Juan Bustillos   |

Sólo para iniciados   |

10 de agosto de 2018   |

Aceptó las tareas más ingratas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador: Encabezar la batalla casi imposible de ganar, la de devolver la seguridad perdida a los mexicanos

 Conozco a Alfonso Durazo desde los tiempos de Luis Donaldo Colosio y lo he visto lidiar con temas terribles, como el asesinato de su jefe cuando era secretario particular del candidato presidencial del PRI, o con la difusión, como secretario particular de Vicente Fox, de la carta sobre las ambiciones presidenciales de Marta Sahagún.

 Fueron momentos dolorosos que a otros habrían destruido; salió avante con entereza ejemplar, pese a que en ambas tuvo encima los ojos presidenciales.

 Creí que nunca más estaría en tormentas semejantes; me equivoqué. Aceptó las tareas más ingratas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador: Encabezar la batalla casi imposible de ganar, la de devolver la seguridad perdida a los mexicanos, y operar la estrategia clave para pacificar al país consiste en convencer a miles de víctimas de perdonar a sus victimarios, es decir, poner la otra mejilla para recibir un nuevo golpe.

 En el segundo de los foros convocados por Andrés Manuel, Alfonso dijo ayer que sería “más provechoso” para la sociedad indultar a los delincuentes que castigarlos”.

La verdad, la premisa es un tanto difícil de entender.

“El perdón es un proceso personalísimo que tiene que ver con la paz interior de las personas, de las víctimas, para poder sacar y seguir adelante con sus vidas, pero sin olvidar lo ocurrido y, sobre todo, con la certeza de que ese eventual perdón no se va a traducir, jamás, en un acto de impunidad por parte del Estado mexicano”.

He aquí la gran contradicción: ¿Cómo podría ser más provechoso para la sociedad indultar a los delincuentes que castigarlos?

 Como discurso de campaña puede entenderse, pero ¿cómo esperar que los padres de un joven secuestrado y asesinado perdonen a los criminales, aunque no olviden lo ocurrido? ¿Cómo convencer a una mujer violada que viva con su dolor y que, además de no olvidar, perdone a su agresor? ¿Cómo solicitar perdón para quienes mantienen a los familiares de los miles de desaparecidos con la esperanza vana de que, un día, sus parientes regresarán a casa?

 El próximo 26 de septiembre podría recibir a los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa y pedirles que perdonen a quienes desaparecieron a sus hijos o los incineraron en el basurero de Cocula, Guerrero.

 Ignoro si se concreta a seguir la corriente a su jefe o Alfonso esté convencido o en él tenga origen la idea del perdón sin olvido; como sea, sin temor al costo político inherente a las aspiraciones que, sin duda, alberga, pregona la estrategia nacida, dos siglos atrás, en un montecillo de Judea.

 Ha dicho, con convicción, que las víctimas “tienen que aportar la cuota más alta, el sacrificio más alto en este proceso de reconciliación nacional, pero trabajaremos con ellos y ojalá podamos lograr sintonizar posiciones… para encontrar juntos la ruta para la pacificación”.

En el primer intento no hubo sintonía. Las reacciones a esta innovadora estrategia para pacificar al país fueron de rechazo automático; en Ciudad Juárez escucharon la respuesta de las víctimas el presidente electo López Obrador y quien será su secretario de Seguridad Pública.

 No puede ser de otra manera. ¿Cómo perdonar a secuestradores, violadores, asesinos y narcos envenenadores de niños y jóvenes?

 ¿Cómo pedir a las víctimas aportar una cuota más de sacrificio perdonando a sus victimarios?

 Ni siquiera en el púlpito se escucha bien porque la Biblia lo dice con claridad: “Ojo por ojo, diente por diente”, o, lo que es lo mismo, la “Ley del Talión”. Se escucha primitivo, pero significa que el castigo debe ser, si no idéntico, similar.

 No se trata de secuestrar, asesinar y violar a secuestradores, asesinos y violadores, sino de aplicarles la ley, algo a lo que, el primer día de diciembre, el presidente López Obrador se comprometerá con la mano extendida ante el Congreso de la Unión. Amnistiarlos sería “provechoso”, pero ilegal.

 Las víctimas (que no sólo son los secuestrados, asesinados, desaparecidos, violados, etcétera, sino también sus familiares) podrán perdonar en su fuero interno y de acuerdo a sus convicciones religiosas y sentimientos, pero no se les puede pedir hacerlo con la esperanza de que sus victimarios, al escucharlos, se conduelan, se arrepientan de sus actos y regresen a la buena senda, y, en consecuencia, ocurra el milagro de la pacificación del país.

 Sólo Jesucristo pidió en la cruz, a su padre, perdonar a quienes lo crucificaron; es probable que María, su madre, y sus apóstoles perdonaran, pero la víctima era Dios y los demás encabezan el santoral católico; el resto somos humanos comunes y corrientes que, quizás, salvo algunas excepciones acudiríamos a la Ley del Talión en busca de venganza, pero difícilmente la nueva estrategia de perdón sin olvido encontrará eco entre las víctimas.

 Desde luego, nadie pide a Alfonso retomar el discurso salvaje de Jaime “El Bronco” Rodríguez o actuar al margen de la ley y convertirse en una especie de ángel vengador que haga justicia a quienes lloran por sus desaparecidos, sus muertos o mujeres y niños vejados; simplemente se le pide garantizar a los mexicanos que podamos salir a la calle con la seguridad de que regresaremos a casa.

 Si perdonar a los victimarios fuera la receta milagrosa no tengo duda de que tal vez las víctimas accederían a otorgar perdón, pero creo no equivocarme al asegurar que si esto ocurriera, los criminales sólo reirían a carcajadas de la autoridad y de quienes los perdonen, con el agravante de que se envalentonarían aún más al encontrar que a su salvajismo se responde con sermones del Nuevo Testamento.

 Si esta estrategia funcionara, hace siglos que el mundo sería un paraíso, pero no ocurrió, a pesar del Sermón de la Montaña que cambió el “ojo por ojo” por “ama a tu enemigo”.

Insisto, Durazo tiene la tarea más ingrata del próximo gobierno; si tiene éxito (y lo tendrá, porque su pragmatismo está por encima de fórmulas religiosas), su carrera podría no tendrá límite.

 IMPACTOS: En este espacio adelantamos, el pasado viernes 3 de agosto, que el Presidente Peña Nieto enviaría al Congreso la iniciativa de separar a Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación, como acordó ayer con el presidente electo. Así que Miguel Osorio Chong, que las unificó, tendrá que votar, en el Senado, a favor o en contra.

Fuente: impacto.mx/opinion/durazo-el-sermon-de-la-montana-y-la-ley-del-talion/