Juan Bustillos  |

Sólo para iniciados   |

13 de junio de 2018   |

Antes de viajar a la capital de Yucatán, la gran esperanza del candidato priísta era que anoche pudiera convencer a los indecisos y a quienes ocultan a los encuestadores el sentido de su voto. Él y su equipo dicen haberlo conseguido. No falta mucho para que lo sepamos

En definitiva, el tercer y último debate entre José Antonio Meade, Ricardo Anaya, Jaime Rodríguez y Andrés Manuel López Obrador no cumplió las expectativas, incluyendo a los moderadores.

No faltará quien diga que el ganador fue el candidato de Morena porque se les fue vivo a José Antonio Meade y a Ricardo Anaya, en especial a éste que por segundos lo acorraló con las acusaciones sobre los contratos que otorgó a su constructor consentido cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Lo cierto es que López Obrador no se fatigó demasiado; ocultó su ignorancia sobre la mayoría de los temas manteniéndose en la comodidad de su rol de ofrecer solución a todo combatiendo a la corrupción.

Conforme a la costumbre actuó para sus seguidores repitiendo los chascarrillos y las frases que le hemos escuchado durante años sobre la mafia del poder y el PRIAN.

Empero, con todo a su favor, por momentos parecía inseguro. Tal vez por los temas del debate en los que evidentemente no se sentía cómo, excepto en su posición radical contra la Reforma Educativa que sin duda le redundará en votos que ya tenía de los profesores de la Coordinadora, pero que le puede causar mucho daño en otros sectores de la población.

El obligado a ganar el debate era el candidato del PRI; lo intentó y lo consiguió ofreciendo las mejores propuestas y haciendo caso omiso a las reiteradas provocaciones del candidato panista en el sentido de que lo meterá a la cárcel igual que al Presidente Peña Nieto.

Meade se propuso no caer en provocaciones y lo consiguió; estaba decidido a mostrarse como el mejor preparado para gobernar y quien más dominio tiene de los temas del debate, y lo consiguió.

Por fortuna ya no insistió en su honestidad, en su experiencia en la administración ni en la vida de confort que la familia de López Obrador lleva con cargo al presupuesto de Morena.

Sin embargo, cometió un error de lenguaje jurídico al referirse a Anaya como “indiciado”; hasta donde es posible saber, nadie lo ha citado a declarar ni aparece en esa condición en el caso de Manuel Barreiro, el empresario queretano con el que supuestamente lavó dinero. Quizá lo será, peor esto podría ocurrir a condición de que la PGR se decida a actuar, si tiene elementos. Anoche no lo era.

Quien viajó de turista a Mérida fue “El Bronco”, pero era de esperarse. Su participación en esta contienda sería meramente testimonial de no ser por la manera como consiguió la candidatura y por su propuesta de amputar manos. Anoche intentó superarse invitando a besarse a Meade, Anaya y López Obrador.

El debate no produjo mucho para recordar, excepto que estamos a 17 días de la elección y que López Obrador mantiene la percepción de ser inalcanzable mientras Meade insiste en haber desplazado a Anaya del segundo lugar y promete alcanzar al de Morena.

A alguien que se pasó de inteligente se le ocurrió subir, un cuarto de hora antes del inicio del último debate, los primeros 53 minutos de las grabaciones de Juan Barreiro con “María Ordóñez Silva”, la “empresaria” argentina que le jaló la lengua.

La intención pudo ser provocar nervios en Anaya que llegó al enfrentamiento desconociendo el contenido. Esta tal vez fue la causa de la reiteración en sus amenazas de encarcelar tanto a Peña Nieto como a Meade, pero al final el video en nada impactó en el debate.

Tiene razón el candidato del PRI al sentirse satisfecho de su participación; fue bien diferente al que vimos en los debates anteriores, incluso mejor que sus oponentes.

La cuestión es que, aun estando las encuestas cuchareadas en su contra, requerirá de un milagro para emparejarse a López Obrador aun si es cierta su afirmación de que ya superó a Anaya.

En política los milagros no existen, se construyen, y 17 días no parecen muchos, aunque pueden ser suficientes si los astros se alinean y se conjugan una suerte de factores que requieren de una inteligencia organizativa y una voluntad férrea.

Por lo pronto, López Obrador no cometió anoche el error que pudiera hundirlo; Anaya no pudo ocultar la tensión por los señalamientos mediáticos en su contra, y Meade sigue nadando contra corriente.

Antes de viajar a la capital de Yucatán, la gran esperanza del candidato priísta era que anoche pudiera convencer a los indecisos y a quienes ocultan a los encuestadores el sentido de su voto. Él y su equipo dicen haberlo conseguido. No falta mucho para que lo sepamos.

http://impacto.mx/opinion/meade-el-mejor-pero-falta-muy-poco/