05 Jun. 2017

 ** Más allá de lo que díganlos cómputos finales y, por supuesto, los tribunales, la jornada electoral de ayer arroja ganadores y perdedores que no son del todo evidentes.

 Gana, de entrada, la izquierda En el caso del Estado de México es claro que entre Morena y el PRD se llevaron más de la mitad de los votos. Los números, ahí sí, son contundentes.

 Gana también la política de alianzas electorales, como lo demuestra el triunfo del PAN-PRD en Nayarit y en las elecciones locales de Veracruz.

 Ganan Ricardo Anaya y Alejandra Barrales El panista llega a la definición de la candidatura presidencial de su partido con 12 gubernaturas bajo el brazo, incluida la de Nayarit de ayer. Y podrían ser 13, dependiendo lo que pase en Coahuila La perredista entrega un PRD reposicionado, a pesar de tener en contra a buena parte del perredismo.

 Hay que decirlo: gana también la desmemoria del electorado pues, más allá de quién gobierne finalmente Coahuila, es innegable que el PRI obtuvo una alta votación con todo y los Moreira y su moreirazo.

 Gana Morena al haberse convertido en el enemigo a vencer en el Estado de México, inclusive por arriba del propio PRI. Además logró convencer a electores usualmente adversos, como lo demuestran sus triunfos en bastiones panistas y priistas.

 Y la panista Josefina Vázquez Mota gana dos cosas: un aplauso por admitir su derrota y la certeza de que lo suyo, lo suyo, no es ser candidata.

 ** ¿Y quiénes pierden? En primer lugar, aquellas casas encuestadoras que ponderan el precio por encima del dato. Las encuestas de salida son ahora encuestas de saliva, que sirven para que se declare ganador… ¡hasta el perdedor!

 Pierde Andrés Manuel López Obrador. Por encima de Delfina Gómez, quiso ser el candidato, el estratega, la estrella de los spots y el vocero de la campaña. Terminó perdiendo los estribos y, de paso, el halo de pureza que tanto presumía. Y más va a perder en la medida en que se siga obstinando en sólo creer en su verdad.

 El que está por verse si ganó o perdió es Enrique Ochoa Reza, pues hasta anoche no había certeza respecto de si el PRI retendría las gubernaturas de Coahuila y el Estado de México… o si terminaría perdiendo hasta la camisa.

 A todo eso, además, se suma el ya previsible escenario de conflictos poselectorales y litigios judiciales, por lo que tal vez sea momento de plantearse en serio la instauración de la segunda vuelta electoral.

Fuente: Reforma