Por: Zaira Rosas  |

1o de abril, 2018  |

En este momento muchas eventos tienen lugar en  nuestro entorno, personas mueren, personas nos espían, otras analizan los datos del espionaje, la inseguridad en el país se incrementa de golpe, el agua se acaba y sólo estamos hablando de las vacaciones y el inicio de las campañas electorales. No estamos prestando atención a aquello que nos molesta ni a lo que nos asusta, pasamos de lado a los datos que pueden determinar nuestro rumbo y por ende no actuamos según las crisis por venir.

Comencemos con el ambiente, la semana pasada recibí fotografías que documentaban un ecocidio en las playas, el uso de los mares como fuente de descarga de desechos está contaminando uno de los líquidos más preciados para la humanidad, el agua. Pero el terror no es sólo que el agua se contamine, el problema es que realmente se está agotando y no estamos actuando al respecto, pocos son los ciudadanos con consciencia que cuidan cada gota del grifo y toman duchas breves para no desperdiciar lo más necesario. Además del agua, nuestro afán de avanzar nos ha llevado a un deterioro ambiental terrible en el que los daños que hemos hecho al planeta comienzan a afectarnos, pero pretendemos que todo sigue igual, ignorando los factores como si tarde o temprano no fuesen a alcanzarnos.

Esa misma actitud de distracción aplicamos cada que aceptamos términos y condiciones sin siquiera leerlos, cuando entregamos nuestra información de manera voluntaria para que después podamos ser manipulados al más puro estilo de Edward Bernays desde los años 20. Para quien no lo sepa, Edward Bernays fue un gran manipulador de masas, analizando a la población les influenció para que fuese socialmente aceptado que las mujeres fumaran, logró influenciar con sus análisis la vida política, la percepción de cada ciudadano de Estados Unidos pasó por su investigación, derivando en que múltiples marcas y figuras de poder le contrataran.

Edward Bernays falleció en 1995, pero sus enseñanzas perduran y ahora en tiempos digitales, conocer a cada uno de los sujetos de estudio resulta mucho más sencillo. Voluntariamente como usuarios de redes sociodigitales e internet, entregamos una infinidad de datos que pueden decir a cualquier experto, qué nos gusta, cuáles son nuestros mayores miedos y cómo manipularnos. Esta gran ventana de oportunidad fue detectada por “Cambridge Analytica” la empresa que pudo ser responsable del triunfo de Donald Trump, del Brexit en Reino Unido y que también señala haber participado en elecciones de América Latina, incluido México entre los países estudiados.

Hablar de Cambridge Analytica es necesario, no sólo porque hablamos de manipulación de electorado, sino porque además de esta empresa existen muchas otras que se dedican al mismo análisis de algoritmos que determinan cómo actúan las personas. El debate de si esta acción es ética o no, lo dejo en manos del lector, pero la reflexión de qué estamos haciendo con nuestra información es obligación de todos.

Es nuestro deber como usuarios ser conscientes de qué datos aportamos a los demás, de si nos dejamos convencer con noticias falsas porque no somos capaces de realizar pequeños procesos de verificación o si ventilamos hasta lo más íntimo de nuestra persona creyendo que todo queda privado (nada en internet lo es). Las decisiones que tomemos sobre el próximo proceso electoral pueden estar influenciadas por los aspectos más sencillos como las noticias que leemos, las conversaciones que escuchamos, nuestros deseos y también la publicidad, quizás por ello convenga prestar atención a lo que no nos agrada, a los partidos que no habíamos considerado, pero también a lo más profundo de sus propuestas, sus aliados y por supuesto la historia de cada contendiente, no veamos sólo al candidato de frente, alcemos más la vista para poder entender todo lo que hay detrás y lo que puede llegar con ellos en un futuro.