• La economía mexicana se ha expandido poco más del 2% en el último lustro, por debajo del resto de países emergentes

Por Ignacio Fariza

Ciudad de México, 10 de JULio, 2018 |  El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, se ha fijado este lunes como objetivo que la segunda economía de América Latina crezca a un ritmo medio del 4% anual durante su sexenio. Esta cifra supondría prácticamente duplicar el crecimiento de los cinco últimos años, que ha superado por poco el 2%, una cifra baja para lo que cabría esperar de un país en fase de desarrollo y años luz de los países del Asia emergente. El próximo secretario (ministro) de Hacienda, Carlos Urzúa, ve factible incluso que la economía mexicana alcance una velocidad de crucero del 5% anual en la segunda mitad del mandato.

Tras un encuentro con el jefe de la Confederación de las Cámaras Industriales (Concamin), Francisco Cervantes, López Obrador se ha referido este lunes al exiguo crecimiento no solo en el mandato que está a punto de terminar, sino de lo que él cataloga como el “periodo neoliberal”. “No hemos crecido adecuadamente en los últimos 35 años y esto ha impedido que se puedan crear empleos en el país. A eso se debe mucho el fenómeno migratorio y los problemas de pobreza, inseguridad y violencia”, ha subrayado el líder de Morena ante los principales industriales del país.

“Es fundamental lograr el crecimiento y se necesita el esfuerzo de todos”, ha agregado López Obrador en referencia implícita al sector privado. Las reuniones con empresarios, tras una campaña de acusaciones cruzadas, han sido una constante desde su victoria electoral, el domingo pasado. El talante es otro por las dos partes: ambas son conscientes de que se necesitan y la voluntad, al menos de puertas afuera, es de cooperar y remar juntos.

Prometer una meta de crecimiento entre los objetivos prioritarios del mandato ha sido una constante entre los últimos presidentes de México. El mandatario saliente, Enrique Peña Nieto (PRI), que abandonará Los Pinos el próximo 30 de noviembre, proyectó un crecimiento de entre el 5% y el 6% durante su Administración. En buena medida esa medida emanaría, auguró en 2012, poco antes de ganar las elecciones, de las reformas estructurales en varios sectores clave de la economía mexicana: energía, telecomunicaciones y finanzas, entre otros. El consenso entre los macroeconomistas es que, en efecto, esos cambios legislativos han beneficiado al sector productivo mexicano. Pero no lo suficiente como para cumplir las ambiciosas expectativas de las propias autoridades nacionales y de organismos internacionales como el Fondo Monetario o la OCDE. Y que casi todos los frutos de estas reformas se recogerán en los próximos años.

En los últimos ejercicios la economía mexicana se ha visto impulsada por el buen momento económico de Estados Unidos, a donde se dirigen el 80% de sus exportaciones. Sin embargo, tres factores han frenado su desempeño: la bajada del precio del petróleo en los mercados internacionales -el Brent pasó de 100 a 50 dólares entre finales de 2014 y principios de 2016-; la crisis de producción de crudo por las crecientes señales de agotamiento de Cantarell, su mayor yacimiento; y, en los últimos tiempos, la incertidumbre sobre el futuro del Tratado Comercial de América del Norte (TLC), que une a EE UU, México y Canadá desde 1994 y que pende de un hilo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero del año pasado. Sin la debacle de precios y la merma en los bombeos de crudo la economía mexicana se habría expandido a una tasa media anual del 3,5% en los últimos años, según los cálculos del departamento de estudios de BBVA Bancomer. Gabriel Lozano, economista jefe de JPMorgan para México y Centroamérica, cifra por su parte en medio punto porcentual el lastre del shock petrolero sobre el PIB mexicano.

La recuperación de la producción petrolera es, precisamente, una de las grandes banderas económicas de López Obrador. También la renovación de las refinerías existentes y la puesta en marcha de otra más en los tres próximos años. Estas medidas permitirían, según ha desgranado este lunes el presidente electo, reducir el precio de la gasolina y el gasóleo en la segunda mitad de su sexenio -tras la fuerte subida de los dos últimos años- al revertir la dependencia actual con EE UU. Algunos especialistas han puesto en tela de juicio sus cálculos, que ven demasiado optimistas. Para la primera mitad de su mandado, López Obrador se ha comprometido a que el precio de los energéticos solo al ritmo de la inflación.

En el plano fiscal, el ya presidente electo se ha comprometido a no elevar los impuestos -e, incluso, a rebajarlos en la frontera norte, como medida para ganar competitividad- y a financiar el mayor gasto social con una reducción del gasto corriente. También a llevar la inversión del 2% actual a un nivel cercano al 5% para que, conjuntamente con la inversión privada, se llegue al 25% del PIB. Buena parte de esa nueva inversión irá destinada a la dotación de nuevas infraestructuras en el sur del país, donde se encuentran los Estados más rezagados.

Ante el reto de sacar de la pobreza a los más de 50 millones de mexicanos que aún se encuentran por debajo de ese umbral y de fortalecer el prometedor mercado interno, López Obrador se ha comprometido a elevar el salario mínimo de los 88 pesos actuales (poco más de cuatro dólares, uno de los más bajos de América Latina) a 171 en 2024, cuando deje la presidencia. “Los pobres, primero”, deslizó en su primer mensaje público tras ganar las elecciones. Toda una declaración de intenciones para un sexenio que está a punto de echar a andar.

Fuente: ELPAIS.COM