Las Águilas retoman el vuelo con un triunfo por 2-0 sobre una Máquina cementera que sigue dejando ir partidos por su falta de gol

CIUDAD DE MÉXICO.

Otra vez Oribe Peralta. Como en los últimos cinco partidos ante Cruz Azul, El Cepillo apareció, aprovechó dos jugadas y definió el triunfo del América en el Clásico Joven. El verdugo contra su mejor víctima, en un partido intenso, de mucha presión y con tribunas llenas en el Estadio Azteca.

Después de varios intentos, Oribe resolvió las cosas en un tiro de esquina, con un cabezazo débil, pero bien colocado (25′). En la jugada, el paraguayo Bruno Valdéz le abrió el espacio con un empujón sobre Chaco Giménez, quien terminó chocando con Julián Velázquez, el defensa que lo marcaba. Corona quedó en medio, descolocado, sin poder hacer nada después del remate.

Hasta entonces, más de 360 minutos sin marcar gol tenía el capitán americanista. Pero en frente estaba La Máquina, su cliente preferido, al que le ha marcado 12 veces desde su debut profesional en el 2004; las últimas seis de forma consecutiva, en partidos como éste.

Al margen de las individualidades, el dominio estuvo repartido por ambos lados en el desarrollo del juego: en principio, el América tuvo para adelantarse con un par de disparos de Michael Arroyo y Silvio Romero, pero Corona estuvo atento en el rechace. Luego, el conjunto celeste lo intentó por medio de Jorge Benítez y Ángel Mena, sin poder superar los achiques del argentino Agustín Marchesín, que mostró un gran nivel en el arco.

La más clara la tuvo Benítez antes del descanso, después de un rebote en el área chica que pateó desviado, sin defensas cerca. De ahí en más, el partido bajó el ritmo. La Máquina se quedó cerca del empate tras un mano a mano de Mena con Marchesín, en el que el ecuatoriano terminó abanicando.

Con el partido cuesta arriba, el descontrol vino en la zaga celeste. Y así, en medio del desorden, siguió la expulsión del chileno Enzo Roco por doble tarjeta amarilla.

Entonces, el cuadro dirigido por Paco Jémez no tuvo más que arriesgar. Presionó, buscó las bandas, pero se encontró de nuevo con Oribe Peralta, quien finiquitó todo con un contragolpe (82)’. Dos golpes letales del capitán americanista, frente a un equipo con sangre, pero sin gol.