Marco V. Herrera   |

abril 18, 2018   |

Parte de la estrategia de las campañas consiste en que voceros de los candidatos se presenten en diversos programas de los medios de comunicación y digitales para dar a conocer las propuestas.

Seguramente te has encontrado en los diferentes programas de la televisión o el radio con los famosos debates políticos, en donde cada representante de los partidos defiende las propuestas y posiciones políticas de su coalición o candidato. Hoy tenemos al aire a los coordinadores de campaña o a los diferentes representantes de los distintos ejes temáticos hablando en nombre de su grupo político correspondiente, esto por la imposibilidad de los candidatos oficiales de poder presentarse en cada uno de los programas.

Lo curioso es que con tanto cambio y brincos que han dado los políticos de un partido a otro, y con la renuncia a sus ideologías, se enfrentan personalidades políticas que alguna vez fueron compañeros de partido o que provienen de la misma corriente y ahora defienden una postura política distinta, por lo que ante los ojos de la audiencia se convierten en simples paleros al servicio de una causa a la cual seguramente en el pasado fueron contrarios y hasta criticaron fuertemente en los medios. En una entrevista a tres representantes políticos que escuché la semana pasada, me dio la impresión de que asistía más bien a un simple debate de paleros que ahora defienden una causa distinta y, por son consecuencia, ponen en duda su credibilidad e ideología, incluso la integridad de cada uno de ellos.

Todos conocemos lo que significa palero, no obstante, para ser más claro aquí les ofrezco tres definiciones de lo que se entiende en Latinoamérica por el concepto: “Persona que ayuda a otra, fingiendo no conocerla, a hacer trampas en juegos de azar o de destreza”, o “persona que favorece o ayuda a alguien en términos de público que aplaude en representaciones artísticas o en mítines políticos”, o “ayudante convenenciero de grupos o de dirigentes políticos”.

En este proceso electoral nos encontramos casos muy curiosos como el de Tatiana Clouthier, ex militante del PAN, quien defiende a AMLO; o el de Jesús Ortega, del PRD, quien hace lo propio con el candidato del PAN. Aún más, en estas discusiones se enfrentan a sus antiguos compañeros y sin querer salen a relucir los viejos trapitos y las trampas que hacían, lo que produce que los debates denigren en pleitos de vecindad, lo cual no abona ni al desarrollo de la política ni al de la democracia.

Ahora más que nunca queda claro que el sistema de partidos ya no es funcional, la responsabilidad es de los políticos que intentan ocultar sus intereses ambiguos con una máscara de legítima convicción política y su renuncia a las ideologías; por lo que estos debates resultan simples fiestas de paleros que se tiran hasta el molcajete y echan por la borda las propuestas y principios que deberían defender. Además, hay que añadir que una buena parte de su defensa la sustentan mediante las famosas encuestas, cada partido tiene una hecha a su medida, la cual le sirve para descalificar a la del partido de enfrente, es decir, según su encuesta todos aseguran que ganarán las elecciones, mientras nosotros, la audiencia, sólo apreciamos una confrontación vulgar a través de los medios de comunicación.

Y esto acaba de empezar, ya veremos cómo se agarran del chongo en los debates oficiales.

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