Juan Bustillos   |

Sólo para iniciados  |

27 de marzo de 2018  |

 No falta mucho para saber qué pasará el primer día de julio y, en su caso, comprobar si se ajustará a lo dicho en 18 años de campaña presidencial

 En una democracia es apenas rutinario debatir todos los temas, pero resulta ocioso tratándose de obras cuyo proceso de construcción está muy avanzado y cuando su financiamiento es incuestionable y todas las opiniones técnicas, no políticas, coinciden en lo acertado de la decisión.

 Es el caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, cuyo único objetante es Andrés Manuel López Obrador más por razones de pirotecnia electoral que por cuestiones técnicas o económicas.

 Sería de esperar que para frenar el debate sobre el nuevo aeropuerto fuera suficiente lo dicho ayer por el director del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM), Federico Patiño, en especial sobre el blindaje “contra la corrupción” que se está construyendo en la magna obra de Enrique Peña Nieto que inaugurará su sucesor, sea quien sea.

 Pero no será así porque si el candidato de Morena abandona el tema le quedarán solamente la lucha anticorrupción y la mafia del poder como banderas para seguir encabezando las encuestas.

 Patiño explicó que “los inversionistas privados, quienes están financiando buena parte de la obra, exigen transparencia pues, igual que todos los ciudadanos, quieren saber en dónde están invirtiendo su dinero; para eso, al colocar bonos en los mercados financieros para pagar la construcción del aeropuerto, el GACM está obligado a cumplir con requerimientos muy estrictos de revelación de información y transparencia. La transparencia ha sido un eje rector en el desarrollo del nuevo aeropuerto”.

Después de escuchar a Patiño, el vocero presidencial Eduardo Sánchez exclamó que parar la construcción del nuevo aeropuerto “sería una barbaridad”, y no le falta razón; de hecho, con seguridad, ni siquiera López Obrador se cree sus palabras y es muy probable que, si gana, él lo inaugure y, al hacerlo, magnifique sus bondades.

 Hace mucho, Vicente Fox contestó a la pregunta de qué había pasado con muchas de sus promesas de campaña que, palabras más o palabras menos, cuando se está en busca del voto se dice todo lo que la gente quiere escuchar, pero que una vez en el puesto, la realidad se impone.

 ¿Cinismo?, sin duda, pero también realismo.

 No falta mucho para saber qué pasará el primer día de julio y, en su caso, comprobar si Andrés Manuel se ajustará a lo dicho en 18 años de campaña presidencial.

 Es probable que ya al frente del Poder Ejecutivo Federal hasta presente una iniciativa de Constitución Moral, pero se puede apostar que nada podrá hacer para construir refinerías o parar las obras del aeropuerto.

 La realidad suele ser más terca que él.

Fuente: impacto.mx/opinion/la-realidad-es-mas-terca-que-amlo/