Números Rojos

Brenda Caballero

Y los Reyes Magos no me dejaron nada. ¿Acaso me porté mal? No lo creo. ¿O sí?

A pesar de mi búsqueda acuciosa bajo el árbol navideño, no había nada.

El marido asegura que me dejaron un muñecote. Enseguida busqué mi Iron-man… ¡y nada!

¿Bloquearían los manifestantes también el camino que lleva a Belén? ¿Saquearían la tienda donde se surtían los magos de Oriente? Podría decir que es el gasolinazo, pero el camello, el elefante y el caballo no usan gasolina. ¿Luego entonces? ¿Por qué no me trajeron nada?

Aunque fue información que también circuló en redes sociales, nadie se creyó el bloqueo a Belén o que los Reyes llegaron después de los saqueos. ¿Y por qué otra información que circula igual de absurda, sí la creen?

En mi anterior opinión escribía que no debemos compartir cualquier cosa porque muchas veces sólo generamos caos, incertidumbre y miedo, pero he llegado a la conclusión de que a la gente le gusta compartir cosas inverosímiles, muchas veces sin razón y hasta por morbo. ¡Quieren ver sangre! pero desde sus casas: ¡Ya empezó el saqueo en el mercado! ¡La cosa se está poniendo difícil, no salgan! En realidad es psicología inversa… esperan que salgan, que saqueen negocios, que haya heridos y hasta muertos, para tener algo que contar, para tener la foto que compartir a través de sus celulares. Algo similar a ver una corrida de toros desde la barrera. ¡Pero que no salte a mi butaca como el Toro Pajarito! Porque entonces sí hasta me voy a la Comisión de Derechos Humanos y denuncio al toro por haberme atacado.

Ya decía Atticus Licona, que hasta lo tacharon de ser “ocultador profesional de la información”, cuando trató de explicar a varias personas de que muchos mensajes que circulan, no son reales.

¡Aaaah! pero las masas ¿Quién puede con esas masas de doble moral?

Reconozco, no es el día de Reyes que esperaba, y no porque no me trajeran nada los Reyes, sino porque ese día, hace años atrás, se desarrollaba en completa tranquilidad, donde los niños salían a los parques a jugar con sus juguetes que les habían traído los Reyes Magos.

Hoy vivimos sucesos diferentes y hasta los pequeños me dejan de a 6, cuando unas niñas me dicen: “¡Es un cigoto! ¡Un neonato!” ¡Mi madreee! ¿Un quéee? Es una “Ksi-merita”, me dice con su cara sonriente e inocente. Se refiere a una muñeca, más bien un bebé, el que al parecer nació antes de los nueve meses, pues aún se mantiene en una incubadora con un tubo que lo alimenta y un biberón especial. Ese muñeco es lo de hoy, el agotado, el mismo donde los Reyes Magos pasaron horas formados para poder adquirirlo.

Mi sobrino a su vez pidió un Lego, y en cuestión de unas horas lo armó. Él apenas tiene 4 años y construyó uno para niños de 8 a 14.

¡Vaya! ahora los pequeños evolucionan y aprenden más rápido. Pero algo pasa, y no me refiero al malestar contra nuestros gobernantes por sus políticas generadas en sus gobiernos que afectan principalmente nuestra economía, y por lo cual somos libres de manifestarnos, siempre y cuando no afectemos a terceros, sino que esa inteligencia que muestran los niños de hoy, dista mucho de la que ejercen algunos adultos en aras de “manifestarse” con vandalizaciones por el aumento de la gasolina, pues ahora, usted hasta puede ampararse contra el gasolinazo, argumentando violación de derechos fundamentales por omisiones constitucionales. Así lo hizo el abogado José Oscar Valdés y su amparo fue admitido el pasado jueves por el Poder Judicial de la Federación.

Aunque parece que en lugar de usar las leyes, preferimos ver sangre. Pareciera un proceso de involución, aunque muchos dirán que los mexicanos estamos abriendo los ojos.

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