Por Isael Petronio Cantú Nájera

El PRD está en la encrucijada de su vida: o impulsa un triunfo de las izquierdas o termina ayudando a ganar a las derechas la presidencia de la República en el 2018.
Está claro que a lo largo de más de treinta años, toda una generación de gobiernos neoliberales, los resultados políticos, económicos y sociales son desastrosos para el país, pues lejos de construir un gobierno bueno, campea la corrupción, la pobreza, el desempleo, la desigualdad, la inseguridad y el dramático deterioro del Estado y sus instituciones… a punto está de que todo se lo cargue la ¡Chingada!
Las opciones se van reduciendo a dos: más de lo mismo (gobiernos neoliberales y sus corifeos) o un nuevo gobierno social, democrático y de nuevo derecho. Como si de un referéndum se tratara, de un sí o de un no, las elecciones del 2018 amenazan con partir al país en dos: derechas e izquierdas, donde todos los demás actores se ven obligados a tomar posición en una de las filas… una verdadera encrucijada que no tiene más que dos opciones, no más.
Se pueden agregar más opciones, claro, en el mercado de la política todo se vale: paleros, ciudadanos independientes, izquierdas de las izquierdas, derechas de las derechas, centros, gatos, brozos, desnudistas y todo el chacoteo que desde el poder mismo se monta como “caja china” para distraer al pueblo bobalicón y quedarse con el premio gordo: el control del Estado.
Afortunadamente, el pueblo bobalicón ha ido tomando consciencia y cada vez más ciudadanizado exige rendición de cuentas, transparencia, castigo a los corruptos y eficiencia y eficacia en la implementación de políticas públicas de contenido social, realmente social.
A esa nueva ciudadanía, entre generaciones “X”, “Ninis”, “Millenials”, “Postverdad” y “Trumpistas”, la información volátil de la red solamente los ancla, si el discurso es también dicotómico: institucional o antiinstitucional; a favor o en contra del actual sistema… a veces no se sabe con certeza la salida y el rumbo de lo antisistémico, pero salir de él es como salir del pantano en el que nos han metido los neoliberales y por eso, el escenario electoral se está diseñando en un referéndum sobre el sistema.
El campo ya está dividido y curiosamente la gran mayoría quiere estar en el centro, es decir, viviendo de las canonjías que da el actual régimen, teniendo como gran administrador al PRI, hacia él, gravitan el PAN, el PRD y varios independientes que esperan ser apoyados por sectores de esos partidos… Dentro de cada partido, también el campo se divide: perredistas de izquierda y de derecha; panistas de centro y de derecha, etcétera. Las razones de estas divisiones está en proporción directa de las ambiciones personales de cada quien e inversamente proporcional a los programas de cada partido. No en balde, los partidos son vistos como una de las instituciones más corruptas del sistema político nacional.
El partido más rasgado por esa encrucijada es sin duda el PRD, quien a lo largo de más de 70 años, como heredero de las luchas de la izquierda socialista, siempre cuesta arriba, construyó fuerzas unitarias respetando la diversidad con el fin de que algún día, pudiese triunfar e instaurar un nuevo Estado Social, Democrático y de Derecho… sus contradicciones internas se fueron resolviendo a favor de una línea pragmática y colaboracionista al régimen neoliberal; ello trajo como consecuencia la colonización de sus estructuras al grado de llegar a un grado de corrupción y lumpenización que amenaza con desaparecerlo del escenario político nacional. Quienes lo dirigen formal y realmente, están obligados a tomar una decisión trascendental: o contribuyen a que las izquierdas ganen o que las derechas sigan gobernando el país.
Los pleitos por el poder, casi siempre son de orden ético-político, los grupos se forman en torno a una idea más bondadosa que la que existe en un momento dado bajo determinados administradores del Estado, ¡Claro que hay golpes de Estado y revoluciones! Pero no son la mayoría, lo común es la lucha política y la creación de mayorías y una nueva hegemonía sociológica; así, en el PRD, sus contradicciones se han ido resolviendo en la construcción de corrientes (muy corrientes a veces) y de nuevos partidos: MORENA y el liderazgo de AMLO es el resultado de esa lucha ética-política, que seguramente también y en su momento la sufrirán ellos; pero el caso es, que frente a la encrucijada nacional, el declive electoral del PRD y el ascenso de MORENA ha sido el trasvase de una militancia, de unos votos, de unas simpatías del primero al segundo; no así, entre los personeros de ambos partidos: esos, se odian a muerte porque tienen claro que pelean por el mismo pastel, obviamente con sus matices y sus códigos éticos; así las cosas, la “gente”, los “ciudadanos” ven con mejor simpatía a MORENA que al PRD, a AMLO que a Barrales o Mancera u otro candidato del PRD, porque asocian a éstos últimos más “institucionales” más progobiernistas que a los de MORENA, y asumen que votar por ellos “no” acabará con el “pinche régimen de mierda”… pero no todo tiene ganado esa izquierda social; los de la derecha no son idiotas, son corruptos pero no idiotas y jugarán con toda su sapiencia para que ese ciudadano dude, y temeroso del cambio, decida votar por la “paz y seguridad del sistema”, algo así como: más vale malo por conocido que bueno por conocer o más mediáticamente: AMLO es un peligro para México, mejor vota por lo menos peligroso: ¡PRI-PAN!
Dentro de los líderes y lideresas que tienen el PRD, pocos tienen un real programa de cambio para el país, la mayoría piensa en corto plazo y la riqueza acumulada que les rinde administrar un partido de izquierda y su venta al mejor postor; estadísticamente, el partido acabará perdiendo su registro y dejando una cuantas familias ricas, que ya ven amenazada su fortuna si la izquierda gana: ¿¡paradójico no!?
Esa contradicción dentro del PRD está ya en el escenario nacional y además, está siendo alimentada por el PRI y el PAN; los grupos perredistas beneficiados en el actual régimen exigen desde ya, apoyar al PAN para derrotar al PRI, obviamente para ellos, no les importa que el PRI y el PAN sean lo mismo políticamente hablando, es decir neoliberales y creadores del sistema actual, pues cobran en él; y otros, desde diversas posiciones, plantean que es la oportunidad histórica de derrotar al sistema con un gran frente nacional de las izquierdas donde se postule al candidato mejor posicionado de ese espectro; que según los sondeos de opinión resulta ser AMLO, ex perredista y también expriista, porque finalmente el crisol político era ese y la larga lucha histórica de la revolución contra la desigualdad y los privilegios.
Siendo un político de izquierda consecuente, no debería haber ninguna duda de la estrategia para derrotar al neoliberalismo: votar a favor del candidato, mejor posicionado de las izquierdas unidas; siendo de una izquierda centrista y oportunista, pues la opción es votar a favor de las derechas y quedarme cómodamente sentado comiendo mi plato de lentejas… por ello hay que decidir que camino tomar en la encrucijada de la historia: yo, voto por las izquierdas. ¡Hic Rhodus, hic salta!