Federico Berrueto   |

 Juego de espejos   |

 15 de abril de 2018   |

 Los empresarios y la jerarquía católica no hayan cómo hacer valer su caso frente a un escenario ominoso del que, por su complacencia, en buena parte han contribuido a que se haga presente. Se les dificulta encarar la demagogia de López Obrador por el miedo de agraviar a quien pudiera ganar las elecciones o por el costo de la descalificación. Lo mismo le está sucediendo a una parte de los medios de comunicación. El escrutinio es ambiguo y a veces cifrado. No lo entiende quien más importa: el electorado.

 Margarita es la buena cara de los candidatos independientes. Jaime Rodríguez, la peor; llega por una resolución judicial cuestionable en extremo; el Tribunal Electoral se ha puesto en entredicho a sí mismo. Fue una votación dividida, que al día siguiente la cargaron contra la PGR en el tema de Ricardo Anaya para salvar un poco de cara. El gobernador de Nuevo León es candidato del Tribunal, cualquiera que sea la voluntad que influye en las determinaciones de éste. El valor de Margarita es que puede dirigirse a empresarios, medios y jerarcas religiosos con una franqueza y autoridad que ninguno de los contendientes comparte.

 Es un drama el de la élite y de muchos otros. Sienten que Meade sería un buen presidente y que López Obrador sería un retroceso en muchos sentidos. La complacencia de ellos significa que el candidato de la demagogia continúe cosechando voluntades y reafirmando las que ya tiene sin estar sujeto al escrutinio propio de una democracia deliberativa. El candidato se puede negar sin asumir costos a lo básico: transparentar la situación patrimonial personal y de la familia inmediata. El silencio es cómplice y es plataforma de asenso para un personaje singular, del que la pluma de Aguilar Camín nos ha dado una espléndida aproximación en días pasados.

 La realidad es que nadie está para dar lecciones de probidad. No lo puede hacer la Iglesia y ellos lo saben: además de los escándalos de siempre, pero ahora públicos, la corrupción y la connivencia con el crimen organizado allí están presentes. Los empresarios dejaron de actuar desde hace tiempo como clase y han perdido independencia y autoridad respecto a la política; y a los medios cada vez se les ve más condicionados por la lógica de empresa en un entorno complicado por la irrupción digital.

 En este contexto, la entrevista de MILENIO al candidato con ventaja en las intenciones de voto es uno de los eventos más relevantes de la tarea de escrutinio de la sociedad a los candidatos presidenciales. Es deseable que evento análogo se repita con otros candidatos y que los encuentros de los candidatos con empresarios, religiosos y medios tengan este ejercicio de intercambio a manera de mostrar de lo que están hechos en realidad los que piden el voto.

 La comunicación política institucional de las elecciones va a contrapelo del voto informado; los promocionales de radio y tv así lo demuestran, también los eventos mediáticos de los candidatos dominados por el monólogo y en algunos casos por la demagogia. A contrapelo, son encomiables los encuentros que realizan los representantes de los candidatos en medios como los que conducen Carlos Loret y Joaquín López Dóriga.

 De lo que se trata es de dar espacio a la democracia deliberativa; desde luego que no es garantía para un voto informado, pero sí es un componente indispensable al menos para que los electores tengan una mejor idea para decidir qué aceptan y también qué rechazan.

 Los interesados desde la sociedad deben hacer valer con mayor claridad su postura frente a las propuestas de los candidatos, qué sí y qué no. Nada de esto afecta la equidad o la legalidad de la elección; lo propio es que los intereses se muestren y definan públicamente. Señalar, como ha ocurrido recientemente, que lo de congelar precios de combustibles o los precios de garantía tiene efectos desastrosos para la economía.

 De la misma forma debiera opinarse sobre la postura de interesados respecto a la idea de conceder amnistía a los capos criminales como vía para alcanzar la paz o acabar con la evaluación educativa como recurso público para mejorar la calidad de los mentores. Regalar dinero a los jóvenes desempleados o a segmentos de la población en dificultad sin un sustento en los ingresos es abrir la puerta grande al colapso económico. Eso se debe decir con claridad no solo por los adversarios de quien ofrece de manera irresponsable, sino por la sociedad organizada.

 La deliberación y el escrutinio es deficiente precisamente por la omisión y el silencio respecto a las posturas de los candidatos. Las elecciones no son temas de políticos, sino de la sociedad respecto al poder. Una sociedad complaciente es caldo de cultivo al deterioro político. Eso vale en la circunstancia actual y desde luego para el mañana.

 http://www.milenio.com/firmas/federico_berrueto/empresarios-medios_comunicacion-iglesia-amlo-elecciones-tribunal_electoral-voto_18_1158064201.html