• ¿Te habías puesto a pensar que tienes que cuidarte de no comprar comida falsa? Es mucho más común de lo que crees.

De finanzas y otros demonios   |
Por Edith Esquivel   |

25 Abr, 2018  |
La falsificación de alimentos es más lucrativa que el comercio de drogas mundial, pues este asciende a solo 400 mil millones de dólares mientras que el fraude de comestibles es un mercado de más de un billón de dólares y representa el 10% del comercio mundial de alimentos.

La producción de alimentos es un proceso complicado que suele involucrar a varios países en la producción, transporte, procesamiento y venta, lo que da muchas oportunidades al crimen organizado para generar ganancias con productos falsos.

Para empeorar el problema, las autoridades no toman este crimen con seriedad: las sentencias más drásticas en Europa, donde se han hecho esfuerzos para luchar contra este crimen, son de uno o dos años de cárcel.

Lo más seguro es que consumas comida falsa cotidianamente. Para darte una idea de la dimensión del problema, mencionaré la entrevista a Chris Elliot, experto en integridad de alimentos y fundador del Instituto para la Seguridad Alimentaria Global.

De acuerdo con sus investigaciones, las mafias compran grandes cantidades de alimentos de baja calidad y los reetiquetan como productos costosos. Por ejemplo, la mafia italiana está involucrada en la distribución de aceite de oliva falso y quesos gourmet.

El impacto es tremendo: se calcula que el 70% de los aceites de oliva que se venden en cadenas de supermercados son falsos. En la mayoría de los casos, los supermercados no están conscientes de que están vendiendo productos piratas.

El problema es tan grande que algunas mafias están comprando compañías procesadoras de alimentos completas que fabrican los productos legítimos de día y los falsos por la noche, a lo que le llaman “el doble turno”.

Pero incluso compañías antiguas y establecidas suelen engañar a los consumidores sobre la calidad de sus productos. Por ejemplo, Kraft explota el nombre “parmesano” para vender sus quesos que no solo no tienen nada que ver con el Parmigiano Reggiano, sino que además contienen un 20% o más de pulpa de madera.

Si lees bien su etiqueta, ellos venden: “queso tipo parmesano”.

¿Qué se puede hacer para reducir la probabilidad de ser víctimas de esta nueva amenaza al bolsillo y la salud? A continuación te presento 4 estrategias:

1. Elige alimentos ancestrales y sin empaque

El fraude no suele suceder en las tiendas, sino en las cadenas de distribución. Por ello, entre menos procesada tu comida y entre más cercano su origen, mejor. ¿Cómo saber qué tanto procesamiento tiene tu comida?

Los alimentos que siempre han estado ahí y que tienen poco o nada de empaque suelen ser los más naturales.

Si los compras directamente a productores locales que conozcas, es aún mejor.

Por ejemplo, en el caso del queso parmesano, si compras una barra de queso y la rayas en casa te asegurarás de no pagar por consumir un 20% de madera.

Quizás el precio sea más alto, pero si hay algo en lo que no conviene escatimar es en tu salud.

Igualmente, la margarina es un producto relativamente nuevo que tiene mucho más procesamiento que la mantequilla, con sus 4500 años de historia.

No es coincidencia que la mantequilla sea mucho más saludable que la margarina.

2. Identifica los alimentos más propensos a ser falsos

La regla anterior no puede aplicarse para todo, y un ejemplo es el aceite de oliva, que a pesar de ser muy antiguo y de que su empaque es una sencilla botella, es uno de los más “pirateados”, en parte porque su consumo es muy generalizado y porque es difícil detectar cuando no es legítimo.

Yo opto por el aceite de coco, porque es más sencillo detectar cuando es falso o de mala calidad.

Es importante aprender a reconocer qué alimentos son más fácilmente falsificados, para medir riesgos y determinar si sería mejor sustituirlos por otros.

Investiga uno por uno los ingredientes que más utilizas. Como guía general, además del aceite de oliva, algunos de los alimentos que suelen ser falsos son la miel, bebidas de dieta, bebidas alcohólicas, arroz, pescado, carne, embutidos y otros productos de alto precio.

Los saborizantes y especias piratas son especialmente peligrosos pues suelen contener ingredientes cancerígenos para añadir más color y sabor.

3. Lee bien las etiquetas, y deja que tu paladar te guíe

Si tu leche dice: “fórmula láctea”, es probable que no sea leche. Sin embargo, no te confíes de lo que leas en un envase, pues entre el 25 y 70% de los productos alimenticios no contienen lo que indica la etiqueta.

Lo peor es que ni siquiera los productos con sello “Denominación de origen protegida”, que indican el origen geográfico de un producto en particular, han escapado de la piratería.

Además de investigar los productos, deja que tu paladar te guíe: si un alimento te sabe extraño, muy artificial, o con una consistencia distinta, ten cuidado.

También puedes crear tus versiones caseras de alimentos procesados, para darte cuenta de si existe diferencia entre el sabor más “natural” y el que te ofrece una compañía.

Por ejemplo, la mayoría de las cátsups en el mercado no tienen suficiente tomate para ser consideradas como tales. Si haces tu propia cátsup notarás la diferencia y difícilmente volverás a comprar el producto industrializado.

4. Elige marcas y fábricas reconocidas

Como ya expliqué, comprar marcas reconocidas en tiendas grandes o prestigiosas no es garantía de nada, pero en algunos casos puede reducir tus riesgos de comprar alimentos falsos.

Por ejemplo, si no conoces a tu productor local de miel, será mejor que investigues cuáles son las marcas con mejor reputación. Es sabio ser desconfiado de los pequeños productores cuando se trata de alimentos fáciles de falsificar como la miel.

La revista del consumidor es una aliada invaluable, pues puedes consultar en línea su inagotable acervo de pruebas de calidad de todo tipo de productos, incluyendo los alimenticios.

Por ejemplo, usé las palabras “revista del consumidor” y “miel” en el buscador y el primer resultado fue el estudio completo sobre marcas de miel en el mercado mexicano. Para verlo da clic aquí.

Por otro lado, algunos pequeños productores mexicanos de alimentos orgánicos que se venden en los supermercados tienen una calidad superior que es evidente en el sabor del producto. Yo consumo yogurt, cátsup y quesos de marcas mexicanas orgánicas, y saben mucho mejor que las marcas populares. Vale la pena probar algunos de ellos para concluir si sus precios más altos están justificados.

En general, mostrar más interés en el origen y calidad de los alimentos que consumimos, ser escépticos, e investigar sobre cada uno de ellos tendrá excelentes efectos en la salud y bolsillo. Y tú, ¿qué alimentos falsos te has encontrado?

Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista.

Fuente: DINEROENIMAGEN.COM