Federico Berrueto  |

Juego de espejos |

29 de octubre de 2017  |

 No solo el ex fiscal Santiago Nieto transitó de la farsa al ridículo; junto con él, por el mismo camino corrieron quienes vieron en su caso una oportunidad para golpear al adversario. Lo hicieron varios líderes de la oposición, incluso Andrés Manuel López Obrador. También los senadores opositores y voceros de organizaciones civiles, más involucradas en la política que en la genuina representación de la causa que las anima. Todos ellos pretendieron utilizar la obligada separación del cargo. También él pretendió utilizarlos; cada cual en su juego de espejos. El ridículo sobrevino cuando el abogado Santiago Nieto advirtió que su caso no iba a prosperar en el Senado y decidió abandonar su defensa.

 Los hechos son irrefutables respecto a una conclusión: Santiago Nieto no contaba con las prendas para ocupar un cargo de tal importancia y mucho menos para encabezar una causa de dignidad y defensa personal e institucional. Mintió o dejó mentir para que un inculpado en un caso de la mayor gravedad para el país pasara a la condición de sentenciado en el tribunal mediático nacional. El ex fiscal pretendía alzarse como un portento de profesionalismo al momento en el que se deliberaba sobre la designación del fiscal general de la República, al tiempo en que el titular de la PGR, Raúl Cervantes, renunciaba al cargo. El oportunismo era evidente.

 El diario Reforma también resulta afectado en su credibilidad y rigor profesional. Golpe que coincide con el de El Universal por el triunfo de Ricardo Anaya frente al medio. La primera plana es la cara del medio y el Reforma ha abusado en repetidas ocasiones, seguramente no por política editorial, sino por la influencia del dueño frente al oficio propiamente periodístico. Si no hubiera la impunidad mediática que existe, otro sería el comportamiento. No ha habido ni del ex fiscal ni del medio algo que se asemeje a disculpa, no al afectado, sino al público lector. Al menos en El Universal media sentencia judicial que precisa los términos de la falta.

 Los medios, los políticos o los líderes de las organizaciones civiles debieran ser más cautos al elegir sus causas y sus modelos de causa. Lo encendido y precipitado de las posturas de los nuevos savonarolas se derivaban del prejuicio, de la idea falsa de que la única fórmula para responsabilizar al PRI y al Presidente por el financiamiento ilegal de su campaña por parte de la corrupta y corruptora Odebrecht era mediante la defensa de un fiscal supuestamente decidido a llegar hasta las últimas consecuencias.

 Lo que es un hecho es que el comportamiento de Santiago Nieto y de Reforma, ha empantanado y ha afectado las condiciones para llegar a la verdad y eventualmente deslindar responsabilidades sobre un caso de dimensiones históricas y donde los elementos de prueba son declaraciones de directivos de Odebrecht fuera del país y por lo mismo ajenos al eventual manoseo legal o judicial que pudiera haber aquí.

 Lo más delicado de la conducta del ex fiscal no está en la fallida pretensión de manipular a los medios, sino en el desacato que hiciera a juez federal para dar acceso a la defensa de Emilio Lozoya a la carpeta de investigación, esto es, cumplir con un principio básico del proceso penal: conocer los cargos, pruebas y los argumentos de la acusación. Ahora queda claro que el ex fiscal desatendió la orden judicial y eso es materia de responsabilidad penal, no solo una falta al código de ética.

 Son varios los expedientes a cargo de la Fepade. Allí está la acusación que hiciera López Obrador, senadores del PRD y Emilio Álvarez Icaza sobre el supuesto financiamiento multimillonario de OHL a la campaña del Estado de México a partir del falso testimonio de un presunto extorsionador. Los acusadores no fueron llamados por Santiago Nieto a ratificar su denuncia, tampoco se facilitó el trabajo de la defensa para conocer los términos de la carpeta de investigación. Un caso más que revela la agenda propia del fiscal, muy ajena a la procuración de la justicia.

 Se entiende la indignación que mueve a muchos por el estado de cosas, especialmente la impunidad en el país. Es urgente resolver la situación, empezando por superar la resistencia a reconocer su gravedad. Esta tarea implica, necesariamente, ser consecuentes y asumir como propio el rigor y la exigencia que se pretende imponer a los de enfrente.

Fuente: milenio.com/firmas/federico_berrueto