Salvador García Soto  |

Serpientes y escaleras  |

13 de septiembre de 2018  |

Conforme se acerca el fin de sexenio, se ve cada vez más difícil que el presidente Enrique Peña Nieto pueda garantizarle a su colaboradora Rosario Robles, la tranquilidad que le ofrecía en abril de 2013 cuando arreciaban denuncias contra la entonces secretaria de Desarrollo Social por supuestos desvíos de programas sociales con fines electorales: “Yo le decía, como bien le ha dicho el presidente Lula da Silva, Rosario no te preocupes, hay que aguantar, porque han empezado las críticas, las descalificaciones de aquellos a quienes ocupan y preocupan las elecciones”.

Cinco años y medio después, con un Peña debilitado y en el ocaso de su poder y un ex presidente Lula da Silva preso por corrupción en Brasil y obligado a renunciar a su candidatura presidencial, la actual secretaria de Desarrollo Territorial y Urbano nuevamente es blanco de señalamientos por presuntos desvíos por 700 mdp que, según la Auditoría Superior de la Federación fueron sacados de la Sedesol y la Sedatu para ser otorgados, en efectivo, en contratos de servicio a “empresas fantasma”.

La oposición en el Congreso, especialmente de la mayoría de Morena y los panistas, piden “investigarla y que no haya impunidad”, y Rosario –a quien ya no defiende un presidente más preocupado en cuidar su propia salida– empieza a preocuparse y se defiende ella misma asegurando que se siente “tranquila y sin nada qué temer” ante los señalamientos de la ASF a las dos dependencias que encabezó este sexenio: “Mi trabajo lo acredita, mis ingresos lo acreditan, también mis bienes que son públicos y puedo estar absolutamente tranquila de que los convenios se realizaron, y si alguien en la Sedesol o la Sedatu hizo un mal uso de los recursos, que se proceda conforme a la ley”, sostiene la secretaria.

 Después de aquella defensa presidencial en 2013, si bien nunca se le acusó directamente a ella en ninguna denuncia concreta en la PGR o la Función Pública, a Rosario no han dejado de mencionarla en irregularidades y desvíos, tanto en la llamada “Estafa Maestra”, por hasta 2,300 mdp en contratos otorgados a universidades públicas que subcontrataban a empresas “fantasma”, como ahora en esta nueva investigación de la auditoría sobre pagos en efectivo a organismos públicos de radio y tv de varios estados por 700 mdp.

 Cada que su nombre vuelve a ligarse a irregularidades detectadas por la Auditoría Superior, Robles repite su misma defensa: “Que me muestren dónde firmé contratos o asignaciones irregulares”. Y ahora, ante amenazas directas de diputados y senadores como Mario Delgado o Ricardo Monreal, líderes de la mayoría de Morena en ambas cámaras, la titular de Sedatu será llamada a comparecer en estos días por la Glosa del Informe presidencial, y vuelve a retar a los que la acusan: “Que me investiguen si quieren hasta por debajo de las piedras”, mientras se jura “tranquila” ante la llegada del nuevo gobierno de López Obrador.

 En su descargo muestra documentos de un convenio firmado con el Sistema Hidalguense de Radio y TV y sostiene que “hay facturas que avalan el pago”. Y de nueva cuenta, como lo ha hecho en otros escándalos como la “Estada Maestra”, la ex Jefa de Gobierno del DF dice que aunque ella es responsable como titular de las políticas de las dependencias que encabeza, “hay órganos ejecutores en cada una de las áreas, por lo que se debe castigar con nombre y apellido”. Es decir, que Robles se defiende, pero acepta que si alguno de sus colaboradores –incluso ha llegado a mencionar el caso de su oficial mayor, Emilio Zebadúa– incurrió en irregularidades o desvíos, “que se les denuncie, se investigue y se castigue. Yo soy la primera que le ha exigido a la PGR que concluya las investigaciones para que se deslinden responsabilidades y se diga claramente si hay pruebas en mi contra”.

Hoy, en la agonía del sexenio, no hay duda de que Rosario Robles está en la mira de la nueva mayoría de Morena. Y sabe bien que a partir de ahora lo que no haga ella misma para defenderse ya no lo hará nadie, ni siquiera el presidente que hace rato dejó de garantizarle aquello del “No te preocupes, Rosario”.

NOTAS INDISCRETAS…Con nuevos nombramientos en el CEN priista, como los de Reyes Baeza secretario de Elecciones, Jorge Márquez en Operación Política y Miguel Castro en Vinculación Social, la dirigente Claudia Ruiz Massieu intenta una “renovación” en su partido. Pero lo que más llamó la atención ayer fue que en un izamiento de bandera en la explanada de la sede priista, apareció invitado Aurelio Nuño, el ex coordinador de la fallida campaña de Meade, en lo que algunos interpretaron como la confirmación de que a Nuño lo quieren meter a la Fundación Colosio que todavía preside José Murat. Eso si no se le rebelan a Claudia algunos priistas, porque la sola mención del nombre de Aurelio ya hace que priistas de la cúpula cuestionen su calidad de “ideólogo” y otros de plano amenacen: “No lo dejaremos pasar”… Al perder ayer definitivamente el registro, el presidente de Nueva Alianza, Luis Castro, alzó la voz en la sesión del INE para decir que su partido volverá en tres años, para la elección intermedia, porque sigue siendo una fuerza con presencia nacional y con registro en 18 estados del país. Se quejó el dirigente del extinto partido turquesa que el Tribunal Electoral federal “le quitó la voz a las minorías alternativas, a la pluralidad, a la diversidad y a quienes hemos luchado por la inclusión”. Y como despedida ante los consejeros del INE, Castro advirtió: “Nos veremos aquí, estaremos citados en el 21”. ¿Será que revive el turquesa?… Se agitan los dados. Capicúa.

Fuente: eluniversal.com.mx/columna/salvador-garcia-soto/nacion/no-te-preocupes-rosario