Juan Bustillos  |

Sólo para iniciados  |

01 de abril de 2018  |

 La verdaderamente preocupante es la que podría tener como eje central a las redes sociales, incluida la temida, pero ya descartada por el presidente consejero del INE, Lorenzo Córdova, intromisión de Cambridge Analytica Es probable que el triunfo en apariencia irreversible de López Obrador o la derrota anticipada de Meade no sea otra cosa que una manipulación de datos

 Los mexicanos estamos a tres meses de ir a las urnas con la percepción de que todo está decidido, que el país podría ahorrarse una buena millonada suspendiendo las campañas, al menos las de los candidatos presidenciales, porque Andrés Manuel López Obrador ya ganó y no hay manera de que el resultado electoral sea diferente a lo que una demoledora campaña en redes sociales y medios tradicionales da por consumado.

 En efecto, la decisión del Presidente Peña Nieto de enfrentar la madre de todas las batallas por el poder con un candidato armado sólo con su historial académico, su experiencia administrativa y su incuestionable honestidad, pero sin militancia partidista de ninguna índole, parece a primera vista un experimento arriesgado y hasta hoy fallido, conforme a redes sociales, opinocracia y priístas resentidos, pero el derrotado de antemano, José Antonio Meade, dice que se trata sólo de una leyenda urbana, que el arroz no está cocido, a pesar de las encuestas y del despilfarro de 15 mil millones de pesos en spots de Andrés Manuel y Ricardo Anaya.

 Las elecciones se ganan en las campañas y ésta apenas empieza, dijo Meade el pasado 24 de marzo.

  • SIN DELFÍN

 Desde su destape surgió la controversia porque ocurrió de la manera priísta menos ortodoxa y por su origen sin partido, pero cualquiera está de acuerdo en que la flagrante corrupción de algunos exponentes de la nueva generación priísta, los pleitos en el gabinete, el crecimiento de la inseguridad y las derrotas del PRI en 2016, redujeron el margen de maniobra de Enrique Peña Nieto.

 Además, es un hecho que el Presidente no tenía delfín ni intentó construirlo.

 Si lo fue Luis Videgaray, él se encargó de aniquilarse con su pleito casado con Miguel Osorio Chong (causa de muchos de los problemas del sexenio, entre ellos algunas derrotas del PRI del 2016) y su estilo personal de utilizar el poder que le confió Peña Nieto; pero, además, su gran jugada, la invitación a Donald Trump a Los Pinos cuando sólo era candidato presidencial y él secretario de Hacienda, fue el equivalente a un tiro que le salió por la culata.

 Para remediar el entuerto, el Presidente tuvo que echarlo, aunque no se fue del todo; si regresó a la escena pública para continuar siendo el poder casi omnímodo del sexenio fue porque acertó con su apuesta por Trump; sin embargo, para entonces ya era demasiado tarde.

 ¿Quién más pudo ser el delfín o a quien intentó construir Peña Nieto?

 Miguel de la Madrid no tuvo delfín, pues Carlos Salinas se construyó a sí mismo; al de éste, Luis Donaldo Colosio, lo asesinaron en Lomas Taurinas, y el de Felipe Calderón, Juan Camilo Mouriño, murió en un avionazo.

 A Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia y secretario de Educación Pública, lo perdió ¡quién lo dijera! ser priísta en tiempos en que el PRI y el gobierno permitieron que el priísmo se convirtiera en sinónimo de corrupción, y el Presidente se convenció o fue convencido de que el electorado rechazaría a un militante así se llamara Manlio Fabio Beltrones, Miguel Osorio Chong, José Narro o Nuño.

 Mera especulación, lo cierto es que la Corte o la realidad impuso a Meade por default.

 Es posible que fuera él quien convenciera al Presidente, pues sus aspiraciones no nacieron cuando Videgaray lo destapó ante el cuerpo diplomático acreditado en México, sino desde que fue enviado a Desarrollo Social. Estaba tan entusiasmado que al ingresar a Hacienda por segunda ocasión se preocupaba por medir el efecto que el “gasolinazo” tendría en sus posibilidades.

  • CUIDADO CON LAS REDES SOCIALES

 Pero estos son secretos propios de toda sucesión que, poco a poco, ser irán revelando. Lo que importa es el presente y éste está marcado por la percepción del triunfo de López Obrador y la derrota de Meade.

 Pero también la incertidumbre sobre el futuro de Anaya del que ya nadie habla porque la PGR recibió órdenes de parar las filtraciones periodísticas, porque no ha encontrado el elemento definitivo que vincule al panista en el lavado de dinero queretano, por lo peligroso de tomar una decisión en estos tres últimos meses de campaña o porque hay una conspiración del PRI y el PAN para no dejar pasar a Andrés Manuel.

 Acudo a propósito al verbo conspirar porque es la marca de la temporada. Nadie que se precie de ser alguien en los medios de comunicación puede navegar sin su propia conspiración, y el lector medio, tanto de la prensa tradicional como de las redes sociales, prefiere las conspiraciones a la verdad.

 Las hay para explicar todo y para satisfacer todos los gustos; son tantas que sería absurdo registrarlas aquí. Que nos baste con la más hilarante de todas, la entablada entre PRI y Morena para cerrar el paso a Anaya. PRIMOR, le llaman.

 Pero la verdaderamente preocupante es la que podría tener como eje central a las redes sociales.

 El presidente consejero del INE, Lorenzo Córdova, ha dicho que no opera en México Cambridge Analytica, la empresa que definió la separación de Inglaterra de la Unión Europea y fue definitiva en la creación de la llamada “derecha alternativa” que llevó a Trump al poder, pero alguien debe cuidar que no se entrometa en el proceso electoral mexicano.

 Quien lo dude debe leer la entrevista que Pablo Guimón, del periódico El País, hizo a Christopher Wylie, a quien el diario define desde las primeras líneas: el “Cerebro de Cambridge Analytica (CA), se atribuye un papel decisivo en las victorias de Donald Trump y del Brexit. Puso en marcha la más eficaz maquinaria de cultivo de datos personales al servicio de la política”.

Después de leer su historia sobre la manipulación de la circulación de datos en Internet para definir campañas políticas tan importantes como el Brexit o la elección presidencial de Estados Unidos, las conspiraciones caseras nos parecen juego de niños.

 Es probable que el triunfo irreversible de López Obrador o la derrota anticipada de Meade no sea otra cosa que una manipulación de datos.

 En los próximos tres meses lo veremos.

Fuente: http://impacto.mx/larevista/la-guerra-de-las-conspiraciones/