Juan Bustillos

Sólo para iniciados

06 de enero de 2017

 

Si bien es cierto que se jugaría la candidatura presidencial del PRI, también lo es que si se comporta como marca el librito, le ayudaría a ganarla

Una de las obligaciones del Secretario de Gobernación es mantener la seguridad interior, y lo es mayor ahora que sabemos que no es del agrado del Ejército dedicarse a estas tareas, por más que, en el discurso, el general Salvador Cienfuegos se plegue a las órdenes de su Comandante Supremo.

Haciendo de lado al crimen organizado, que, hasta los últimos días, parecía el único riesgo para la seguridad interior, ahora aparecieron, como surgidos de la nada, grupúsculos de vándalos y delincuentes, algunos de ellos policías oportunistas, dedicados a saquear comercios establecidos, en especial los que venden aparatos electrodomésticos.

Todo, con la excusa de su encabronamiento porque al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, se le ocurrió eliminar el subsidio a la gasolina para que no sea el erario público el que sostenga el consumo de combustible de las clases sociales con mayor capacidad de gasto.

La cuestión es que a todas luces no se trata de una manifestación espontánea del mal humor social del que no hace mucho hablaba el Presidente, ni de un país en llamas, como nos presentan algunos corresponsales extranjeros expertos en el tremendismo, sino de una estrategia hábilmente puesta en práctica para desestabilizar y crear las condiciones adecuadas para convencer a quien lo permita que necesitamos un giro hacia Venezuela, por ejemplo.

Ya dijo una voz no peñista, Hiram Almeida, jefe de la policía de Miguel Mancera, que 1,500 de las publicaciones en las redes sociales para sembrar caos son falsas y que 300, con origen pronto identificado, son las que están armando la “robolución”, como Roberto Cruz bautizó al fenómeno antes de tomarse sus vacaciones, y que 11 de las grabaciones narrando situaciones dramáticas son fingidas.

No obstante, no será con llamados a la cordura ni con promesas a los gobernadores del pronto auxilio de la Policía Federal como se controlará la trasmutación del mal humor social en violencia artificial; el diálogo debe dar paso a la mano firme porque, contra lo que digan los oradores de plazuela, pregoneros hipócritas del amor y el perdón, los saqueadores de comercios no son, en primera y última instancia, luchadores sociales, sino simples delincuentes del fuero común a los que la policía está obligada a presentar ante el Ministerio Público, como ya ocurrió en el Estado de México, por ejemplo.

No se entienda esto como un llamado a la represión en repuesta a la provocación, ni a la instauración de un sistema fascista, pero lo que hemos visto en los últimos días, por más que la conjetura no guste a los anónimos mienta madres de las redes sociales que ayer reaccionaron como legión ante el “Sólo Para Iniciados”, es el actuar de grupos manejados desde la oscuridad para ofrecer al mundo la falsa imagen de un país al borde del estallamiento social en respuesta a decisiones económicas gubernamentales.

La realidad no tiene los tintes del dramatismo que las redes sociales difunden, pero no es aconsejable que el gobierno deje pasar u ofrecer una respuesta tardía a este fenómeno, como ha ocurrido con tantos otros (el de Iguala de septiembre de 2014, por ejemplo), porque de lo contrario, tomada la medida a la autoridad, lo que vendrá es previsible.

Si Gobernación no endurece su respuesta, obligando a los gobernadores a seguirle los pasos, lo visto con pretexto del “gasolinazo” será un juego de niños comparado con lo que vendrá a mediados de este y del próximo año.

Y esto incluye una respuesta seria, severa, a los obispos católicos, que, en el colmo del oportunismo, ayer hicieron proselitismo entre los justamente indignados por el incremento en el precio del combustible.

Si hubiese congruencia se antojaría normal el anuncio de una reforma al 130 constitucional en sentido contrario a la apertura de Carlos Salinas, pero se trata de una utopía, dada la apresurada marcha atrás con que el gobierno reaccionó a la intromisión clerical en las pasadas elecciones con el pretexto de la iniciativa del Presidente Peña a favor de los matrimonios igualitarios.

Cierto es que en este contexto, si enfrenta el problema como se espera del responsable de la política y seguridad interior, Osorio Chong se juega la candidatura presidencial del PRI, pero también lo es que si se comporta como marca el librito, le ayudaría a ganarla.

Hace tiempo que amplios sectores del país claman por la mano firme. Los comerciantes, por ejemplo, ya piden la solución más peligrosa, que el Ejército sea quien cuide sus negocios, cuando el asunto se reduce a policías que, por cierto, no se sumen a los atracos.

Pero más allá de esto, lo cierto es que el país ya está como para hornear bollos, es decir, como lo quiere quien pretende cambiar a la mafia del poder sin violencia, aunque los hechos dejen al descubierto que en realidad quiere hacerlo mediante el terror o, por lo menos, que esa es la consigna recibida por quienes actúan en su nombre.

Es decir, con acciones que desde ningún punto de vista tienen que ver con el “gasolinazo” ni con el “mal humor social”, sino con una bien planeada y ejecutada estrategia para hacer creer al mundo y a nosotros mismos que el país está a punto de una revolución, cuya contención sólo es posible a golpes de policía y, si ésta es superada, por la acción de las fuerzas militares.

Es el momento de que Osorio Chong use la mano firme no sólo con quienes aprovechan el momento, sino con los gobernadores que se hacen occisos y los que, en el colmo del populismo, también se dicen indignados, como Aristóteles Sandoval y Manuel Velasco.

La difícil prueba de Osorio Chong