de origen español, avecindado en Morelos, Juan José Arrese, quien conduce el noticiero radiofónico El Choro Matutino en la radio local de Cuernavaca, denunció haber recibido amenazas y acoso por parte de Rodrigo Gayosso, a raíz de que lo criticó en su programa de radio.

El mismo periodista difundió y compartió la grabación de una llamada telefónica que le realizó el secretario de Gobierno de Morelos, Jorge Meade, quien le advirtió que “Rodrigo está muy encabronado y que le había pedido que le dijera a ese hijo de su puta madre que si me sigue criticando le voy a partir su madre”.

Arrese grabó un video, que difundió a través de las redes sociales, en el que dice sentirse atemorizado ante las amenazas del dirigente estatal del PRD “me iba a matar, que me iba a madrear y que si no dejaba de hacer comentarios en el radio que me iba a poner una madriza, que iba a por mí familia… tengo miedo por mis hijos por mi familia. No sé que hacer, necesito que me ayuden, que me protejan o que protejan a mi familia, porque es muy poderoso este Rodrigo Gayosso y realmente le tengo mucho miedo. Sólo porque hago comentarios en el radio diciendo que a Cuauhtémoc Blanco lo eligió el pueblo, y eso no lo soporta”, dice el periodista radiofónico.

¿Qué tanto poder le ha dado Graco Ramírez a su hijastro que no sólo influye en su gobierno y según denuncian políticos y empresarios del estado, hace “todos los negocios al amparo del gobernador”, sino que además ahora se da el lujo de intimidar y amenazar a periodistas?

Notas indiscretas… Humberto Moreira estalló ayer en una carta pública contra el PRI y contra su hermano el gobernador, Rubén Moreira, al que acusa de “vetarlo” para que no pueda ser candidato a diputado local por el priísmo. El ex gobernador y ex dirigente del PRI habla de una “dolorosa traición” tanto de su partido, al que dice haberle dado sólo triunfos, como de su propio hermano, a quien acusa de impedir que sea candidato, de acusarlo injustamente por un endeudamiento “que en realidad fue inversión”, y de apropiarse de la estructura política que él creó y que ahora el gobernador presume como suya. ¿Qué va a hacer Moreira al sentirse traicionado? ¿Ahondará la fractura que ya vive el PRI de Coahuila con la reciente renuncia del diputado Javier Guerrero? En todo caso, no son buenas noticias para el priísmo rumbo a las elecciones de gobernador de 2017… Los dados cierran el año con Serpiente. Por vacaciones, inmerecidas pero necesarias, se guardan en el cajón y volverán a girar hasta el próximo 9 de enero. Hasta entonces desean a los amables lectores dicha y felicidad en estas fiestas y que el próximo año haya salud y trabajo, que lo demás viene solo. Felices fiestas.

Fuente: eluniversal.com.mx