Los criminales no le han hecho caso a López-Gatell.

OPINIÓN | Guillermo Zamarripa | 25.04.2020 |

La semana pasada comenté del debate que se está dando en otros países entre salud y economía. La evidencia indica que frenar las economías ha sido más costoso de lo esperado. Hoy me voy a concentrar en dos casos en los que su actividad no pasó por el proceso de distanciamiento social. En uno, el mercado ya puso un freno y, en el otro, quien debe hacerlo no actúa.

El cierre de las economías es algo que ha resultado muy complejo de instrumentar en la práctica. Decidir qué mantener y qué cerrar no es sencillo. Si bien, hay actividades en la que es claro que se debe hacer, hay otras que no lo son.

Doy dos ejemplos en los que no es claro lo que se debe cerrar. En la industria manufacturera, las fábricas que son parte de una cadena de suministro de otros productos que sean esenciales se deberían mantener abiertas.

En esto es importante la coordinación para tener criterios razonables y homogéneos dentro del país y para las cadenas de valor internacionales, principalmente con Estados Unidos.

Se debe evitar que en un Estado se tenga el criterio de cerrar un tipo de fábrica y, en otros, no si se trata de proveedores que cumplen con ser parte de una cierta cadena de valor.

Para los establecimientos comerciales tenemos algo similar. Los que venden comida pueden vender todo lo que tienen en su tienda, pero los que tienen farmacia no pueden hacer lo mismo y están parcialmente cerrados.

Los casos anteriores se refieren a aplicación de criterio y a ser sensato. Pero hay segmentos que no están actuando en congruencia con la coyuntura.

El primero es el comportamiento de los países productores de petróleo. En los últimos meses hemos tenido el cierre escalonado de las principales economías del mundo, empezando por China y luego las principales economías de Europa y Estados Unidos.

Con estos cierres era lógico que la demanda de petróleo se caería de manera dramática. Por ejemplo, la demanda de la industria manufacturera y la relacionada con transporte y movilidad. Con menos pasajeros viajando en avión y menos gente usando su coche la demanda de turbosina y gasolina se colapsarían.

El comportamiento de Arabia Saudita en marzo y el posterior acuerdo de la OPEP+ parecía no congruente con el colapso de la demanda. El absurdo inicio de aumento en producción y luego racionalizar el mercado a niveles no consistentes con la realidad económica del COVID-19.

De manera súbita el mercado incorporó la información y el precio se ajustó de manera dramática.

El segundo es un hecho preocupante: la inseguridad. Buena parte de la actividad económica en México vive con distanciamiento social. Los criminales no le han hecho caso al doctor López-Gatell.

Es de llamar la atención cómo el número de homicidios no ha caído desde que muchos nos “quedamos en casa”. Los criminales siguen con sus disputas. Es un cinismo el que varios grupos criminales estén repartiendo despensas. El problema es que el gobierno no ha actuado en consecuencia.

Me preocupa mucho que en la coyuntura, la realidad nos está ubicando. Un gobierno que no vio venir lo del petróleo, que transmite que hay poca capacidad de análisis y flexibilidad para adaptarse modificando sus estrategias y que sigue sin aplicar la ley.

Con información de DINERO EN IMAGEN | dineroenimagen.com