Juan Bustillos  |

 Sólo para iniciados  |

 04 de diciembre de 2017  |

 Marca personal de José Antonio Meade va más allá de la obligación elemental de no disponer de un peso al margen de la ley

 Ya está hecho.

 Desde ayer, José Antonio Meade es el candidato del PRI a la Presidencia de la República, pues todos los aspirantes priístas, incluida Ivonne Ortega, que durante semanas propaló su oposición a cualquier tipo de imposición, vendieron cara su derrota. Para no violar la ley, el trato formal será el de precandidato, pero no será más que una formalidad.

 La estrategia de quien le entregó la candidatura, el Presidente Peña Nieto (su expresión fue: “¡Es mi candidato!”), la suya propia o la de sus asesores, es ir separándolo, paso a paso, del gobierno actual para cumplir, a cabalidad, la finalidad de su elección como “simpatizante”, y no militante del partido en el poder.

 En la reunión con los dirigentes estatales priístas les habló de la disyuntiva, cambio con rumbo o salto al vacío. Ayer, en la recepción de la constancia del registro de su precandidatura, el mensaje fue más amplio: “Combate frontal a la corrupción; ni un solo peso al margen de la ley”.

Nada nuevo que no hubiese dicho un día antes al periódico español “El País”, pero más claro ni el agua de los ríos en el pasado.

 La cuestión es que no hay manera de desligar al candidato del gobierno de Peña Nieto, en el cual alcanzó mayores alturas que en el de Felipe Calderón, en el cual inició su crecimiento, si bien ingresó a la burocracia mucho antes.

 La dificultad es que después de ser cuatro veces secretario de Despacho en áreas vitales en los  cinco años del gobierno actual, difícilmente puede hablar de un cambio, con rumbo o sin él, a menos que se proponga, como Andrés Manuel López Obrador, dar un paso atrás, o de costado, en lo que se refiere al legado de Peña Nieto de reformas a la Constitución.

 En todo caso, lo interesante vendrá cuando el candidato clarifique su propuesta de cambio de rumbo o la manera de evitar el salto al vacío, que, supongo, está es la propuesta de López Obrador.

 Vienen días que probarán el temple de José Antonio porque los discursos en escenarios a modo son muy diferentes a los debates, mítines en la plaza pública o entrevistas periodísticas no controladas; en estos no se puede contestar con generalidades.

 Meade fue seleccionado candidato por su invaluable experiencia administrativa, su notable carrera académica y su reconocida integridad (misma que ha transmitido a su familia, como dijo ayer), pero el análisis de selección fue más amplio que el supuesto de que su condición ciudadana permitirá al PRI incidir en el seno mayoritario de la población en donde  es rechazado porque se le considera sinónimo de corrupción.

 Quien tomó la decisión de entregarle la candidatura fue más allá que el simplismo basado en su larga carrera burocrática y académica (condiciones que comparten con él otros aspirantes, como José Narro), y en el supuesto de que indecisos y panistas encontrarán en Meade por quién votar ante el desbarajuste en el PAN, por ejemplo.

 Para no ir más lejos, digamos que la integridad, la marca personal del candidato, va más allá de la obligación elemental  de no disponer de un peso al margen de la ley, sino de otros valores que Peña Nieto le reconoce y que realmente lo llevaron a confiar en él.

Fuente: impacto.mx/opinion/integridad-es-sinonimo-de-lealtad