2 de noviembre, 2017 |

El problema del origen de la vida es un verdadero misterio sin resolver, los científicos quisiéramos crear vida en un laboratorio, aunque no fuese como la conocemos, pues a partir de átomos y energía desearíamos construir un ente similar a una célula, capaz de crecer, transformarse y reproducirse.

Contamos con evidencia que muestra que toda la vida en la Tierra tuvo un origen común; surgió hace 3,900 millones de años. Durante mucho tiempo existía la idea de que se había generado en el mar, ya que el agua es necesaria para toda la vida en la Tierra, sin embargo, allí las sustancias que hubieran podido dar origen a la vida están demasiado diluidas.

A raíz del descubrimiento de moléculas orgánicas emanadas de los géiseres de Encélado, uno de los satélites de Saturno, aunados a la existencia de océanos en Europa, una luna de Júpiter, así como la gran diversidad de vida que existen en torno de las chimeneas hidrotermales submarinas terrestres, se ha repensado el origen de la vida en la Tierra.

Géiseres de Encélado

Géiseres de Encélado (Cassini, NASA).

Uno de los nuevos modelos para explicar el origen de la vida en la Tierra, sugiere que hace unos 4 mil millones de años caían numerosos cometas en nuestro planeta, aportando agua, moléculas orgánicas, y aminoácidos. Estas sustancias fueron arrastradas por riachuelos hasta sitios donde había fuentes geotermales, que son ricas en elementos como el fósforo, el magnesio y el hierro; allí se acumularon y se volvieron más complejas. Conforme pasó el tiempo moléculas de lípidos las encapsularon. Gracias a la energía de las fuentes geotermales los compuestos encapsulados formaron cadenas moleculares. Las fuentes hidrotermales alternan ciclos secos, húmedos, así como estadios intermedios: geles. Durante la fase seca se sintetizaron los polímeros capaces de transformar información, como los ácidos nucleicos. Cuando fueron húmedos se formaron fotoceldas, que además de capturar y transformar radiación encapsularon a los polímeros y los protegieron. Más tarde, durante la fase de gel se aglutinaron las proto células.

Protocélula

 

Protocélula (Janet Iwaza).

Después de innumerables ciclos de sequías y lluvia sólo sobrevivieron los conjuntos más resistentes. Las protocélulas mejor adaptadas se distribuyeron a otros sitios durante la época de lluvias, arrastradas por riachuelos y fueron adaptándose al nuevo ambiente. Finalmente, algunas proto células lograron la fotosíntesis, es decir, transformaron CO2 y energía solar en azúcares, agua y oxígeno dando inicio a los primeros procesos generadores de vida. Cuando estos conglomerados llegaron al mar, ya eran capaces de reproducirse. Los que se adaptaron formaron estromatolitos (estructuras minerales estratificadas). Además, enriquecieron la atmósfera con oxígeno de la que aprovecharon otros organismos para su desarrollo y subsecuente evolución.

Estromatolitos

Estromatolitos, estructuras carbonatadas que forman biopelículas y bacterias capaces de realizar fotosíntesis (Proyecto Biósfera).

El proceso antes descrito tomó unos 200 millones de años en llevarse a cabo, después de innumerables ensayos y creación de destrucción se formó la vida, lo cual todavía no es posible llevar a cabo en laboratorios.

Con la exploración de los satélites Europa y Encélado, así como las observaciones de planetas extrasolares que contienen agua, es posible que descubramos otras formas de organismos complejos y lleguemos a modelos innovadores para explicar el origen de la vida en la Tierra.

Fuente: elsemanario.com

  • Julieta Fierro Gossman | La Doctora Julieta Fierro es Investigadora Titular del Instituto de Astronomía de la UNAM y Profesora de la Facultad de Ciencias. Ocupa la Silla XXV de la Academia Mexicana de la Lengua y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores en el máximo nivel. Ha recibido numerosos galardones nacionales e internacionales incluido el Premio Kalinga, máxima distinción a la divulgación de la ciencia.