• El presidente recupera su técnica de chantaje en inmigración que apenas le ha dado resultados

Joan Faus
JOAN FAUS
Washington, EU., 30 JUL 2018.- Donald Trump vuelve a su táctica favorita aunque casi nunca le haya funcionado: chantajear a la oposición demócrata para lograr la aprobación de políticas de mano dura en inmigración. El presidente estadounidense aseguró este domingo que estaría dispuesto a forzar un cierre presupuestario del Gobierno federal, el próximo 1 de octubre, si los demócratas no aprueban la construcción de un muro fronterizo con México y otras medidas de restricción de la inmigración legal e irregular. Los republicanos tienen mayoría en el Senado pero necesitan el apoyo de al menos nueve demócratas para aprobar leyes presupuestarias, lo que enfurece sobremanera a Trump. Un cierre de la Administración implica que no hay fondos para los servicios no esenciales y muchos funcionarios dejan de trabajar.
“Estaría dispuesto a cerrar el Gobierno si los demócratas no nos dan los votos para seguridad fronteriza, lo que incluye el muro”, escribió en Twitter desde su club de golf de Nueva Jersey, donde pasa el fin de semana. El mandatario reclamó de nuevo que las autoridades puedan detener más tiempo a inmigrantes indocumentados aunque los límites actuales los marcó la Justicia y también derogar el sistema de sorteo de determinados visados para avanzar hacia un modelo meritocrático. “Necesitamos que grandes personas vengan a nuestro país”. Tras un sábado de sorprendente silencio, Trump volvió el domingo a la carga en la red social con una retahíla de mensajes incendiarios, entre ellos reiterando su calificación de los medios de comunicación como “el enemigo del pueblo”.
El tuit propició una suerte de déjà vu. “Nuestro país necesita un buen shutdown para arreglar este lío”, escribió Trump en Twitter en mayo de 2017. “Si no cambiamos la legislación, si no acabamos con los resquicios por los que se permite a los asesinos entrar al país y seguir matando […], si no lo cambiamos, entonces tengamos un cierre”, dijo en febrero de este año en un acto sobre la Mara Salvatrucha.
En ambas ocasiones, los demócratas rechazaron financiar el muro y Trump acabó cediendo al firmar una extensión de los fondos federales. Sí hubo en enero un breve shutdown de tres días coincidiendo con el primer aniversario de la toma de posesión del presidente. Entonces, lo propiciaron los demócratas después de que Trump y los republicanos trataran de usar como arma de negociación el futuro legal de los dreamers, los inmigrantes indocumentados que llegaron de niños a EE UU. La crisis se salvó con un acuerdo entre ambos partidos que dejaba de lado la situación de ese colectivo.
Con su amenaza de un cierre de Gobierno, Trump vuelve a sus instintos más rupturistas y desoye a la cúpula conservadora del Congreso que apuesta por una extensión de fondos exenta de polémicas. El mandatario atiza de nuevo el discurso antimigración con el objetivo de contentar a su base más escorada y evidencia su frustración por incumplir su promesa electoral de levantar un muro con México que entonces afirmaba que pagaría el país vecino. Pero la jugada puede ser muy arriesgada porque un hipotético shutdown cuando termine el año fiscal, el 30 de septiembre, tendría lugar apenas cinco semanas antes de las elecciones legislativas que decidirán si los republicanos mantienen el control de las dos Cámaras del Congreso y serán un claro examen al presidente.
Trump ha pedido 25.000 millones de dólares al Congreso para levantar un muro a lo largo de toda la frontera con México que complete los tramos actuales con barrera. El muro se convirtió en emblema electoral de la demonización de Trump con la inmigración irregular. Sin embargo, todo lo que ha conseguido el mandatario son 1.600 millones en el último presupuesto para renovar barreras actuales pero no para construir nuevas. La obsesión del republicano es mostrar avances a sus votantes en su cruzada contra la inmigración. Ya lo intentó en mayo con su política de separación de padres e hijos indocumentados en la frontera pero en junio tuvo que derogarla tras desatar una polémica mayúscula, incluso entre las filas conservadoras.
Fuente: ELPAIS.COM