Columna Geopolítica

Jorge Miguel Ramírez Pérez

del 3 de abril del 2017

  • “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé”. Libro de Ezequiel 22:30

Aguantar a un mal gobernador fue muy malo. Haber tenido dos malos gobernadores al hilo fue pésimo y que hayan despojado a las actuales y a las nuevas generaciones de un proyecto estabilizador es letal para Veracruz. Si a eso se le añade el tamaño del daño causado, lo que se presenta en el horizonte no es solamente desalentador sino peligroso, para todo el país, a menos que se ponga remedio.

Y me sorprende que los habitantes del estado que se supone están medianamente informados, todavía no acepten la realidad de lo ruinoso que lo dejaron; y crean como Enrique Peña, que las crisis están en la imaginación y no en los hechos. Porque desde hace meses que he tenido la oportunidad de escribir mi limitada opinión, lo he señalado, así como antes de tener esta plataforma: reiteradamente lo expresé, que no era posible que las cosas se manejaran con tanta maldad e inconciencia.

Con todo respeto de mis amigos lectores, en muchos que conozco, vi la cara de incredulidad a mis comentarios cuando subrayé la saña  y experimenté observar su  actitud de quien está atrapado en un forzado pensamiento positivo y mágico, de que lo malo no sucede, si no lo invocas. Ni hablar, pasé por exagerado o por alguien que no tenía una posición y aspiraba a tenerla  asustando con el petate del muerto.

He participado en varios cargos públicos y he visto muchos episodios ilustradores de la vida política de México por casi cincuenta años. Siempre activo tratando de estar al día y he dado clases y conferencias sobre la materia. Conozco al sistema, al de antes , al que no se pudo hacer y al actual que nadie, nadie le entiende. He sido autoexiliado por dos años, ojo: perseguido, no por asuntos de dinero ¡Jamás! Y mi querido lector nunca en mi vida he visto un daño mayor infringido a un estado, que el que tiene en condiciones de coma a Veracruz.

Y lamento que desde la perspectiva ciudadana el horizonte no esté claro, porque la infamia notoriamente patrocinada por los enemigos del estado, no cesa y ahora mediante su testaferro López Obrador siguen causando mella en los que fecunda el síndrome de Estocolmo, porque tal parece que aprecian a los que los burlaron por doce años con mentiras y cábulas.

Porque los retos tengo la expectativa que con mucha dificultad, pero se pueden superar, no en el tiempo de los  apresurados que están desesperados porque todo pase rápido; los mismos que eran muy lentos en el pasado y miopes para ver el cráter que dejaron los perversos.

Creo que un puerto seguro es por principio, partir de los hechos de justicia política para establecer un enfoque refundacional, que convoque algo parecido a la “sensibilidad” de las fuerzas de las canonjías institucionales; y lo que parece hasta iluso pudiera ser concertador y exhaustivo. Decía Robert Dalh: “Hacer que otros hagan, lo que de otra manera no harían”.

En seguida un planteamiento también, que ubique la redimensión del problema de la violencia que en su fase inicial es: ausencia de un esquema de seguridad, no solo pública, sino de seguridad nacional, algo que no se tiene ni en concepto, porque la prueba es que hoy, están hechos bolas los diputados federales sobre ese tema.

Porque lo de Veracruz, me perdonan, sí tiene una fase local, es innegable y se tiene que recomponer ese enorme problema, pero no se debe ver aislado porque está inmerso en otro mayor, estructuralmente  es un cinturón carcomido de la seguridad nacional; incrementado por las concesiones criminales estatales que se originaron hace doce años y las municipales de los cartelitos y cartelotes, que son los patrocinadores de la mierda de democracia que hasta ahora se ha tenido en la mayoría de esas instancias edilicias.

El tercer punto de partida que debe estar por llegar como un proceso político mayor, es del diseño institucional que no se tiene. En esto me parece que hay que resolverlo de un tajo y cancelar  la simulación administrativa que no solo es costosa, sino aberrante.

Me parece que es la hora política de subsanar el hecho de  haber validado sin racionalizar, las áreas en el mismo diseño seudo organizacional de los ignorantes de los dos sexenios, fue darse un balazo en el pie, más bien en los dos pies.

Tal vez no se querían medidas draconianas al estilo del pejismo: reducir áreas por decreto o por nivel, confundiendo las sustantivas e igualándolas a las innecesarias. Porque es verdad que no se puede descargar un buque sin tiempos y movimientos porque se hunde.

Pero sí. Hay que reestructurar a fondo y además mejorar el servicio. Pero ello es un esfuerzo que infiere ganar-ganar, algo mejor que los criterios puramente contables o administrativistas: una noción integral precisa del Estado y su función pública.

Y el Jefe yo se que la tiene. De los demás dos o tres, sí; ¿el resto? no lo se. Y como la política es una acción colectiva, urge que todos se pongan las pilas porque el tiempo avanza inexorablemente; y no se deben postergar los replanteamientos. De un lado está un horizonte que se puede reactivar; por el otro, lo que no queremos: volver al pasado.