OPINIÓN | Nudo gordiano |  Yuriria Sierra | 19.junio.2020 |

  • Diecisiete años han pasado de esas palabras escuchadas en cadena nacional, por todos, o casi por todos, porque, quien se presume el gran transformador sólo ha logrado ser víctima de su propia narrativa

Así que el Presidente de izquierda quiere desaparecer una de las instituciones más icónicas creadas por la izquierda mexicana. Aquí estamos, pues, sin máscaras. La polémica por un debate sobre el racismo terminó en un episodio que ejemplifica perfectamente las razones por las que es necesaria la diversidad de ideas. Andrés Manuel López Obrador, hoy más que nunca, despachando en Palacio Nacional, se asegura de no ser perdedor de ninguna batalla, al costo que sea.

Al momento en que escribo estas líneas, trasciende la renuncia de Mónica Maccise al frente del Conapred. Y ante esto no puedo más que aplaudir la decisión de quien, además de un currículo impecable, llegó al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación convencida del papel de la institución y de sus alcances. Tras el desdén que el Presidente hizo a esta pieza fundamental del Estado, no queda más que un acto de total dignidad. Ejemplos sobran para decirnos por qué urge un espejo en el que podamos mirarnos todos, ¿o de qué forma se construye una sociedad? ¿Cómo se enfocan las políticas públicas? ¿Cómo se protege a los más vulnerables, bandera de una 4T que da más tumbos que resultados? Ahí entra el Conapred, por esas razones fue creado por Gilberto Rincón Gallardo hace 17 años. Las palabras del excandidato presidencial han sido recordadas en los últimos dos días, también junto a aquellos momentos de desencuentro con López Obrador: “Decir ‘el cambio soy yo’ es lo más viejo que existe en la política mexicana. Sólo podremos lograrlo si evitamos que sólo un individuo decida por todos. El verdadero cambio está en acabar con las exclusiones, que nadie vuelva a dejar fuera a las minorías políticas (…) Qué peligroso para un país que en aras de un cambio se busque cancelar las posibilidades de las minorías. El futuro sólo podrá construirse con un cambio donde se respete el lugar de todos…”.

Diecisiete años han pasado de esas palabras escuchadas en cadena nacional, por todos, o casi por todos, porque, quien se presume el gran transformador sólo ha logrado ser víctima de su propia narrativa: “Claro que se tiene que combatir el racismo y se tiene que combatir la discriminación, pero no crear un organismo para cada demanda de justicia (…) Vamos a analizar a ver qué me dice la gente, pero esto no lo sabía el pueblo de México, porque todo esto pertenecía al pacto de silencio, o sea, que se sepa cuántos organismos, cómo dejaron al gobierno…”, sentenció ayer López Obrador al sugerir la desaparición del Conapred. Lo que inició con una polémica en redes, escaló porque le sirvió para alimentar su discurso de odio y división.

Andrés Manuel López Obrador es el ejemplo más claro del por qué son necesarios organismos que estudien y combatan la discriminación, porque acaso la violencia más pasiva, la que se disfraza de condescendencia, es la más común. Ya sabrá él si desaparece o no este consejo, será cosa suya y uno más de sus “legados”. Por lo pronto celebro que en México existan funcionarias y funcionarios de primera, que no necesitan la unción presidencial para demostrar de qué están hechos.

Con información de EXCELSIOR