T E X T O IRREVERENTE

JUNIO 30 DE 2017  | 
Los conspiracioncitas y politólogos de cafetería se devanan los sesos intentando descifrar el significado de la risilla que mantuvo el exgobernante veracruzana, Javier Duarte, durante la audiencia judicial en Guatemala en la que aceptó la primera de dos peticiones de extradición presentadas por el gobierno de México. Y vaya que abundan historias complotistas en base al gesto del cordobés.  Unos dicen que es la risa de un maniaco y otros que es la de un sinvergüenza.

Otros más afirman que se trata de la risa de alguien que sabe que gozará de impunidad al llegar a México pues las acusaciones –al menos las correspondientes a la primera solicitud de repatriación- sería endebles y por ende, se estaba burlando de maniobras de  la Fiscalía General de Veracruz.  Es divertido leer tales conjeturas, al menos en la prensa local pues una parte de ella casi erige a Duarte como el justiciero que viene a enfrentar las detracciones del gobernador Miguel Ángel Yunes.

Algunos –los añorantes del pasado- llegan al extremo de vitorearlo como una especie de héroe que regresará poner en su lugar a su sucesor. Nada más hilarante y nada más lastimoso: miren que darle credibilidad a Duarte y más aún, asumirlo como un paladín de la verdad. Eso es reflejo de la orfandad de la prensa doméstica que extraña los privilegios con los que fueron tratados por el cordobés.

Pero regresando al tema de la – ¿enigmática? – sonrisa  de Duarte de Ochoa, los que se asombran de ella hasta parece que no lo conocieran después de sufrirlo casi seis años. El gesto no conduce a nada. Esa risa es un vehículo de escape de los sociópatas y no es la primera vez que la ocupa en situaciones extremas. ¿No tenía la misma sonrisa cuando le aseguraba al  conductor de Televisa, Carlos Loret de Mola que no había robado un solo centavo, que iba a terminar su periodo sexenal y que iba a dar una sorpresa el primero de diciembre pasado?

¿O después cuando le anunció que pediría licencia para enfrentar las “calumnias” de las que era objeto, que no se iría de Veracruz, pero al día siguiente huyó en un helicóptero?, ¿no es la risilla que se le vio en Orizaba cuando la señora Araceli Salcedo le reclamaba que su gobierno no había hecho nada por localizar a su hija desaparecida, Fernanda Rubí?, ¿no es el mismo gesto que Duarte esbozó cuando decía que “a la Universidad Veracruzana no le debemos nada”, que “aquí solo se roban un Frutsi y dos Pingüinos” y el famoso “cuídense, vamos a sacudir el árbol y caerán muchas manzanas podridas”?

Es decir, Duarte ríe cuando está mintiendo y en apuros. La experiencia así lo indica. Entonces, más allá de esas historias de componendas o de un justiciero reivindicado, la risilla del cordobés es parte de su personalidad. Ni siquiera debería causar indignación porque no vale la pena ni mucho menos para elucubraciones que sacudan al país o a Veracruz. Es cierto que en el aspecto judicial, podría ser que el gobierno federal le suavice el trato y le permita cierta dosis de impunidad, pero no por miedo a que exhiba al presidente Enrique Peña Nieto.

No, será porque se prestará al golpeteo electoral contra el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, revelando el financiamiento que otorgó en el 2016 al Movimiento Regeneración Nacional (Morena).  México sigue siendo un país con una ‘presidencia imperial’, como lo definió el novelista orgánico Enrique Krauze. El sistema priísta tiene mecanismos para silenciar y desaparecer a los disidentes de sus filas, es  el equilibro de la corrupción y del caos interno.

Entonces, es una falacia esa de que Duarte de Ochoa habría puesto en jaque al despachante de Los Pinos. No, en realidad es un arma electoral y en base a eso será el trato judicial que le den. Es utilitario, no vital. En fin, la “Risa de Mona Lisa”, “La vaca que ríe”, “El gato sonriente”, “Ríe payaso, ríe” o  “La risa del Guasón”, ¿qué más se le puede acomodar al gesto de Duarte de Ochoa en Guatemala? Hay que divertirse con  él y con los complotistas, ideales para el chascarrillo y los ‘memes’. Nada más.

SOLO TRES POLOS

Ya estan los preparativos para la faena electoral del 2018 y hasta ahora se proyectan tres grandes polos aliancistas en pos de la Presidencia de la República. El PAN y el PRD trabajan en una coalición que algunos le quieren dar el perfil de “Frente Amplio Opositor”. Morena, por su lado, aceptó ir con el Partido del Trabajo (PT). No es una alianza fuerte y solo un sufragio extraordinariamente masivo y el llamado “voto útil”, sentará al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador en Los Pinos. El tabasqueño se niega a considerar la puerta que le dejaron abierta en la coalición PAN-PRD.

El PRI irá con sus satélites, el PVEM y el PANAL, pero con pronósticos negros. Salvo esos dos partidos rémoras, nadie quiere coaligarse con él porque su derrota es inminente. Es como arrimarse a un apestado. A parte está el caso del Partido Movimiento Ciudadano (PMC) de Dante Delgado Rannauro, porque  ayer se anunció que no se sumará al “Frente Amplio Opositor” del PAN y PRD, e irá con candidatos propios. Además, López Obrador volvió a rechazar –en el pasado congreso nacional de su partido- la  posibilidad de una alianza con el PMC al cual incluyó dentro de la “mafia del poder”.

Entonces, yendo en solitario difícilmente el Movimiento Ciudadano se colocará como opción para el 2018 y la propuesta del mismo Dante Delgado de crear un “cuarto polo” que uniera a las fuerzas de izquierda y progresistas aparentemente ya se diluyó, o más bien, le ganaron el brinco con el proyecto del “Frente Amplio Opositor”  que negocia el Sol Azteca y Acción Nacional.

También todo lo que suceda a nivel nacional tendrá impacto en las elecciones estatales, entre ellas la de Veracruz donde se  renovará su gubernatura y el congreso local. Morena sin el PMC fragmentará el voto de la izquierda, parte del cual se fue a la coalición PAN-PRD, y estando el PRI en la lona, los beneficiados con la división de las izquierdas y con el famoso “Frente Amplio Opositor” serán los candidatos azul-amarillos.

Envoyé depuis Paris, France.

Fuente: NOTIVER