Economía sin lágrimas  |

Ángel Verdugo   |

5 Abr, 2018  |

No pocos afirman hoy que la victoria de López es un hecho consumado. Es tan absoluto su juicio, que sus promotores no dejan el menor resquicio para la duda de dicha victoria. Por lo tanto, ¿qué esperarían al hacer esa afirmación la cual, por decir lo menos, es prematura? ¿Acaso es la declinación de los otros tres (que buscan lo mismo) en favor del que ya ven como ganador, lo único que restaría por hacer a Anaya, Meade y Zavala?

Sin embargo, por más énfasis que pongan en sus afirmaciones los que lanzan aquella exageración, la experiencia dice algo diferente. El triunfalismo en lo electoral, en no pocas ocasiones ha dejado en ridículo a quienes lo propalan, por muy convencidos que hayan estado y, por más cifras y porcentajes que las encuestas arrojen.

Las más de las veces, afirmaciones como la que señalo (la inevitabilidad de la victoria de López), han probado que la calentura y/o la precipitación son muy malas consejeras, y contribuyen a la derrota del que ya daban por seguro ganador.

Hoy apenas llevamos cinco días de campaña; poco hemos visto de sustancia a los cuatro que buscan la Presidencia de la República. Si usted me apurare para ser un poco más preciso, diría que lo único visto de ellos son ocurrencias, además de las ya conocidas promesas incumplibles. También, ¿cómo iba a faltar en una campaña por la Presidencia de la República, una muy elevada cantidad de tonterías?

De los cuatro (si bien alguien podría decirme que es poco tiempo para calificar a dos de ellos), me siento obligado a afirmar que dos –Meade y Zavala–, ya nada tienen que hacer en la campaña. ¿Por qué? Simplemente porque, con lo visto de los dos, tanto en la precampaña como en la intercampaña del primero, y en los cuatro meses de recolección de
firmas de la segunda, ya tenemos más de lo necesario para darnos cuenta de su triste realidad la cual, más temprano que tarde, deberán reconocer y aceptarla.

Si así lo hicieren, quedarían en la campaña por la Presidencia de la República 2018 en el único papel justo para ambos: proveedores de votos útiles. No dan para más; las razones en ambos casos difieren, pero conducen al mismo resultado: votos útiles, los cuales podrían ser negociados a cambio de ciertas concesiones.

¿Lo harían? ¿Incluso la declinación en favor de otro candidato? Eso dependería de la honradez intelectual de cada uno, y de poner en segundo lugar su abollado ego y sus fobias –particularmente fuertes en el caso de Zavala–, para privilegiar la negociación que llevaría al voto útil y lograr así, de manera definitiva, la salida de López de la política, desde donde ha hecho muchísimo daño al país y a la vida democrática y la modernización política.

Ahora veamos la situación desde una posición diferente. Si usted estuviere de acuerdo conmigo, en el sentido de que la victoria de López no está definida para estas fechas, tendríamos entonces dos posibles salidas. Una, que usted piense que de todas formas López ganaría la elección y, la otra, en oposición a su idea, que sería la mía, que López puede perder la elección. ¿Qué hacer entonces para obtener la victoria de Anaya?

Entonces, pienso, ésta sería la pregunta adecuada: ¿Declinarían Meade y Zavala, o simplemente llamarían a votar en favor de Anaya?
Y de estar dispuestos a hacer una u otra cosa, ¿lo reconocerían, y negociarían ambos con Anaya?

Para concretar esto que a no pocos parece un sueño, sería obligado que Anaya, Meade y Zavala fueren suficientemente inteligentes y humildes para aceptar su suerte, y así poder generar una alianza invencible que buscaría derrotar –clara e inobjetablemente–, al que no se cansa de sembrar discordia y confusión, además de pretender vender el pasado como el mejor de los futuros.

Por lo pronto, López ayuda mucho –con sus dichos y posiciones– para ser derrotado; va muy bien, y yo esperaría que así siguiere.

Fuente: DINERO EN IMAGEN |dineroenimagen.com