Marco V. Herrera | abril 25, 2018 |

Es un gran pleito definir al ganador del debate, equipos de campaña y partidarios afirman que sus candidatos triunfaron, las encuestas dan datos contrarios, más allá de esto ¿Para que sirvió?

Los debates son un elemento más dentro de una elección, la regla de la mercadotecnia política dice que no afectan de gran manera a las decisiones de los electores y que sólo afectan la percepción y hasta ciertas actitudes de los electores. A pesar de esto hay ejemplos que se toman para marcar el peso de lo que implica y afecta un debate en un proceso electoral, como el caso del debate entre John F. Kennedy vs. Richard Nixon, en donde el candidato Kennedy se vio más joven, ágil y con respuestas más directas contra un Nixon, que se vio cansado y lento en sus respuestas; o en el caso de México el gran desempeño que tuvo Diego Fernández de Cevallos en el debate de 1994, a quien se le dio por ganador en esa ocasión.

En días pasado vimos el primer debate presidencial y se han desatado todo tipo de resultados, apreciaciones, encuestas, mediciones, opiniones, memes, nadie se pone de acuerdo en quién lo ganó, lo que a mí parecer indica dos cosas, primero, los candidatos siguieron sus estrategias con base en sus objetivos y la situación de sus mediciones, por tanto no hubo grandes sorpresas, era el lugar y hora para posicionar y reconfirmar todo lo que han venido diciendo en sus campañas, fue su posicionamiento base al inicio de campaña y ante una gran audiencia se debía de ser congruente con la campaña, por tal motivo no iban a traer o presentar nada nuevo.

Y segundo, las expectativas de los electores, militantes, votantes, opinólogos, etc., es muy alta, ya que en los comentarios generales ninguno arrasó, nadie hizo una presentación espectacular y ninguno acabó de convencer, no hubo una gran contundencia en sus actuaciones. Quiero imaginar que la opinión pública quería sangre, contundencia, descabezados o no sé qué, pero a nadie dejó satisfecho, lo que también indica que inicia la polarización de las ideas y los partidos.

Independientemente de esto el debate sirvió, para demostrar que podemos construir nuestra democracia de una mejor manera y hacer bien las cosas, el formato del debate es mil veces mejor de los que habíamos tenido hasta ahora y muy superior al formato que se tuvo en el debate de la CDMX. Aunque la gente no encuentre un ganador contundente, es importante mencionar que seguramente para el grupo de los indecisos debió de haber servido mucho, primero para comprobar o validar si su percepción de los negativos no es lo mismo ver un debate para comprobar si mi candidato está desempeñándose bien ante los demás votantes, a un indeciso que quiere ver si mejora o comprueba todo lo malo que piensa de cada uno de los candidatos.

A pesar de toda la polémica que se derivó de este ejercicio electoral, tenemos que entender que seguimos construyendo nuestro sistema democrático a través de las instituciones y el debate esta abonando en su mejora. Faltan dos debates más y seguro los candidatos los utilizarán de diferentes maneras y mejorarán sus exposiciones, démosles a los aspirantes a la Presidencia de la República un voto de confianza para tener mejore resultados en el futuro.

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Fuente: FORBES.COM.MX