Ricardo Alemán

Itinerario político

02 de marzo de 2017

Para nadie es nuevo que la candidatura a un puesto de elección popular —por un partido opositor— es la oportunidad de oro para “mentar madres”, “despotricar”, descalificar e insultar a los gobiernos en turno.

Dicho de otro modo, que la postura más cómoda en la política es la de candidato opositor, ya que se puede culpar de todo al gobierno en turno, en tanto la parte contraria —la de ser gobernante— significa un severo desgaste que va desde las dificultades propias de los problemas, hasta la incapacidad para resolverlos.

Lo curioso es que cuando los gritones candidatos opositores —que prometen resolver todo— se convierten en gobernantes, resultan iguales o peores que aquellos a los que sustituyeron.

Y un caso emblema de esa incongruencia la vimos en días recientes cuando el titular de Gobernación, Miguel Osorio, respondió a López Obrador que cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México, la capital del país vivió el peor nivel de violencia e inseguridad, al grado que la sociedad organizó la mayor marcha de protesta por esa inseguridad. Osorio recordó esa historia porque AMLO acusó al gobierno federal de no resolver la violencia y la inseguridad.

Pero los casos recientes resultan aún más emblemáticos.

Gobernadores de PRI, PAN e independientes —que ganaron sus respectivas elecciones a mandatarios de otros partidos en 2016— hoy gobiernan peor que aquellos a los que cuestionaron, satanizaron y hasta echaron del poder.

El caso más penoso es Veracruz, en donde el ex priista y hoy panista Miguel Ángel Yunes llegó al gobierno con un discurso que satanizó a su antecesor, Javier Duarte, a quien acusó de ratero e inútil, por decir lo menos.

Sin embargo, hoy Veracruz vive un nivel de violencia mayor al de los últimos años de la gestión de Javier Duarte. ¿Y cuál ha sido la respuesta del gobernador Yunes?

Es penosa, ya que montó un insultante circo mediático en torno a Javier Duarte, mientras la violencia y el crimen se han incrementado a niveles de escándalo. Más aún, el gobierno federal debió enviar fuerzas federales, mientras que en Boca del Río se repitió el tiradero de muertos que ya se había vivido al inicio de la gestión de Duarte. Yunes solo atinó a decir que son las bandas criminales.

El de Chihuahua es otro caso. El entonces candidato Javier Corral se regodeó durante meses en una campaña que demolió a César Duarte, a quien responsabilizó de los altísimos niveles de violencia, inseguridad, crimen y desfalco estatal. Hoy Chihuahua es gobernada por Javier Corral y la violencia no es menor que en los peores momentos de su antecesor.

Todos los días aparecen muertos y escándalos vinculados a la violencia, la inseguridad y el crimen. Apenas el pasado domingo el vicerrector de una prestigiada universidad privada fue asesinado a balazos cuando salía de un acto religioso. Corral resultó otro candidato gritón y gobernador inútil.

En Nuevo León ganó el independiente Jaime Rodríguez, motejado como El Bronco. Llegó al poder gracias a un discurso incendiario contra los gobiernos de partido y contra los medios, en especial contra la prensa. Hoy Nuevo León vive una nueva crisis de violencia e inseguridad en medio del más bajo nivel de popularidad de El Bronco, quien colocó a decenas de parientes en la administración y debió despedir a colaboradores por distintas irregularidades. Y, de pilón, ayer El Bronco debió pedir ayuda al gobierno de Peña Nieto, en medio de una grosera campaña presidencial.

Pero el estado en donde los escándalos parecen mayores es Sinaloa, en donde el gobernador priista Quirino Ordaz Coppel parece que no existe. Hoy Sinaloa es escenario de matanzas, masacres, extorsiones y parece que no hay autoridad capaz de reaccionar. Sinaloa es un estado en donde no gobierna el PRI, sino las bandas criminales.

Más aún, a los rentables negocios de la horticultura y el cultivo de camarón en Sinaloa los atrapó el crimen organizado. Y es que las bandas criminales ya no secuestran personas. En Sinaloa secuestran empresas, campos de cultivo, y si no les pagan lo que piden, sabotean las empresas.

En todos los casos, los gobiernos estatales mencionados han tenido que pedir ayuda del gobierno federal, porque no pueden con el paquete de la inseguridad y la violencia. Y en algunos casos no pueden siquiera con la administración elemental del gobierno.

Pero cuando esos gobernadores eran candidatos opositores no se cansaban de acusar a sus antecesores de inútiles y rateros.

¿Hasta cuándo pondrán un alto al engaño los ciudadanos?

Al tiempo.

Fuente: milenio.com/firmas/ricardo_aleman/