OPINIÓN  |La inmaculada percepción  | Vianey Esquinca  |  18 de Agosto de 2019  |

Hay que comprenderlos, seguramente tienen miedo de hablar, y que desde la Presidencia les den un jalón de orejas

El hecho que la comunicación del gobierno federal gire en torno a la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador y sea a través de él como se informe y difundan las posturas de toda su administración, tiene varias ventajas como marcar línea, establecer agenda, difundir los mensajes a sus feligreses evitando los filtros mediáticos y garantizando que ninguno de sus colaboradores hable de más.

Pero también tiene graves desventajas. Una de ellas es que sus funcionarios pierden práctica a la hora de comunicar, cada vez que hablan o participan en un evento se ven oxidados, perdidos cuál perritos en Periférico. No tienen pericia para sortear las más elementales preguntas. Claro, hay que comprenderlos, seguramente tienen miedo de hablar, y que desde la Presidencia les den un jalón de orejas, no saben si el Presidente validará sus respuestas o al día siguiente los desmentirá públicamente.

El problema es que esto los lleva a cometer errores y se convierten en chimoltrufios, que como dicen una cosa, dicen otra. Los ejemplos más recientes los protagonizaron el secretario de Hacienda, Arturo Herrera; la titular de Conade, Ana Gabriela Guevara y la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, que, aunque en el estricto sentido no forma parte de su gabinete, parece que vive bajo las alas protectoras de López Obrador.

Una inoportuna fotografía en la que se veía salir a los exsecretarios de Hacienda —durante los terribles y apestosos gobiernos neoliberales—, José Antonio Meade y José Antonio González Anaya, de Palacio Nacional fue lo que provocó el traspié a Herrera. Después de negar que los había visto y decir que seguramente habían ido a hablar entre ellos, tuvo que reconocer que sí había desayunado con los exfuncionarios. Nadie le dijo al sucesor de Carlos Úrzua que no se debe mentir ¡sobre todo si hay evidencia y testigos! Y aunque trató de restarle importancia a ese encuentro, su mentira provocó sospecha. Pero ¿Qué necesidad? Diría el clásico.

Otra funcionaria que está viendo y no ve es la exmedallista olímpica. En su afán de congraciarse con el Presidente o de tratar de quitar los reflectores sobre las acusaciones de malos manejos que pesan sobre la Conade, se le ocurrió adjudicarse y adjudicarle al Presidente el histórico desempeño de los deportistas mexicanos en los Juegos Panamericanos. ¿López Obrador y el director de comunicación social Jesús Ramírez supieron lo que iba a decir Ana Gabriela Guevara? parece que no, porque seguramente le hubieran dicho: “No Ana, eso no puedes comunicar, tienes que darle el completo reconocimiento a los deportistas, no se te ocurra entregarle la medalla de oro al Presidente, no lo expongas a que lo acusen de oportunista”.

Y quien de plano no ve la suya es la jefa de Gobierno de la CDMX. En cada crisis que ha enfrentado se ha equivocado al comunicar. El último episodio lo protagonizaron Sheinbaum y su secretario de Seguridad Pública, Jesús Orta. Mientras éste último decía que los policías acusados de la violación de una joven continuaban trabajando de manera normal, la jefa de gobierno decía que no. “Claudia, la gente dice que tú y yo estamos locos, ¿qué tú y yo estamos locos Jesús? ¡Figúrate!”. En todo este caso ha demostrado poca sensibilidad y eficiencia para controlar la situación. La única habilidad que se le conoce hasta ahora, es la de encontrar un problema en cada solución. La gobernante debe entender que el Presidente no la podrá salvar siempre, tiene que echarle más ganitas.

Por todo eso, lo mejor sería preparar a sus funcionarios y confiar en ellos soltándoles tantito la cuerda. Así poco a poco se podrán ir enganchando en esta, de por sí difícil, función de comunicar.

Fuente: EXCELSIOR