Sin Límite…  |

Alberto González Martínez   |

* ¡Ya se espantaron!

Viajaron eufóricos, muy echados para adelante. Muy orondos, no cabían en su calzón cuando subieron las escalinatas de los respectivos aviones que abordaron para trasladarse a la Ciudad de México.

Otros, los más ostentosos, viajaron por carretera. Tuvieron cuidado de llevar la mejor camioneta, el mejor automóvil, el más brillante, el más nuevo, el más lujoso. La ocasión lo ameritaba: iban al encuentro con el líder opositor más grande de todos los tiempos: Andrés Manuel López Obrador.

Y allá los recibió, los abrazó, les palmeó la espalda, les apretó la mano, los animó y hasta les sonrió.

Todo era bullicio, felicidad en su máxima expresión. La chiapanecada allá se encontró y los abrazos estruendosos pronto inundaron el salón que hasta resultó insuficiente para albergar a gobernadores, senadores, diputados y presidentes municipales recién electos luego de la avalancha provocada por San Andrés Manuel, el santón de cientos de engañifas que se creen listos.

Fiel a su estilo, siempre cauto en su actuar y en su decir, López Obrador los dejó que se fundieran en abrazos, que disfrutaran ese momento histórico, memorable.

Los dejó ser. Como actúa un buen Maestro en su salón de clases: permite que sus alumnos se suelten, que se muestren como verdaderamente son, que agarren confianza, pues.

Y ya después del gran rebumbio, cuando consideró que los que cargarán con la enorme responsabilidad de concretar la cuarta transformación de la República estaban listos para escuchar su mensaje, se acercó al micrófono para decirles:

“Les pido no hacer política con el viejo molde de la política tradicional. Ese molde se rompió, se hizo pedazos el primero de julio…”

Sus palabras entusiasmaron al auditorio. Una andanada de aplausos estremeció el recinto y Andrés Manuel hizo una respetuosa pausa para la liberación de energías.

Al ver que sus escuchas estaban sumamente emocionados, enardecidos por ser los elegidos para empujar el cambio verdadero que nuestro país reclama, López Obrador se empleó a fondo:

“¡Nada de politiquería! ¡La gente ya no quiere a los políticos corruptos, prepotentes, fantoches, falsos, mentirosos, que no quieren al pueblo…!”

Y, de inmediato, la advertencia:

“Les pido tener muy presente eso. ¡No vayan a salir con sus tonterías! Porque la gente se los va a reprochar. No estén pensando que es el pueblo sumiso, callado, el pueblo manipulado de antes. ¡No se equivoquen! ¡Es un pueblo muy politizado! ¡Ya lo demostró el primero de julio!”

Algunas caras largas empezaron a aparecer entre la concurrencia. Con manzanitas, Andrés Manuel les explicó cuál debe ser la conducta de los representantes populares de ahora en adelante.

Pero no hubo contemplaciones. Ni apapachos. Con firmeza y claridad, López Obrador fue desgranando una serie de recomendaciones. Los más vivos, grabaron todo el mensaje y júrelo que lo verán y escucharán todos los días si así fuera necesario.

Los de lento aprendizaje, estaban aterrados. Muchos así regresaron.

Porque ellos pensaban que era puro cuento lo de la lucha frontal contra la corrupción. Un montón de los invitados ya tenían el cejo fruncido cuando Andrés Manuel les dijo que tendrán que pregonar con el ejemplo, que sus salarios serán reducidos a la mitad porque se tiene que cumplir uno de tantos compromisos de campaña: no puede haber gobierno rico con pueblo pobre.

Y como si alguien le hubiera chismeado cuanto acontece aquí en la aldea chiapaneca, les dijo con especial énfasis:

“Nada de que ya el Presidente Municipal se compró un carro nuevo. Nada de que ya el Presidente Municipal se la pasa en festejos y no trabaja. Nada de que ya el Presidente Municipal se volvió prepotente, ya no es el mismo que conocimos, el mismo que nos vino a ver cuando quería el voto…”

Retrató de cuerpo entero a un buen número de los asistentes y por eso muchos volteaban a ver, en un vano intento por descubrir quién había sido el rajón que ya los había quemado con el máximo líder de Morena.

Y para los próximos legisladores también llevaba parque:

“Nada de que ya el diputado hasta se viste de otra manera, ya se engomina el pelo…

Y la concurrencia estalló en risas y aplausos estruendosos que interrumpieron al orador estelar que ya se había encarrerado.

Viejo zorro, con un olfato inigualable, remató:

“¡Nada de corrupción! El que se eche a perder, se acaba… perjudica a sus familiares, mancha a su familia, afecta al Movimiento, afecta al país y traiciona a la Patria”.

Para los gobernadores, también llevaba:

“Vamos a actuar con austeridad republicana. Esta será la cuarta transformación: que se acabe, por completo, la corrupción. Y el ejemplo lo tenemos que dar nosotros, los que vamos a tener una responsabilidad”

Sin miramientos, soltó un dardo a los futuros gobernadores y alcaldes:

“Aun cuando se va a respetar la autonomía, la independencia, la soberanía de los estados y los municipios, vamos a estar pendientes y vamos a condenar todo acto de corrupción…

Un atronador aplauso estremeció nuevamente el inmueble y las porras y los alaridos subieron de tono.

Segundos después, Andrés Manuel puntualizó:

“Sea quien sea: compañeros de lucha, amigos íntimos, familiares. Repito: ¡la Patria es primero!

Así que, *sobre aviso no podrá haber engaño…*

La patria es primero