RAÚL CONTRERAS BUSTAMANTE  |

Corolario  |

07 de Abril de 2018  |

Las relaciones entre México y Estados Unidos están viviendo uno de los peores momentos de la historia reciente. Al mismo tiempo de estar negociando la modernización del TLC, el inefable presidente Donald Trump, en una de sus últimas declaraciones desafortunadas, señaló: “Vamos a resguardar nuestra frontera con militares. Será un gran paso”.

Ante su fracaso político para conseguir el apoyo legislativo necesario para que se le autoricen fondos para financiar su necia propuesta de levantar un muro fronterizo —sin crear políticas públicas que combatan el grave consumo de enervantes dentro de su población, su negativa a limitar la fabricación y venta ilegal de armas ni tampoco poder resolver la demanda de mano de obra que tiene ese país— su respuesta y salida fácil fue amenazar a México.

 Nuestra convivencia con el país más rico y fuerte del mundo —desde el punto de vista militar— siempre ha sido difícil y muchas veces traumática. La actitud imperialista e intervencionista pareció cambiar a partir de la suscripción del Tratado de Libre Comercio con ese país y Canadá.

 Pero el ascenso al poder de Trump vuelve a abrir viejas cicatrices que creíamos que se habían borrado. El papel de amigos, socios y buenos vecinos está siendo destruido por las amenazas, injurias y agravios basados en la asimetría económica y militar entre ambas naciones, pero, sobre todo, por la soberbia e ignorancia del mandatario.

 A pesar de que juntos tenemos la frontera terrestre con más afluencia en el mundo —Tijuana y San Diego—, también nos une un intercambio intenso en materia económica, cultural y política. Pero pareciera que tendremos que volver a enfrentar el imperialismo yanqui como en épocas pasadas.

 Militarizar la frontera es una violación a los principios del Derecho Internacional Público que se encuentran contenidos en la Carta de Naciones Unidas y, con ello, enrarece las relaciones y la cooperación internacional entre los dos pueblos. Lo peor es que no solucionará el problema y sólo conseguirá que los migrantes y narcotraficantes busquen rutas cada día más peligrosas, así como fomentar la corrupción e inseguridad dentro de ambas naciones.

 La respuesta del presidente Enrique Peña Nieto es digna de felicitar: “No vamos a seguir negociando a base de amenazas y miedo… Ante todo, deberá estar la salvaguarda del interés y la soberanía nacional y… Nada ni nadie por encima de la dignidad de México”.

México se ha ganado un lugar dentro del marco internacional a lo largo de la historia enfrentando las prácticas ventajosas y abusivas de Estados Unidos. Lo anterior se ha plasmado en principios jurídicos relacionados en la fracción X, del artículo 89 de la Constitución: la libre autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

 Hoy, estos principios filosóficos y la Unidad Nacional de los mexicanos serán nuestro escudo en contra de esta agresión injustificada e inmerecida.

 Como Corolario la frase del expresidente español Adolfo Suárez: “Quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio muy caro”.

http://www.excelsior.com.mx/opinion/raul-contreras-bustamante/militarizacion-de-la-frontera/1231031