• La próxima recesión en Estados Unidos, la burbuja inmobiliaria de China, la necesidad de refinanciamiento corporativo y las mayores tasas de interés globales son las amenazas que acechan

Por Edgar Amador |

9 de Julio, 2018   |

No se trata de si llega o no. Llegará. La próxima recesión estadunidense, que podría estar acompañada de un tropezón global, arribará. La cuestión no sólo es saber cuándo, sino por dónde. ¿Cuál de los múltiples factores que pueden dispararla, la causará? Englobando en su descenso a la economía mexicana con seguridad. Demos un repaso por algunos de esos factores

Donald Trump disparándose en el pie, levantando aranceles y guerras comerciales a diestra y siniestra. Donald Trump está en una cruzada en contra de lo que Estados Unidos construyó los últimos setenta años: el orden económico multilateral y la globalización. La derecha radical se ha aprovechado electoralmente de la desigualdad y se ha anotado espectaculares victorias contra los liberales, pero por supuesto, equivoca el remedio. En vez de cambiar la estructura impositiva, tan favorable a los abastecidos, engaña a las mayorías haciéndoles creer que sus enemigos son los trabajadores de otros países que, al ganar menos que ellos, están desplazando sus productos por culpa de los bajos costos.

Dado ese diagnóstico, el remedio es la erección de aranceles y barreras comerciales. Bloquear los flujos comerciales, de financiamiento y de ideas nunca ha sido bueno para las economías en el mediano y largo plazo. Ganan las empresas con mayor poder de mercado y pierden los consumidores, y es casi
inevitable que lleve al resurgimiento de la adormilada inflación.

China tratando de desinflar su burbuja inmobiliaria sin que se colapse su sistema bancario; para convertirse en una potencia global China tuvo que forzar la migración del campo a la ciudad (la mayor en la historia de la humanidad), y para albergar la masa de nuevos trabajadores construyó ciudades con millones de viviendas, y las financió. De acuerdo con muchos, el sistema bancario chino padece de una cartera vencida crítica resultado del desbalance entre la oferta y la demanda de vivienda y la capacidad de pago de los clientes al pasar la economía de un crecimiento de 10 por ciento al seis por ciento.

El problema es que la calidad y transparencia de la información económica china no es la mejor y, por ello, los mercados no saben medir bien el tamaño y la oportunidad del riesgo proveniente de ese factor. La mayoría de los analistas piensan que es un problema contenido, y que los hondos bolsillos chinos podrán neutralizar el problema. Pero algunas voces asustadas piensan que la crisis resultante del desfonde hipotecario chino y su impacto en los bancos, podría hacer palidecer a la crisis del 2008-2009.

Las enormes necesidades de refinanciamiento de los corporativos estadunidenses y europeos en medio de una retirada de liquidez de los bancos centrales. La última década se caracterizó por algo peculiar: los principales bancos centrales llenaron de dinero las economías con el fin de evitar una gran depresión. Al haber tanto dinero las empresas emitieron deuda a pasto y hoy, diez años después, justo cuando los bancos centrales están retirando esa liquidez, esos bonos comienzan a vencer.

El problema es un poco peor si pensamos que a esa menor liquidez, que enfrentará un cúmulo de vencimientos, le competirá el gobierno de Estados Unidos para financiar el déficit creciente resultante del recorte de impuestos a los ricos hecho por Trump.

Aquí no hay escapatoria. No hay para dónde hacerse. Menor liquidez y mayor oferta de bonos sólo pueden tener dos resultados. O muchas empresas no podrán refinanciarse, o las tasas de interés se elevarán considerablemente. Y eso nos lleva al último riesgo que queremos comentar.

La siempre latente posibilidad de que la dilatada alza de los mercados bursátiles llegue a un abrupto final. Dos de los tres escenarios reseñados antes parecen converger en un resultado: mayores tasas de interés globales. Ya sea por mayor inflación o por el desbalance entre oferta y demanda de fondos, las tasas de interés de corto plazo parecen enfilarse al alza.

De ser ése el caso, la fragilidad de las bolsas de valores podría pronunciarse, pues la tasa de interés es el factor que, según los análisis, más afecta la valuación de las acciones y los activos financieros. La caída en las bolsas no siempre produce una recesión, pero no es inusual que coincidan. ¿De dónde, de entre estos factores u otro que no estamos mirando, vendrá el estallido de la siguiente recesión?
Fuente: dineroenimagen.com