Porque lo digo yo›

Por Ana García-Siñeriz

Entre pan y chocolate y bocata de tulipán con chorizo llegan los 20. Un momento dorado que desemboca en los treinta, casi sin darte tiempo ni a enterarte de qué ha pasado

17 ENE 2017 – 17:00 CST

Hay una época en la vida (feliz y despreocupada) en la que el tiempo corre muy despacio. Uno crece sin un horizonte temporal claro, rodeado de abuelos y abuelas, profesores que peinan canas, ministros de cabezas despejadas – por lo de poco pelo – e incluso actores que algún día debieron ser jóvenes pero, ¿quién se acuerda de eso? Son, esencialmente, viejos. Los niños –que son muy filósofos – llegan muy rápidamente a dos conclusiones: que los viejos son los otros, y que siempre serán los otros. El tiempo se encargará de destrozar a las dos. Y al final, a los tres.

Entre pan y chocolate y bocata de tulipán con chorizo – manjares– llegan los 20. Un momento dorado que desemboca en los treinta, casi sin darte tiempo ni a enterarte de qué ha pasado. Entonces es cuando el tiempo entra en aceleración. Y no digamos entre los treinta y los cuarenta. Literalmente, a correr. Y un día, te das cuenta de que un ministro, o un presidente de gobierno – uno de esos que antes te parecían viejos, muy viejos –es más joven que tú. Y que Robert Redford tiene 80, y que David Bowie se muere, y no en un accidente en un Porsche.

 

Cuando cumplió los 70, Jane Birkin dijo a la revista W que antes de cumplir los 40 estaba muy preocupada, pero que luego llegaron los 50, y después los 60, hasta que le cayeron los 70 – ¡Jane Birkin, setenta años!– y se dijo, “vamos a darles una oportunidad”. Este año les caerá medio siglo a Julia Roberts, Pamela Anderson y Nicole Kidman. Chicas, no os preocupéis: estáis divinas. Y la otra opción es mucho peor.

Fuente: EL PAIS