López Obrador encabeza las encuestas. No por ser mejor que los otros candidatos.  Va arriba porque lleva catorce años de campaña. Porque luego de sus derrotas en 2006 y en 2012 se victimizó con fraudes inexistentes -y nos encanta identificarnos con las víctimas. Apareció en más de dos millones de spots antes de que comenzaran las campañas. Burlándose de la ley, su rostro estuvo en todos los carteles de todas las candidaturas de Morena. Mientras los otros candidatos trabajaban, él se dedicó —con dinero pagado por el Estado— a recorrer el país varias veces para hacerse promoción. ¿Cómo no iba a estar arriba en las encuestas?

 Pero este no es el único factor, por supuesto.  Va arriba en las encuestas porque la gente tiene ganas de creer. Más que razonar los motivos de su preferencia, más que ponderar con detenimiento sus propuestas, cansados de las promesas que la democracia les ha incumplido, la gente necesita creer.

 Necesita, por ejemplos, creer que su gobierno en el Distrito Federal (2000 a 2005) fue ejemplar, pese a que tuvo que abandonar su cargo por desacato a la ley.

 Aunque su bandera es la lucha contra la corrupción, abundaron los casos de opacidad durante su administración (como la adjudicación de los multimillonarios contratos del segundo piso a quienes luego serían donantes de su campaña), y de transa: Bejarano, Imaz, Ponce. Pero a sus seguidores estas evidencias no parecen hacerles mella. Gracias a esto López Obrador puede seguir mintiendo con la tranquilidad de quien confía en la poca memoria social.

 En la reciente entrevista colectiva organizada por Milenio, se comprometió a reducir entre el 30 y el 50% el índice delictivo en el país, tal como, según él, lo hizo cuando fue Jefe de gobierno capitalino. Sin embargo, durante su gestión el número de delitos tuvo un incrementó histórico. Según datos aportados por la SSP, el DF ocupó el segundo lugar nacional con el mayor número de violaciones sexuales entre 2000 y 2002; mientras que de 2003 a 2006 se colocó en la tercera posición, después del Estado de México y Veracruz. De los más de tres mil homicidios ocurridos de 2001 a julio de 2005, el 50% quedó sin resolver. De acuerdo al INEGI,  entre 2001 y 2004 se observó un incremento en el número de asesinatos de mujeres. En el renglón de las extorsiones,  éstas se incrementaron de 2.27 por cada 100 mil habitantes en 2001 a 5.22 cuatro años después.

 Otro punto crucial es la educación. AMLO lo ha repetido una y otra vez: va a derogar la reforma educativa. Según él, la actual reforma no es educativa sino laboral, porque como primer paso se impuso la evaluación a los maestros. Omite mencionar que esto se hizo para poner fin a una de las peores prácticas del sindicato que era la venta y herencia de plazas.

 ¿Cuál es la propuesta educativa alterna de López Obrador? Para no caer en especulaciones, basta mirar lo que hizo cuando fue Jefe de Gobierno. Su mayor logro fue la creación de la UACM, cuyo principal función no es brindar educación de calidad a los jóvenes sino sacarlos de las calles. No quiere vagos sino fósiles (como él mismo, que tardó quince años en titularse.) Para AMLO, la UACM fue “una de las grandes obras de su sexenio”. Recordemos: en sus primeros 10 años de existencia, de más de 11 mil alumnos inscritos sólo se titularon… 47 estudiantes. Ante la constante crítica de esos pauperrimos números, los directivos de esa institución aceleraron el paso. Actualmente, “de un total de 51,333 alumnos, se han titulado 699, es decir, el 1.36%” (El Financiero, 27/5/15). ¿Por qué esos bajos números? Un egresado de esa universidad gana entre 3 y 4 mil pesos. La causa principal de la baja titulación son las becas y el seguro médico que reciben los estudiantes. A decir de Hugo Aboites, rector de la UACM, a los “jóvenes no les conviene dejar de estar inscritos y con una beca y enfrentar el mercado laboral hostil. Si se gradúan, pierden el Seguro Médico Facultativo del Seguro Social y eso es una cuestión seria” (La Crónica, 13/6/17). Según el reportaje de El Financiero citado, las aulas de la UACM suelen estar vacías y en sus planteles abunda la venta de droga.

 La oferta educativa de López Obrador es más un gancho electoral que una propuesta con visión de futuro. Con becas y seguros ¿quién querría dejar de ser “estudiante”? Con la ampliación de los cupos de admisión que él plantea, las universidades perderán el alto o mediano nivel educativo  que tienen hoy día. Si el fin es sacar a los alumnos de la calle, la UACM es un excelente ejemplo —con su alto ausentismo, su alto nivel de adicciones y su casi nula aceptación en el mercado laboral— de cómo una irresponsable política populista puede causar más daño que bien. Si el futuro de un país se determina por la educación que hoy reciben los jóvenes, estamos condenados (si tenemos la mala fortuna de ser gobernados por un demagogo) a un futuro desastroso. Y es que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

(Publicado en El Financiero el 26.03.2018.)