• También resultó evidente la incapacidad del PAN para aglutinar los recursos institucionales y humanos que durante 11 años hicieron posible la hegemonía de ese partido, como instrumento del morenovallismo.

Nueve meses después de la contienda del 1º de julio de 2018, Puebla sigue presa de los peores vicios de la política.

Y a menos de tres meses de las elecciones extraordinarias a gobernador, la entidad es evidencia de la crisis de los partidos en tiempos de la 4T, incluyendo al partido gobernante, Morena.

Hay algo más grave aún: Puebla y las inconformidades entre panistas y entre morenistas son síntomas del descarrilamiento de las reglas del juego en la disputa por la representación.

Por un lado, Marko Cortés, dirigente del PAN, enlutó por segunda vez a los panistas al postular a Enrique Cárdenas, opositor de los fallecidos Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle.

Y, Morena, la llamada esperanza de México, fue exhibida ayer por el Tribunal Electoral del Poder Judicial como un partido sin transparencia en la designación de sus candidatos, una estructura que viola los derechos políticos de sus militantes a plena luz del día.

Vayamos a la retrospectiva de esta historia que muestra que el partido en el poder no es más que un reciclado producto del sistema de partidos que su fundador, el presidente López Obrador, llama “la mafia del poder”.

En julio de 2018, Morena acompañó a su candidato a gobernador, Miguel Barbosa, en la solicitud de que se anulara la elección ganada por Alonso.

Pero el 8 de diciembre, el Tribunal Electoral ratificó el triunfo de la panista, con el voto decisivo de la magistrada Janine Otálora.

Esa resolución no fue del agrado del Presidente de la República, quien rompió la tradición de enviar a un representante al acto de toma de protesta de la gobernadora, el 14 de diciembre.

Con ese telón de fondo, 10 días después, sucedió la muerte trágica de Martha Erika Alonso y de su esposo, el exgobernador y senador Moreno Valle.

Por eso, los servicios funerarios del 25 de diciembre, con la representante presidencial, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, visibilizaron el encono entre el gobierno federal y los panistas.

Los gritos del “¡Fuera, fuera, asesinos!” de esa tarde navideña marcaron la gubernatura interina.

Porque pese a la promesa de la titular de la Segob de que ese cargo recaería en el PAN, el nombramiento fue para el expriista Guillermo Pacheco, afín al exsenador Barbosa.

A partir de ese momento, 21 de enero, quedó claro que, con el visto bueno presidencial, la Segob había sido desplazada del escenario poblano, quedando en manos de Morena y del excandidato a gobernador.

Pero también resultó evidente la incapacidad del PAN para aglutinar los recursos institucionales y humanos que durante 11 años hicieron posible la hegemonía de ese partido, como instrumento del morenovallismo.

Porque el peso de las fuerzas partidistas en México sigue dependiendo de sus líderes en el poder: sea el gobernador o el Presidente en turno.

Así que, el 23 de enero, en atención al nuevo poderío de Morena, derivado del poder presidencial, la incómoda magistrada Otálora, la del voto del desempate, fue relevada de la titularidad del Tribunal Electoral por Felipe Fuentes.

Como si Puebla fuera la prueba del ácido, con el voto de calidad del magistrado Fuentes, el Tribunal Electoral le dio ayer la razón al senador morenista Alejandro Armenta Mier ante el reclamo de haber sido avasallado por la presidenta de su partido, Yeidckol Polevnsky.

En una resolución que exhibe el ejercicio del dedazo en Morena, le ordenó a su dirigencia que, en un plazo de 48 horas, clarifique con qué criterios designó a Barbosa como candidato, pese a las mejores calificaciones que el inconforme obtuvo en la encuesta levantada por el partido.

Independientemente de los arreglos que se den en las próximas horas, Armenta Mier buscará que le repongan la candidatura que considera robada. Lo logre o no, con su denuncia de espionaje, persecución y hostigamiento por parte del actual secretario de gobierno de Puebla, Fernando Manzanilla, el senador con licencia ha dejado al descubierto los lastres de la partidocracia que carga Morena.

Porque el cuestionado secretario de gobierno, diputado federal del PES con licencia, y ahora operador político de Barbosa, fue uno de los principales colaboradores de Moreno Valle y señalado por la oposición como fontanero de la política electoral.

Así que, más allá de la suerte que corra Barbosa, Armenta ha documentado que, también en Morena, la representación política es sustituida por acuerdos cupulares con actores que sólo cambiaron de siglas y que siguen recurriendo a las mañas de lo que el presidente López Obrador llama “el viejo régimen”.

PD: Abrimos una pausa vacacional. Nos reencontramos el sábado 4 de mayo.