El actual gobierno celebra los triunfos de un equipo de deportistas que se preparó y fue apoyado durante tres años y medio por el gobierno federal anterior y por los gobiernos estatales

OPINIÓN  |  CECILIA SOTO  |  13 de Agosto de 2019  |

 

La lección de los deportistas: no destruir lo que funciona

Inesperadamente, ciertos datos sí le gustaron al presidente López Obrador. A mí también me gustaron y a muchos millones de mexicanos. El número de medallas ganadas por la delegación mexicana en los Juegos Panamericanos de Lima, superó ampliamente la expectativa de la titular de Conade, Ana Gabriela Guevara, que esperaba 19 medallas de oro. Los deportistas mexicanos trajeron 37 medallas áureas y un tercer lugar en el medallero, con 136 en total. Llevado por su entusiasmo, el Presidente prometió un estímulo monetario por cada medalla de oro y una beca por un año a cada integrante de la delegación haya o no conseguido triunfos. El dinero para esos estímulos vendrá de la venta de la casa de Zhenli Ye Gon, subastada ayer en 102 millones de pesos.

Se trata de un esquema que sin duda será estimulante para los deportistas, pero que tiene dos problemas. En primer lugar, no se garantiza la sustentabilidad de esos estímulos, dado que dependen de la venta por una sola vez de una importante propiedad incautada. ¿Habrá todos los años ese monto de ingresos? Y si los hay, ¿será con la oportunidad que lo requieren los compromisos nacionales e internacionales de los deportistas? Pero más importante: se trata de un esquema después del triunfo de la delegación y lo que necesita el deporte es apoyo mediante becas y entrenamiento profesional antes de las competencias.

El actual gobierno celebra los triunfos de un equipo de deportistas que se preparó y fue apoyado durante  tres años y medio por el gobierno federal anterior y por los gobiernos estatales, apostándole a un proceso de selección en el que se aplicaron criterios de méritos y potencialidades, seguros en el caso de algunos deportistas consagrados, pero inseguros en la mayoría de los participantes. Con todo respeto, no hay riesgo alguno en premiar a los triunfadores y hay que hacerlo, pero el chiste es apoyarlos antes de saber que ganarán una medalla.

Este es un ejemplo nada trivial de política de Estado. Independientemente del gobierno en turno, apoyar a los deportistas nacionales inspira a la juventud, fortalece el orgullo nacional y disemina una cultura de salud y ejercicio entre la población. Cada gobierno podrá variar la política de apoyo al deporte y las cifras reivindicarán o no esa modalidad sexenal, pero los componentes de política de Estado: apoyar la formación de talentos desde abajo como una política masiva de salud pública, reclutar y apoyar a los talentos detectados y luego cuidar y acompañar el deporte de alto rendimiento, son componentes inevitables en una política pública exitosa. En este caso, el gobierno no sólo no aplica la política de “bola de demolición”, citada por mí en un artículo anterior, sino que ofrece más recursos.

Lo mismo puede decirse de la política de salud, que junto con educación, son ejemplo claro de políticas públicas de Estado. Cada nuevo gobierno podrá imponer ciertas modalidades y prioridades, pero ninguno podrá suspender la educación preescolar, primaria y secundaria obligatorias porque son una política de Estado, una obligación consagrada en la Constitución. En el caso de la salud, las medallas serán las cifras de cumplimiento (o no) con las metas comprometidas por México como Estado con los Objetivos del Milenio y ahora con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: descenso de la mortalidad materna e infantil, descenso de las muertes por enfermedades contagiosas evitables, descenso del número y virulencia de epidemias (de gripe, de dengue, de VIH, de Zika, etcétera), descenso de embarazos adolescentes, moderación o contención de la epidemia de obesidad, etcétera, sumado todo en una estadística clave: ¿aumentó, se estancó o disminuyó la esperanza de vida de los mexicanos? Y si aumentó o disminuyó, ¿lo hizo en todos los grupos etarios? ¿Lo hizo por causas atribuibles a políticas públicas de salud, como efecto de la mayor violencia criminal  que ha vivido México, como consecuencia de alguna catástrofe climática, tectónica o social? A partir de 2016 y hasta 2019, el presupuesto en salud rompió una tendencia claramente ascendente desde 2000, especialmente a partir de la implementación del Seguro Popular, y ha disminuido sensiblemente. Los debates sobre las reformas a la Ley de Salud y sobre el presupuesto necesario para iniciar la recuperación en este sector, no deben desconocer las “medallas” ganadas por políticas de Estado, no de gobierno, en materia de salud. No, la “negra noche del neoliberalismo” está bueno para título de novela, pero no para un diagnóstico serio y punto de partida para mejorar el bienestar de los mexicanos.

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Fuente: EXCELSIOR