Consejos contra el Buen Fin

Consejos contra el Buen Fin
Por Francisco Ortiz Pinchetti

Es la séptima edición del Buen Fin, ese remedo fallido de Black Friday de los gringos. A partir del primer minuto de este viernes las  tiendas están pletóricas de ofertas, promociones, bonos, regalos, globos. Son los señuelos que se ofrecen a los compradores a través de la radio y la televisión, los periódicos, el Internet, los aparadores, los pasillos y hasta en la calle. El objetivo es claro: que la gente compre lo que no necesita, gaste su dinero y se endrogue ahora para los próximos uno o dos años.

Con el pretexto de provocar una reactivación de la economía nacional, se encubre un interés absolutamente mercantil que se traduce simple y sencillamente, otra vez, en mayores ganancias para los oligarcas de este país. El colmo es la medida asumida tanto por las cámaras empresariales como por entidades públicas de adelantar parcial o totalmente el aguinaldo anual a los trabajadores para que vayan a entregarlo de regreso… a los ricos.

Es patética la escena que se repite año con año de los compradores agobiados por la aglomeración pero felices por el supuesto descuento obtenido que salen de las tiendas atiborradas con sus pantallas de 58 pulgadas a cuestas. Algunos llevan dos, tres.

Más de 200 empresas participan formalmente en este festín del consumismo, que de manera conjunta o individual ofrecen todo tipo de artículos y servicios. Semejan pescadores que tienden sus redes en espera de una abundante captura, que por supuesto obtienen. Los productos más vendidos  son las pantallas de gran formato, los electrodomésticos, la ropa, los teléfonos celulares, los juguetes, los viajes, los artículos deportivos y los videojuegos.

La maniobra más socorrida consiste en incrementar previamente los precios de los artículos que serán ofrecidos en “oferta”, para de hecho simular descuentos llamativos como “gancho” para los incautos compradores de ilusiones. La Procuraduría Federal del Consumidor  (Profeco), como cada año, reconoce la existencia de este engaño, particularmente en artículos electrónicos, pero no lo evita.

La inmoralidad mercantil que caracteriza la actitud de la mayoría de los grandes empresarios del ramo se manifiesta a plenitud en esta celebración inventada hace siete años, durante la cual se realizan más de 20 millones de transacciones comerciales. Muy vivos, esos comerciantes, aliados con los bancos, fingen  algunos  descuentos sobre precios previamente inflados, pero en realidad obedecen a una estrategia perversa cuyo señuelo principal es la venta a meses sin intereses mediante tarjeta de crédito. Así lo reconocen sin empacho los propios dirigentes de los organismos empresariales.

En la plena impunidad, los comerciantes y banqueros llegan al colmo del cinismo al ofrecer el antídoto para su propio veneno. A través de artículos, inserciones  y declaraciones de prensa, enlistan una serie de consejos para evitar caer en las trampas y engaños que ellos mismos operan. Se atreven incluso a advertir a los consumidores que el Buen Fin “se presta para que muchos establecimientos incurran en estrategias deshonestas que te pueden hacer creer que estás frente a la oferta de tu vida, aunque se trate de un timo”.

Los propios vendedores tienen la cara dura de alertar sobre el riesgo de una mala planificación del gasto y el abuso en el uso de créditos, que nos pueden dejar endeudados por más tiempo del que tarda en llegar el siguiente Buen Fin (sic). Y sobre el peligro de caer en las garras de comerciantes inescrupulosos, que sin estar registrados siquiera entre los participantes oficiales en el evento, aprovechan para medrar con falsas ofertas y promociones que incluyen a menudo la venta de artículos de pésima calidad y sin garantía.

Entre los “consejos”  que los comerciantes hacen a sus clientes están precisamente el asegurarse de que la empresa participa en el programa, debidamente acreditado. Los clientes de esos establecimientos, nos advierten,  corren el riesgo de que si algún producto sale defectuoso no podrá cambiarlo, ni podrá reclamar la ilegalidad ante la Profeco. También se podrá uno topar, aguas,  con precios fantasmas que sólo escucharás en los mensajes publicitarios  y que en tienda nunca aparecerán. ¿A poco?

Otros recomendaciones son usar solo una tarjeta de crédito, probarse la ropa,  exigir la garantía en electrodomésticos, electrónicos y línea blanca; no comprar propiedades ni tiempos compartidos y limitar racionalmente la adquisición de productos perecederos.Un comprador responsable es el que toma el riesgo de la oferta, interés y costo dependiendo su capacidad adquisitiva”, postulan.

El gobierno, que debería vigilar y evitar los abusos,  participa también en el engaño y alienta el consumismo irracional de estos días mediante un estímulo especial a los compradores que den tarjetazo. El  Servicio de Administración Tributaria (SAT) informó que se mantendrá la bolsa del sorteo fiscal para el Buen Fin y que y que se prevé que participen  más de 200 mil consumidores, siempre y cuando paguen con tarjeta de crédito.

Me parece que lo más grave de todo es el concepto que representa el lamentable Buen Fin. No es el consumo, entendido como una fase crucial del proceso económico en un sistema de libre empresa como el nuestro, sino el consumismo irracional e inducido, superfluo, como objetivo de vida y razón de ser. Frente a eso el único consejo que se me ocurre darle es sustraerse por completo del bombardeo publicitario y pasar este fin de semana largo en casa, con la familia o con un buen libro, sin oír radio ni ver televisión, sin entrar a Internet  (salvo para checar SinEmbargo.Mx, claro) y sin asomarse ni a la esquina. Válgame.

@fopinchetti

 Fuente: SinEmbargo

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