Juan Bustillos  |

Sólo para iniciados  |

28 de enero de 2018  |

 El encuentro, en Sonora, de Beltrones y el precandidato del tricolor despejó dudas sobre la lealtad del ex líder nacional del partido

 En vísperas del encuentro de José Antonio Meade y Manlio Fabio Beltrones en Sonora se registró un intento de abortar la reunión.

 Una mano anónima creó un episodio en el que un desesperado precandidato presidencial del PRI acudiría al territorio del priísta más emblemático del país a solicitar apoyo para ofrecer la imagen de que el priísmo al fin lo arropa y a evitar que el ex líder nacional del partido en el poder se una a la causa de Andrés Manuel López Obrador.

 A su vez, Beltrones estaría atemorizado por el cerco que el gobierno de Chihuahua ha construido sobre la supuesta triangulación ilícita de recursos de aquella entidad para el uso priísta en algunas entidades en 2016, y enojado por el abandono de la cúpula priísta.

 Manlio asegura que en tiempos electorales “se vale inventar cualquier cosa con tal de lograr el objetivo”; yo digo que en política, como en periodismo, se recurre, sin sonrojo, a lo que sea con tal de conseguir posiciones o, en su caso, lectores.

 No hay razón para escandalizarse o rasgarse las vestiduras, pero sí para estar alerta porque, en ocasiones, las consecuencias pueden ser desastrosas.

 Entre jueves y viernes pasado, Beltrones fue colocado como protagonista de una comedia fantástica y absurda, urdida en la oscuridad de un cuarto de guerra electoral o de una redacción, que lo ofreció a los usuarios de las redes sociales renegando de su virtud más preciada, la lealtad. Simple y llanamente se dijo que abandonaría al PRI para emigrar a Morena y sumarse a la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

 Sobre la traición que estaría a punto de cometer, difundida por la red social WhatsApp, su respuesta, el mismo día en que se difundió, fueron cuatro palabras: “Me han querido intrigar”.

Luego dijo que ya estaba en Sonora “para confirmar mi principal patrimonio, la lealtad. Le consta a mis amigos y a mi partido”.

El retorno a su tierra natal fue para encontrarse, el viernes, con el precandidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, que por segunda ocasión acudió a la entidad, esta vez para un evento de la Fundación Colosio, de José Murat.

 En esta, como en la anterior, Meade afirmó lo que cualquiera sabe: Manlio es un político talentoso y generoso. Dijo más: Está orgulloso de ser su amigo.

 A su vez, Beltrones habló de su apoyo, sin reticencias, al precandidato presidencial de su partido. “No será la primera vez que vote por él; ya llevo dos votaciones previas como representante del PRI. Lo apoyé para que asumiera el cargo como subsecretario y luego como secretario de Hacienda”, dijo.

 Y para que no se especule más expresó que “mi voto de lealtad está siempre del lado de mi partido, al lado de José Antonio Meade”.

¿Por qué hablar, una vez más, sobre el concepto de lealtad que distingue a Beltrones en una clase política en la que la traición es lugar común?

 Pongámonos en contexto.

 El gobernador de Chihuahua, Javier Corral, ha emprendido una campaña dentro de la precampaña del precandidato del PAN, Ricardo Anaya, con un pretexto válido, la presunta corrupción de su antecesor, el priísta César Duarte.

 También se apoya en la negativa de la Secretaría de Hacienda a entregarle entre 800 y 900 millones de pesos mientras, según dice, persista en perseguir la supuesta triangulación de cerca de 300 millones de pesos del erario chihuahuense al PRI a través de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, quien colaboró con Beltrones como secretario general adjunto del CEN del PRI.

 A consecuencia de la detención de Gutiérrez, el ex líder nacional del PRI buscó el amparo de la justicia federal para conocer el contenido de la carpeta de investigación y protegerse de cualquier acción en su contra. Obtuvo la suspensión provisional, no así la definitiva, pues nada hay en su contra.

 A partir de esto se desató todo tipo de especulaciones, destacando el silencio de la cúpula priísta. Cuando mucho, el líder nacional, Enrique Ochoa Reza, y el precandidato Meade se han dolido de la presunta tortura al ex secretario general adjunto del PRI para convencerlo de involucrar en la triangulación a Luis Videgaray y a Beltrones.

 El silencio priísta contrastó con la solidaridad a Manlio de tres miembros conspicuos del clan de López Obrador: Yeidckol Polevnsky, Ricardo Monreal y Olga Sánchez Cordero.

 Esta circunstancia quizá fue la que sirvió para que el jueves circulara en grupos de WhatsApp  una “fake news” (noticia falsa) inmiscuyendo, dolosamente, al periódico El Universal. Según esto, el ex presidente nacional del PRI estaba a punto de emigrar a Morena para aliarse a la causa de Andrés Manuel López Obrador.

 Quienes conocemos al priísta más emblemático después del Presidente Peña Nieto en principio tomamos a broma la versión y la achacamos a la tan anunciada participación de “rusos” en las elecciones mexicanas porque todo se puede esperar de Beltrones, excepto un acto de traición a su familia, a su partido y a sus amigos.

 No lo haría ni siquiera por omisión o descuido.

 No lo ha hecho aún, y cuando le han sobrado motivos para dar un paso semejante al que otros nos están acostumbrando.

 Para no remontarnos a un pasado muy lejano refirámonos solamente a Cuauhtémoc Cárdenas y, en presente, a Gabriela Cuevas, impelidos ambos a abandonar sus partidos de origen porque sus trayectorias no fueron premiadas con candidaturas a puestos de elección popular.

 Entre uno y otra hay una larga lista de priístas, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Manuel Bartlett y, en los últimos meses, otra de perredistas que corrieron tras otro tránsfuga del PRI y del PRD, Andrés Manuel López Obrador.

 Manlio no pensó en abandonar su partido ni siquiera en tiempos de Ernesto Zedillo; entonces usaron a The New York Times, la biblia de políticos y periodistas mexicanos, para enlodar su nombre, o cuando, conforme a su decir, fuerzas priístas conspiraron para la derrota de Roberto Madrazo, cuya campaña coordinó, o cuando él mismo declinó para dar paso a la precandidatura única de Enrique Peña Nieto.

 No lo pensó tampoco en la debacle del PRI en las elecciones de 2016, causada, en mucho, por los enfrentamientos entre las figuras más conspicuas del gabinete que, para debilitarse mutuamente, dieron un balazo en cada pie de su partido ocasionando la derrota de algunos candidatos a gobernadores.

 ¿En dónde está el origen de la patraña de la traición de Beltrones que cayó por su propio peso?

 Quienes saben cómo se vive en el mundo cibernético aseguran que cualquiera puede crear una “falsa noticia” y enviarla a un grupo determinado de personas, que, a su vez, la reenviarán a sus amigos; en minutos se convertirá en verdad absoluta en la mente de una cantidad indefinida de habitantes del ciberespacio.

 El jueves, un buen porcentaje de usuarios de la red de WhatsApp recibió un apócrifo “Bajo Reserva Express” (la columna que el periódico El Universal usa para reaccionar al momento ante acontecimientos que le merecen comentario  inmediato) informando que Beltrones rompía “totalmente” con el PRI y su candidato presidencial “por la serie de diferencias con el equipo compacto” de José Antonio Meade; “en las próximas horas” Manlio anunciaría su incorporación a Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, lo que constituiría “un golpe mortal al PRI y a su precandidato”.

Tres amigos me enviaron el “Bajo Reserva Express”. De inmediato hice lo que cualquier reportero haría y hablé con el director editorial de “El Universal”, David Aponte.

 Por rutina, quienes trabajamos en IMPACTO estamos atentos a los portales electrónicos de los principales diarios; nadie tenía registro del “Bajo Reserva Express”, pero era posible que El Universal lo hubiese mantenido sólo algunos minutos en su portal y que se nos hubiera pasado.

 David me confirmó lo que ya sabía, la inexistencia del “Bajo Reserva Exprés”, pero añadió que el redactor se equivocó al escribirlo “Express”. El Universal lo hace con “s” y acentuando la “é”. El ingenioso de las redes sociales lo escribió con doble “s”.

Por deformación personal regresé a las palabras de Manlio “me han querido intrigar” y, por la misma vocación, me pregunto ¿quién? y ¿por qué?

 Si es cierto, como creo que lo es, el compromiso de WhatsApp con sus usuarios en el sentido de que, de extremo a extremo, sus mensajes y llamadas telefónicas no pueden ser leídas o escuchadas por nadie, ni siquiera por la empresa propietaria de la red social, nunca sabremos quién “intrigó” a Manlio; no obstante, creo que el ex líder nacional del PRI tiene alguna idea.

 La “noticia falsa” ya no da para más porque Meade y Beltrones le dieron muerte, el viernes, en Sonora, ofreciendo a los contendientes por el poder la imagen de un PRI unido con su precandidato presidencial, sin embargo, deja más de una enseñanza.

 Mi amigo el gran periodista Federico Arreola, que dirige el sitio noticioso de mayor éxito en Internet, SDPnoticias, me dice que El Universal y yo nos fuimos con la “finta”, pues nunca hubo tal WhatsApp y que, en cambio, circuló, con amplitud, una columna bien hecha y “sin falsedades” de la politóloga Verónica Malo.

 Después de algunos años de dedicarme a observar y escribir de política, creo estar muy viejo para irme con “la finta”, aunque, sin duda, en muchas ocasiones me ha ocurrido, pero en esta ocasión discrepo con Federico.

 En efecto, no existió en El Universal el “Bajo Reserva Express” con acento, sin acento o con una o doble “s”, pero en la red social sí circuló el apócrifo sobre la supuesta inminencia de la incorporación de Beltrones a Morena, molesto porque Luis Videgaray y Aurelio Nuño no le otorgan espacio político.

 No me atrevería a especular sobre el origen de tan absurda especulación, pero tengo derecho a imaginar que el autor no lo hizo para divertirse, sino para deshacerse de Beltrones o colocar a Meade ante la disyuntiva de reunirse con quien, sin existir acusación ni investigaciones judiciales, cierta prensa lo señala como partícipe de una trama corrupta para usar dinero chihuahuense en campañas electorales.

 Por lo que me escribió concluyo que Arreola está convencido de que el autor del texto circulado en WhatsApp se inspiró en la historia que Verónica Malo construyó con base en los poemas homéricos. Según esto, el Caballo de Troya, en realidad “un percherón pura sangre tricolor que aún no entra a Morena, pero creo no tardará en tocar a sus puertas”, es Beltrones.

 Conforme a este cuento, el caso chihuahuense “se enfiló hacia dicho semental aparentando tenerlo contra el precipicio, para que tenga que ‘saltar’ rumbo a Morena” para “sembrar entre sus filas al más priísta de los dinosaurios y después dinamitar por dentro a Morena y a su candidatura…”.

Federico estará de acuerdo conmigo que ni Homero ni los guionistas de Netflix habrían imaginado mejor trama, pero también en que, aun siendo una especulación “bien hecha”, no se puede afirmar que esté elaborada “sin falsedades”.

Bien escrita y con derroche de imaginación, sí, pero nada más, porque parte de premisas falsas. En el PRI, o en el gobierno, no hay un Odiseo capaz de concebir la genialidad de convertir a Manlio en Caballo de Troya y convencerlo, además, de vestirse de Judas para dinamitar por dentro a Morena; Andrés Manuel tampoco es un crédulo Príamo capaz de abrir las puertas de Morena para recibir un regalo letal.

 Beltrones tiene razón, en tiempos electorales se inventa cualquier cosa para conseguir un objetivo. Por ejemplo, presentarlo a él como el traidor que no ha sido, no es y no será.

 Pero en periodismo, todos los tiempos son buenos para significarse aún con las historietas más absurdas.

 Y no, nadie se fue con la finta. En efecto, hay quien, sin inspirarse en Homero ni en Malo, está dispuesto a reventar a Beltrones y a evitar que Meade se convierta en candidato competitivo. De ellos es la tarea de identificarlo.

Fuente: impacto.mx/opinion/con-el-pri-y-con-meade/