Juan Bustillos  |

Sólo para iniciados  |

24 de agosto de 2017  |

 En casos concretos, en especial los que tienen que ver con juzgados y agencias del Ministerio Público, IMPACTO procura no caer en la tendencia que caracteriza a la prensa capitalina

 Algunos de los pocos amigos que se pueden hacer en el periodismo político, y ciertos colegas que se sienten aludidos, me preguntan por qué, el viernes pasado, “defendí” a Emilio Lozoya si el caso de corrupción de Odebrecht, según ellos, está tan claro.

 Se equivocan; no hubo tal defensa de mi parte; para empezar no la necesita pues, como quedó visto, se defiende a sí mismo, lo hace muy bien y, en todo caso, cuenta con los mejores abogados, Javier Coello, padre e hijo.

 Además, lo único que no hay en el asunto es claridad; en la “carpeta de investigación” que tiene abierta la PGR sobre el tema nada hay, al día de hoy, que lo involucre. Si se tratara de giros literarios hablaríamos de la carpeta vacía.

 En casos concretos, en especial los que tienen que ver con juzgados y agencias del Ministerio Público, IMPACTO procura no caer en la tendencia que caracteriza a la prensa capitalina. No suele erigirse en fiscal, juez o verdugo, antes que las instancias judiciales fallen, como gusta hacerlo la mayoría de nuestros colegas; nos concretamos a relatar hechos, y sobre esos comentamos.

 No es nuestra costumbre inventar, publicar lo que imaginamos, soñamos o nos dictan las manipuladoras fuentes dizque confiables; tampoco nos dejamos guiar por la venganza de quienes susurran al oído o pagan por desquitarse de sus contrarios desde la comodidad del anonimato.

 Tenemos nuestra propia amarga experiencia; en una ocasión ofendimos a la señora Sasha Montenegro y la Suprema Corte de Justicia de la Nación falló en contra nuestra; nos disculpamos ampliamente y pagamos; en otra, el IFE y el Trife consideraron que influimos, al margen de la ley, en la elección a gobernador de Fernando Elizondo en Nuevo León y garantizamos y pagamos la sanción pecuniaria que nos fue impuesta.

 De nuestra propia experiencia aprendimos y por ello hemos publicado una veintena de reportajes sobre la empresa Infraiber y el empresario Pedro Topete y su abogado y socio, Paulo Díez, sin que una línea nos haya sido rebatida hasta hoy. Publicamos exhaustivamente, y a favor, paso a paso, punto por punto, el Pemexgate, y ni los presidentes de origen panista, Vicente Fox y Felipe Calderón, sus voceros o sus procuradores, Rafael Macedo de la Concha, Daniel Cabeza de Vaca, Eduardo Medina Mora o Marisela Morales, todos ellos afanados en sumir a los líderes petroleros en la cárcel, jamás nos rebatieron una sola información. De hecho, con la mayoría de ellos mantenemos una sólida amistad.

 Y, como en estos, en muchos casos nos hemos apegado a la verdad jurídica. Adelantamos que Ángel Isidoro Rodríguez “El Divino” ganaría su caso a la justicia mexicana y que regresaría a seguir realizando negocios sin problemas, y así ocurrió. Relatamos la información fundamental del caso Jorge Vergara-Angélica Fuentes y la justicia nos dio la razón; de igual manera conocemos a detalle los episodios de la lucha jurídica de la señora María Asunción Aramburuzabala.

 En nada nos equivocamos al adelantar la carta aclaratoria de Lozoya a los señalamientos de la Revista Proceso. El resto fue comentarios sobre su comparecencia ante el Ministerio Público y su encuentro con los periodistas el jueves pasado, también irrebatibles.

 El ex director de Pemex acudió a conocer el contenido de la carpeta abierta por la PGR, pero mucho antes de saber que sólo guarda información periodística ya había anunciado que se reuniría con cuantos periodistas quisieran para ofrecer su versión.

 Ambos eventos son hechos, no especulaciones; si calificamos de “valientes” los pasos del ex director de Pemex fue porque es inusual que los imputados por la justicia o señalados por la opinión pública decidan comparecer. La mayoría huye al extranjero o regresa sólo cuando son apresados. En su decisión encaja a la perfección el adjetivo usado.

 A partir de esto no me retracto. Lozoya provocó amargura a quien esperó que saliera esposado de la PGR rumbo a una prisión federal, pero también dejó en ridículo a quienes creyeron que tenían en sus manos el Premio Nacional de Periodismo o el Pulitzer, y a quien, para vengarse de sus abogados, la ha emprendido en contra suya.

 Como todos, ignoramos lo por venir; habrá que esperar y sólo entonces, con información documental, se podrán adelantar juicios, pero con dichos y rumores, o con fuentes que piden guardar el anonimato, sólo se consiguen crear expectativas que suelen deprimir a quienes creen tener en sus manos el caso que destruiría al sistema político mexicano.

 Ha habido gente del gobierno que, sin ser autoridad, ha acudido ante la norteamericana en busca de documentación que vincule al ex director de Pemex con la corrupción de Odebrecht; ha regresado con las manos vacías; hay periodistas que se han dejado seducir con la supuesta información privilegiada de sus fuentes del gobierno federal enfrascadas en luchas intestinas que tienen que ver con venganzas personales y el 2018.

 En ambos casos, la ambición futurista sólo ha tenido como consecuencia pegarse un tiro en el pie, dañar la imagen del Presidente Peña Nieto y poner en riesgo la supervivencia del PRI.

 Lo único verificable es lo ocurrido el jueves anterior: Lozoya acudió a la PGR a cumplir una cita que pidió con tres meses de antelación; se reservó su derecho a declarar porque ¿qué podía decir sobre la información periodística contenida en la carpeta?; luego, por más de una hora, contestó todo tipo de preguntas a cuanto reportero creyó tener algo que preguntar.

 Lo demás, incluida la especulación de que lo defendimos, son masturbaciones mentales.

 http://impacto.mx/opinion/lozoya-y-las-masturbaciones-mentales/