Tal cual   |
Ángel Verdugo  |

17 de Agosto de 2018   |

Hace tiempo (22 de enero/2015), The Economist publicó un artículo (The Mexican morass: El mexicano confundido) donde, con una frase (A president who doesn’t get that he doesn’t get it), la cual fue reducida entre nosotros a No entiende que no entiende, pretendían sus editores describir lo que veían ya como una gobernación errática.

La frase fue popular unos meses y al surgir temas más atractivos periodísticamente hablando, fue poco a poco dejada en el olvido. Hoy, dado lo que vemos de López y su círculo más cercano, podría sernos de gran utilidad para describir, con esa frase, la gran tragedia que es ese equipo, particularmente el que lo encabeza.

Difícilmente podríamos encontrar hoy, una mejor para describir a un grupo de bisoños jugando a la gobernación; nada de modestia, y mucho menos de la elemental autocrítica que llevare de ellos, a no pocos, a reconocer y aceptar no únicamente su inexperiencia en la gobernación, sino la falta de las capacidades y conocimientos especializados para la difícil tarea que será la gobernación en los próximos seis años.

Cada día que pasa la sorpresa original se ha vuelto preocupación; las ocurrencias de López, cada vez más descabelladas y sin análisis alguno salvo la voluntad y soberbia de él mismo por encima de toda consideración, se imponen atropellando toda racionalidad, sea ésta de carácter técnico, económico y/o financiero.

La decena de miles de millones de pesos es hoy la unidad de medida con la cual se identifica y valora cada ocurrencia y todo desatino; poco importa que la salud de las finanzas públicas aconseje la ruta opuesta, la de la mesura y la austeridad pues para ellos, más decenas de miles de millones de pesos significa un mejor proyecto.

En los tiempos que corren, los espacios mediáticos tratan con una seriedad hipócrita las más costosas y fantasiosas de las ocurrencias; le agregan espectacularidad y amarillismo a lo que todo el mundo sabe es un sueño de opio. En ciertos casos se aduce el elemento periodístico como soporte, pero en otros, es evidente el interés puro y simple de pretender quedar bien con el nuevo Sol Rojo que ya despunta en el horizonte al cual, no hace mucho criticaban con acidez.

Hoy pues, cada aparición de López (en las escaleras que asemejan —en Versión Conasupo— la montaña de la cual bajó Moisés con las Tablas de la Ley), parece ser la de un mal conductor que nos hace recordar a Raúl Velazco quien, con varias tarjetas que maneja con desparpajo y desorden junto con las ya conocidas dificultades para leer, fluyen los nombres y cargos en ellas escritos.

Si bien no lo dice, pero lo intuimos, sabemos que mañana, aún habrá más; más ocurrencias de magnitudes impensables de un equipo que todavía hoy, no tiene la información completa y veraz de la salud de las finanzas públicas.

Al tiempo que vemos estos desfiguros sin la crítica responsable que desnudaría este actuar frívolo y peligroso para la estabilidad económica y política, nuevos focos de tensión surgen que elevan el nivel de volatilidad e incertidumbre política que, dada la región donde se ubican aquéllos, de no privar la cordura y la mesura en dichos y hechos, el conflicto podría pasar a lo militar.

Mientras eso sucede en regiones lejanas, pero cercanas en lo económico, aquí nos regodeamos y festejamos las ocurrencias de López y los suyos, y disfrutamos la chacota que aquéllas alimentan.

¿Qué gobernación esperar entonces, de parte de López? ¿La peor? Todo así lo deja ver.