Redacción de La Política Online  |  28 de marzo, 2018  |
  • Romero pactó con Döring y quiso amarrar posiciones que correspondían al PRD. Las disputas.

No es ninguna novedad: la Ciudad de México es para Ricardo Anaya uno de los territorios clave para pelear la Presidencia. De hecho, fue una de las motivaciones -junto al Estado de México- para avanzar con el frente junto al PRD, el cual tiene en esos dos distritos gran parte de su estructura. Por eso, los roces que está causando Jorge Romero, cacique azul en el DF, generaron furia inmediata en el equipo del queretano.

Repasemos. La Ciudad es el segundo distrito más importante en peso del padrón de todo el país. Y allí es donde el PRD puede aportar un enorme caudal de votos. Por eso, en este distrito el panismo ha cedido la definición del postulante a la Jefatura de Gobierno, además de la mayoría de las alcaldías, el primer candidato de fórmula al Senado y buena parte de las diputaciones federales y locales.

Las tres delegaciones que reclamó el PAN fueron Miguel Hidalgo, Benito Juárez -hogar de Romero Herrera- y Cuajimalpa. Pero, desde luego, allí también el PRD tiene presencia, por lo que le correspondían otras posiciones, las mismas que ahora Romero no quiere entregar.

Un claro ejemplo es Miguel Hidalgo, en donde el PAN se quedó con la candidatura para la Alcaldía, diputaciones federales (Federico Döring y Mariana Gómez del Campo) y también con las locales. Pero en los 6 concejales serían distribuidos: tres para el blanquiazul, dos para el PRD y uno para MC. Un reconocimiento para la militancia de los otros partidos del Frente.

Pero según explicaron fuentes del PRD, a último momento, Romero cerró un pacto con Döring para entregarle uno de esos concejales, y para recuperarlo planteó que el Sol Azteca cediera uno de los que le correspondía. Perredistas confirmaron a LPO que la tribu ADN respondió que eso no era justo y que estaban dispuestos a dejar el Frente en esa delegación.

La amenaza de los amarrillos fue directa: si Romero no recapacitaba, el PRD podría replegarse y concentrar sus fuerzas en otros territorios, como Álvaro Obregón, Coyoacán o Gustavo A. Madero, históricos bastiones del perredismo. Así, le soltarían la mano a Romero en su propio terruño -BJ- en donde otros liderazgos ya se sumaron a Morena y complicarían a “Los Cachorros”.

Allí está el ejemplo de Paula Soto -ex panista- o bien de Leticia Varela -ex perredista- en Benito Juárez, que podrían complicar a los candidatos de Romero. Lo mismo ocurre con Fernando Aboitiz en Miguel Hidalgo. No parece un buen momento para romper el Frente en esos territorios, cuando los postulantes de Morena crecen bajo la sombrilla de AMLO.

Esta escena se habría repetido en varios distritos, lo que causó una furia inmediata en Ricardo Anaya. En el equipo del queretano no comprenden por qué Romero está tensionando al máximo las relaciones con sus socios del Frente, poniendo así en riesgo la campaña federal.

El problema es que en el CEN están convencidos que la jugada de Romero no sólo afecta a las elecciones locales, sino que podría salpicar el performance de Anaya en la Ciudad, en donde quieren recaudar al menos un millón y medio de votos para restarle potencia a López Obrador en su bastión.