OPINIÓN | Razones |  Jorge Fernández Menéndez | 09.12.2019 |

• El Presidente ha dicho, en algo que es a todas luces un error, que para ocupar cargos decidiría un 90 por ciento por la honestidad (y la cercanía) de un funcionario y un diez por ciento por la capacidad.

La terna presentada para ocupar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación la posición que dejó Eduardo Medina Mora con su renuncia, fue con mucho, la mejor de las tres enviadas este sexenio para ocupar vacantes en el tribunal superior de la República. Finalmente, la elegida fue Margarita Ríos Farjat, hasta la semana pasada directora del Sistema de Administración Tributaria (SAT), pero Ana Laura Magaloni y Diana Álvarez, eran también dos muy buenas postulantes para la SCJN. Las tres con una visión moderna del sistema judicial.

Ríos Farjat es, como se dijo, la que era mejor vista desde Palacio Nacional, tanto por su desempeño en el SAT, como por la relación que ha ido forjando en estos meses con el presidente López Obrador y su esposa Beatriz, además de la relación mucho más añeja con Alfonso Romo. Pero eso no demerita en nada su nombramiento, a diferencia de otros casos en los que la amistad ha sido mucho más importante que el conocimiento y la experiencia (ahí está el caso de Ángel Carrizales, que pasó de simple ayudante del Presidente a director de la Agencia de Seguridad Ambiental sin contar con la más mínima experiencia en el tema y pese a haber sido rechazado en cinco oportunidades por el Senado para cargos relacionados con el sector energético). No es el caso de Ríos Farjat, una profesional reconocida de tiempo atrás, que ha demostrado independencia y capacidad.
Sus críticos lo peor que pueden decir de ella es que es demasiado independiente, pero eso no está mal para trabajar en la Suprema Corte.

Tiene un perfil, además, que la hace interesante en el máximo tribunal: tiene amplia experiencia en temas financieros y fiscales, cuando muchos de los grandes delitos que se cometen actualmente están precisamente relacionados con esa actividad.

Por lo tanto, hay que congratularse de su designación. Sin embargo, los empresarios, que respetan a Ríos Farjat, están preocupados por quién la sucederá en el SAT.
Se habla de Rosalinda López Hernández, administradora general de Auditoría Fiscal del SAT, esposa del gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, y hermana del gobernador de Tabasco, Adán López Hernández. Su relación con el Presidente es muy estrecha, casi familiar, pero con los empresarios es sencillamente mala. Esa percepción la comparten muchos de los principales funcionarios del área financiera.

El Presidente ha dicho, en algo que es a todas luces un error, que para ocupar cargos decidiría un 90 por ciento por la honestidad (y la cercanía) de un funcionario y un diez por ciento por la capacidad. En este caso tendrá que decidir entre la amistad y la eficiencia. No es una decisión en absoluto menor o intrascendente.

 Evo en fuga

No terminaba de irse de México el fiscal general de los Estados Unidos, William Burr, y ya Evo Morales dejaba su privilegiado asilo político en México para volar a Cuba, supuestamente para hacerse estudios médicos (como si en México no hubiera medicina especializada). En realidad, es que Evo, con pedido de captura de la Interpol, sintió que su situación en México comenzaba a deteriorarse por el malestar que generó en Estados Unidos, no su asilo en México, sino por la forma en que fue recibido, alojado, elogiado y apapachado por las autoridades.

El gobierno federal acertó en otorgar asilo a Evo, pero se equivocó en muchas otras cosas.
La primera y principal al considerar su caída como un golpe de Estado. No lo fue y la OEA en su informe final sobre los comicios fraudulentos que provocaron la caída de Morales, ratifica que las elecciones no fueron legítimas, como lo no lo había sido ni siquiera su participación en esos comicios. Prácticamente, ninguna democracia del mundo calificó lo sucedido en Bolivia como un golpe de Estado. Quedamos en el mismo tren que Cuba, Nicaragua, Rusia y Venezuela, a ese bloque al que en estos días se sumará, a medias, Argentina, decidimos pertenecer.

Pero como en realidad pertenecemos a otro: al de América del Norte, junto con Estados Unidos y Canadá, la visita de Evo, terminó, luego de la visita de Burr, intempestivamente. Por cierto, viene la Asamblea General de la OEA, será interesante saber con quién nos alineamos.

 Fentanilo y OEA

Dos precisiones respecto a la columna del viernes, una obvia, un error de redacción: el puerto de Busan está en Corea del Sur no del Norte. La otra más de fondo: me informan exmandos de la Policía Federal que ellos comenzaron la investigación del fentanilo desde 2015, no desde 2017. Pero eso merece otra historia. La contaremos.

Fuente: EXCELSIOR