TEXTO IRREVERENTE

El tabasqueño Andrés Manuel López Obrador no tiene porqué debatir con el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares ni éste  tampoco tiene porqué hacerlo con el abanderado de Morena a Los Pinos. Uno es candidato y el otro mandatario, sus tareas son distintas. Sin embargo, ambos están enfrascados en la camorra electoral, no de ahora sino desde antes de que comenzaran los tiempos oficiales de proselitismo y ésta no se detendrá.

Yunes Linares volvió a retarlo  –¿por tercera o cuarta ocasión? – a debatir frente a frente sobre los señalamientos que le hace cada vez que pisa suelo veracruzano y otra vez López Obrador se sesga para evadir tal reto a sabiendas que al menos en Veracruz está documentada esa relación oscura que su gente tuvo con el exgobernador Javier Duarte de Ochoa: el financiamiento que recibieron de palacio de gobierno en el 2016 y la operatividad para ‘inflar’ al entonces candidato a la gubernatura,  Cuitláhuac García Jiménez.

Ese es el Talón de Aquiles de Morena y López Obrador. Desde acá le pueden asentar un buen golpe al proyecto del “cambio verdadero” que enarbola el tabasqueño, en cuyos círculos más próximos ya se preparan para el topetazo que tarde o temprano lanzarán desde Veracruz con el tema Duarte de Ochoa. El mismo López Obrador lo anticipó cuando el cordobés fue detenido en Guatemala, asegurando por las redes sociales – sin que nadie tocara el tema todavía- que al exgobernante lo usarían para atacarlo.

Lo cierto que es más allá de lo que representa López Obrador –actualmente la opción menos sucia entre todos los que aspiran a la Presidencia de la República- la obviedad lo pierde en el caso Veracruz pues prácticamente se ha erigido en un defensor de Duarte de Ochoa llamando “chivo expiatorio” – traducción: inocente-  y cuando mal gobernaba a la entidad  nunca alzó una crítica puntual como si lo hizo en el sexenio del innombrable y ahora con la administración de panista Yunes Linares.

López Obrador tiene, por supuesto, el derecho a expresarse sobre los temas que quiera, no solo porque es un (pre) candidato a cargo de elección popular sino porque es un líder natural cuya trayectoria personal le acarrea cierta  autoridad moral, aunque para los veracruzanos está cojea. Por otro lado, hay quienes dicen que Yunes Linares se debe dedicar a gobernar y no inmiscuirse en pleitos electorales, más bien mostrarse estoico frente a la bravuconería de López Obrador. No lo ha hecho y tiene motivos: es de los pocos políticos del país que le hace frente con el mismo nivel de provocación.

Sea una cosa o sea otra, la ganancia es para los electores pues en política partidista y electoral, el debate –confrontación de ideas- siempre es bueno. En Europa, los gobernantes debaten y hasta se desmelenan mediáticamente con los candidatos y viceversa. Es mejor eso al ostracismo y opacidad que nada ayudan al elector para conocer los talantes de los personajes públicos. Y los que se espantan porque el gobernador rete a una discusión pública al candidato presidencial son aquellos que viven anclados en el socorrido “localismo empobrecedor”, como lo llama el jurista e historiador Román Piña Homs.

IMPRESENTABLES A LA CAZA

Es tiempo de proselitismo y también de cosecha de impresentables. Las rémoras indecibles salen a cazar banderines y padrinazgos. Ahora le tocó al y virtual candidato de la coalición PAN-PRD-MC a la gubernatura, Miguel Ángel Yunes Márquez pues se le coló –en una candidatura y en la fotografía- un tremendo roedor del duartismo, Eduardo Sánchez Macías, beneficiado de saqueo financiero que se perpetró en el sexenio pasado.

Sánchez Macías no solo se enriqueció con negocios hechos en agravio de patrimonio de los veracruzanos sino que además es pariente de Karime Macías y ha brincado de partido en partido –de PRI al PVEM, del PVEM al Panal y del Panal al Movimiento Ciudadano- y su mala fama no le ayuda a Yunes Márquez. Dicen que será candidato a una diputación en el distrito de Martínez de la Torre y que su postulación es exigencia de Dante Delgado, por eso Yunes Márquez tuvo que apechugar tal postulación.

Empero, el exalcalde boqueño  por lo menos debería cuidarse y no fotografiarse a su lado como un reflejo de sobrevivencia política porque al retratarse con los impresentables se pone en el mismo rasero  de Cuitláhuac García quien posa sonriente al lado de Rafael Acosta Croda, Oscar Lara o Ricardo Ahued y otros personajes desprestigiados en la política local. Del priísta José Yunes Zorrilla no se dan ejemplos porque casi todos los que lo rodean son sendos impresentables y  no alcanzaría el espacio para citarlos.

REMASTERIZADOS

¿Se acuerdan de la señora Teresa Uriarte? Es historiadora y catedrática de la UNAM y hace 18 años era una de las mujeres más “populares” del país, no por su carisma o su desempeño universitario sino porque fue parte de una enorme estrategia mediática para convertirla en un activo electoral ya que era la esposa del entonces candidato presidencial por el PRI, Francisco Labastida Ochoa.

Todo lo que se decía de Uriarte en los medios informativos, principalmente en las grandes televisoras, era para dar a entender que el abanderado del tricolor tenía una gran esposa que lo ayudaría a gobernar al país. No obstante, pese a los millones de pesos que se gastaron en esa campaña publicitaria, la idea no cuajó y la señora Teresa Uriarte no le acarreó votos a marido. Este terminó perdiendo y se convirtió en el primer candidato presidencial priista derrotado en la historia de México.

Ahora ante un candidato extremadamente débil y cuestionado como es José Antonio Meade, vuelven a la estrategia del año 2000 para ensalzar a la esposa, Juana Cuevas, una pintora aficionada a la que ‘inflan’ mediáticamente como lo hicieron con Teresa Uriarte, pero al parecer la suerte será la misma: no le sumará votos ni le enderezará su maltrecha personalidad. Los Meade-Cuevas son la versión remasterizada de los  Labastida-Uriarte.

Envoyé depuis Paris, France.

Fuente: NOTIVER