OPINIÓN | Arsenal |  Francisco Garfias | 24.junio.2020 |

Andrés Manuel López Obrador ha sido un fenómeno de popularidad desde sus años de opositor. Ganó de calle las elecciones presidenciales la tercera vez que contendió.

Llegó a Palacio Nacional con 30 millones de votos y una aceptación de alrededor del 80%, según las encuestas de esa época.

Nada parecía afectarle. Ni los ataques de sus adversarios ni las críticas de los académicos ni sus acciones de rebeldía ni su lenguaje polarizante de pobres contra ricos.

En el imaginario popular era el Rayito de Esperanza, la “Honestidad Valiente”; el hombre que mandó al diablo a las instituciones.

El desafuero lo catapultó a las nubes; el ruido de las querellas legales que enfrentó en 2004-2005, como jefe de Gobierno, aumentó su popularidad.

Ni siquiera la prolongada ocupación de avenida Reforma para protestar por lo que consideró un “fraude electoral” lo afectó.

Ya como Presidente tiró a la basura la megaobra del NAIM. Más de 100 mil millones de pesos invertidos en lo que hoy es un cementerio de chatarra.

Nos dejó sin gasolina unos días por su guerra al huachicol y su popularidad siguió intacta.

La tragedia en el municipio hidalguense de Tlahuelilpan (137 fallecidos) tampoco le afectó.

Liberó, en octubre de 2019, al narcotraficante Ovidio Guzmán, que tenía amenazada la ciudad de Culiacán. La encuesta de Enkoll, en noviembre de ese año, le dio una aprobación de 72 por ciento.

Ese fenómeno lo llegaron a bautizar como el “efecto teflón” porque nada le pegaba.

 * Pero el poder desgasta cuando no hay resultados. En la 4T no los ha habido. Ni económicos ni de seguridad ni de empleo ni de salud.

En más de año y medio en Palacio Nacional, su gobierno no ha sabido lo que es crecimiento (palabra que quiere sacar del diccionario económico).

No le puede echar la culpa al covid-19. Antes de la pandemia, el crecimiento ya era negativo.

En materia de seguridad, otro tema muy sensible para los mexicanos, no sólo no ha dado resultados, sino que estamos peor que antes.

El promedio de asesinatos es de casi 100 al día en los 18 meses que lleva de gobierno. En total, ya son 53 mil 628, según cifras oficiales

Más que con Peña Nieto o Felipe Calderón en su primer año y medio de gobierno.

De salud mejor ni hablamos. Escasez de medicamentos para niños con cáncer, caos en la transición hacia el Insabi y lo peor: el manejo de la pandemia ya nos tiene en el podio mundial de la letalidad, que se mide por el número de contagios.

Somos terceros en el mundo (12.2%), detrás de Gran Bretaña (13.9%) y de Italia (14.5%), según el último reporte de la Universidad Johns Hopkins.

En mortalidad somos décimo novenos, con 17.90 por cada 100 mil habitantes.

Y ayer rompimos récord de contagios, con más de seis mil.

Es demasiado. El desgaste tenía que llegar. El índice de confianza está en uno de sus peores niveles.

El indicador de confianza del Inegi (ICC-ETCO) registró 31.1 puntos en mayo pasado. Un retroceso de 13.2 puntos en relación con el mismo mes del año pasado.

La confianza en mayo se vio afectada “por los valores bajos de la percepción sobre la posibilidad de consumo de bienes duraderos, así como la situación económica actual del país”.

 * Todas las encuestas, hasta las más amigables, lo tienen a la baja.

Enkol, que encabeza Heidi Osuna, le dio 44% de aprobación en mayo. Una pérdida de 28 puntos en relación a noviembre de 2019.

Consulta Mitofsky lo trae en su nivel más bajo desde que llegó a Palacio Nacional: 46.1 por ciento. Hasta El Financiero registra una caída de ocho puntos en su aprobación.

El mito se derrumba.

 * La Junta de Gobierno de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) se reunirá hoy para elegir al encargado(a) de despacho que sustituirá a la recién renunciada Mara Gómez.

Mara presentó ayer su renuncia ante el Senado, que es el órgano que la eligió.

La versión oficial es que los colectivos de víctimas pidieron su salida. La realidad es que al gobierno federal le faltó voluntad política y apoyo presupuestal para que la CEAV atienda a las miles de víctimas de la violencia.

Sabemos que algunos senadores la buscaron para platicar, pero Mara tiene claro que no están las condiciones para seguir adelante en la CEAV.

Con información de: EXCELSIOR