OPINIÓN  / Desde el Café  /  Bernardo Gutiérrez Parra  /  24 de Julio, 2019  /

Después de la masacre de Minatitlán el 19 de abril donde unos sicarios mataron a 13 personas que celebraban una fiesta, salió a relucir el nombre de un tal Jesús Tomás “N” alias “El Lagarto” como el principal sospechoso del múltiple asesinato.

A este sujeto lo detuvieron el 9 de mayo en Ciudad del Carmen acusado de narcomenudeo y lo sentenciaron a un año de prisión preventiva en el penal de Kobén de aquella ciudad.

Desde el momento de su detención, tanto Cuitláhuac García como el secretario de Gobierno Eric Cisneros, estuvieron jode y jode al Fiscal Jorge Winckler para que solicitara una orden de aprehensión contra el Lagarto como presunto responsable del multihomicidio. Y para que viera el fiscal que la cosa iba en serio, ambos se le fueron duro al acusarlo de complicidad con el bandido.

La Fiscalía de Veracruz hizo su indagatoria y el 16 de julio en conferencia de prensa, Jorge Winckler dijo que no existen evidencias que vinculen al sujeto como autor de la masacre.

Uta, no lo hubiera dicho.

Hecho un energúmeno Eric declaró: “Si el Lagarto llega a salir libre sin ninguna imputación porque la Fiscalía General del Estado sigue sin solicitar la orden de aprehensión en su contra, les digo a los veracruzanos que responsabilizo rotundamente al fiscal Jorge Winckler Ortiz de tal acción” y agregó que el delincuente era el autor intelectual del ataque en Minatitlán.

Para no quedarse atrás, Cuitláhuac volvió a tundir al fiscal al que acusó de ineptitud “porque hay pruebas” de que el Lagarto fue el autor de la masacre.

Como contestación Wickler les mandó unos citatorios para que declaren sobre el caso.

Y esto ya no le gustó a Cuitláhuac: “Es el descaro de utilizar políticamente la Fiscalía; pretende no sé si intimidarme o no sé qué. Sinceramente me dio lástima su oficio; me dio tristeza porque esa es la calidad de Fiscal que tenemos en Veracruz, que en lugar de estar atendiendo a la ciudadanía, está queriéndome enviar un oficio para citarme como testigo. Que lea la ley, le voy a recomendar que se la aprenda de memoria y que haga una planita así de artículo 365 del Código Penal, artículo 365 del Código Penal, que haga su planita”, dijo en tono de burla que nadie le festejó.

Lo que le está pidiendo el Fiscal es que si en efecto tiene pruebas, las presente para que ayuden a esclarecer los hechos y no ande nomás de bocón frente a los reporteros. Eso es todo.

Al burlarse de un citatorio judicial (que él dio pie a que se lo enviaran), Cuitláhuac saca a pasear otra vez a su soberbia, a su supina ignorancia, y manda al diablo la honestidad que dice poseer.

Como por ese lado ya no tiene remedio, lo que debería hacer para salir lo menos raspado que pueda del trance de ser gobernador, es controlar su lengua porque es un músculo que todos los días le juega muy malas pasadas y es desde ya un enemigo potencialmente peligroso.

Más que lástima por el oficio que le mandó la FGE, al gobernador debería preocuparle la lástima que le producen a la raza jarocha, los desfiguros verbales de los dos sujetos más importantes en el organigrama político de Veracruz. Y ninguno de ellos es el Fiscal Jorge Winckler.

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